Bruno López, director general de Asturex: “Exportar requiere paciencia, constancia y músculo económico”

Sociedad de Promoción Exterior Principado de Asturias

Asturex, la Sociedad de Promoción Exterior del Principado de Asturias, cumple 20 años. Su director general, Bruno López, analiza la transformación exportadora de la región, los retos actuales del comercio internacional y las oportunidades que se abren para sectores estratégicos como el metal, el tecnológico o el agroalimentario

Bruno López, director general de Asturex
Bruno López, director general de Asturex | Asturex

En el año en que Asturex cumple su 20 aniversario, La Sociedad de Promoción Exterior del Principado de Asturias, hace balance de dos décadas impulsando la proyección internacional del tejido empresarial asturiano. Su director general, Bruno López, analiza la evolución exportadora de la región, los desafíos de un escenario global cada vez más incierto y las oportunidades que se abren para las pymes en un mercado marcado por la diversificación y la competitividad.

Asturex cumple 20 años. Si tuviera que definir en una frase qué ha supuesto este tiempo para la economía asturiana, ¿cuál sería?

Lo podría definir como que hemos vivido la auténtica ola internacionalizadora. Arrancamos en 2005, cuando sí había pioneros, empresas asturianas que ya estaban por el mundo, pero no era algo abierto a todo el tejido empresarial. Estaba muy focalizado en grandes exportadores. En estos 20 años hemos conseguido evangelizar el territorio, democratizar la exportación y la internacionalización. La transformación ha sido grande, en España y en todas las comunidades, incluida Asturias. Hoy gran parte del tejido empresarial asturiano ya tiene departamento internacional, exporta y conoce los mercados exteriores.

¿Qué factores han sido determinantes en esa transformación?

Nuestro apoyo es un granito de arena, pero hubo un factor clave: la gran crisis económica entre 2008 y 2011-12. Fue un empujón definitivo para buscar carga de trabajo fuera. No se hizo de la mejor manera, porque muchas empresas llegaban justas de recursos y la internacionalización requiere paciencia, constancia y músculo económico. Pero puso de relieve la importancia de tener mercados exteriores consolidados ante futuras crisis. Muchas compañías entendieron entonces que no se puede depender únicamente del mercado interno.

El gerente de Asturex, Bruno López
El gerente de Asturex, Bruno López | Asturex

Desde 2020 el contexto internacional ha sido muy complejo. ¿Cuáles son hoy los grandes retos?

Desde la pandemia hemos encadenado transformaciones muy rápidas: la paralización del comercio internacional con el COVID-19, la crisis de la cadena de suministros, las tensiones geopolíticas con la invasión de Rusia a Ucrania y, más recientemente, movimientos proteccionistas que han puesto el mundo patas arriba. Ahora hay una ola reaccionaria que cuestiona el comercio internacional. Sin embargo, está empíricamente probado que en España la globalización ha sido columna vertebral de nuestra economía. Hoy la internacionalización es más importante que nunca. No basta con un solo mercado, hay que diversificar y tener fichas en diferentes áreas del tablero. Eso requiere constancia, paciencia y músculo económico. Y, sobre todo, estrategia a medio y largo plazo.

¿Cómo valora el acuerdo como el de Mercosur?

Tenemos el deber de explotar todas las oportunidades que presenta, que son muchas. En el sector agrícola también habrá oportunidades para las empresas españolas. Sectores como el vino o el aceite de oliva, grandes buques insignia de la exportación española, viven principalmente de exportar. Es importante asegurar cláusulas de salvaguarda para evitar desequilibrios, pero un acuerdo de libre comercio es siempre beneficioso para España. Además, fija reglas de juego claras, algo fundamental frente a decisiones arancelarias unilaterales que generan inseguridad. En Asturias habrá posibilidades para sectores como el metal, el tecnológico y el agroalimentario. Incluso productos emblemáticos como la sidra pueden beneficiarse de la caída de barreras. Lo importante es anticiparse y prepararse bien para aprovechar esas ventanas de oportunidad.

¿El tamaño importa? ¿Sigue siendo una barrera la dimensión de una empresa para salir al exterior?

Diría que ya no tanto. El cambio tecnológico ha democratizado la exportación. Hoy es mucho menos costoso iniciarse que hace 20 años. Existen herramientas que permiten consolidar mercados sin desplazarse físicamente. Tenemos ejemplos de pequeñas empresas y startups con ventas exteriores consolidadas sin haber viajado. Ahora bien, sigue siendo importante el músculo financiero y contar con una estrategia sostenida en el tiempo. Lo habitual es que un mercado tarde dos o tres años en empezar a funcionar. Hay que asumir que los resultados no son inmediatos.

¿Cuáles son las barreras más frecuentes y los errores más habituales que cometen las empresas a la hora de exportar?

Algunas barreras están sobrevaloradas, como el idioma, cada vez más fácil de superar. Otras son menos visibles, como la reputación de marca. Muchas empresas salen al exterior pensando que su marca es conocida, pero a miles de kilómetros no la conoce nadie. Hay que ganarse la reputación desde cero y convencer a alguien de que compre tu producto en lugar de marcas que lleva consumiendo décadas. También existen barreras normativas o culturales, pero con apoyo se superan. La más difícil es el cambio de mentalidad: asumir que fuera empiezas de cero y que necesitas tiempo para crear categoría y generar demanda, especialmente en productos que en España son clásicos pero que fuera ni siquiera existen como categoría. La paciencia y la perseverancia son claves”.

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