España y Argentina: las huellas de un puente entre dos orillas

OPINIÓN

La emigración hizo de la distancia una parte de la vida familiar. Cartas, fotografías, apellidos y recuerdos mantuvieron vivo un vínculo que, décadas después, lleva a muchos descendientes a recorrer en sentido inverso el camino de sus antepasados

Inmigrantes europeos llegando al puerto de Buenos Aires (1904)
Inmigrantes europeos llegando al puerto de Buenos Aires (1904) | Fotografía de dominio público. Wikimedia Commons.

A lo largo de los años en las dársenas del puerto de Buenos Aires desembarcaron hombres, mujeres y familias que cruzaban el Atlántico desde España con su bagaje de ilusiones y la esperanza de comenzar una nueva vida en la Argentina.

Los registros conservados por el Archivo General de la Nación (Argentina) permiten dimensionar aquella llegada. La serie de Libros de entrada de pasajeros por vía marítima, producida por la Dirección Nacional de Migraciones, reúne 808 libros con más de cuatro millones de ingresos registrados a través del puerto de Buenos Aires entre 1882 y 1937. El conjunto forma parte del programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

La mayor parte de los arribos de la península procedían de Galicia, Asturias, Castilla, Andalucía, Cataluña, el País Vasco, entre otras zonas. Algunos tenían familiares o conocidos esperándolos; otros comenzaban prácticamente solos.

Para muchos, «hacer la América» significaba trabajar, ahorrar, ayudar a quienes habían quedado atrás y, quizá algún día, regresar.

Pero la partida no terminaba en el puerto. Del otro lado del océano quedaban padres, madres, hermanos, esposas, hijos, amigos y pueblos enteros. Las cartas, las fotografías y los envíos de dinero se convirtieron en formas de mantener los vínculos entre dos mundos separados por miles de kilómetros.

La Revista de Estudios Migratorios de la Universidad de Buenos Aires señala que la emigración tampoco fue solamente una experiencia masculina. Los estudios sobre las corrientes españolas hacia la Argentina muestran que, después de 1946, aumentó progresivamente la presencia de mujeres y niños, en buena medida vinculada a los procesos de reagrupación familiar

Una muestra del Museo de la Emigración Gallega en la Argentina, Cartas con morriña. Escrituras particulares de la emigración gallega, 1926-1969, reunió alrededor de cuarenta cartas enviadas entre emigrantes gallegos establecidos en Buenos Aires y sus familiares en Galicia. A lo largo de cinco décadas, esas páginas registraron esperanzas, deseos y noticias que cruzaban el océano. La correspondencia evidencia que la emigración no se cerraba con la instalación en el nuevo hogar, sino que era una vivencia sostenida por el lazo permanente con la patria de origen.

Las cartas que mantuvieron el vínculo

Una historia permite observar la emigración desde el suelo natal. Dolores Porto, que nunca había salido de Fornelos de Montes, en Pontevedra, mantuvo durante años una correspondencia con su hijo Manolo, emigrado a Mar del Plata. Las cartas y fotografías intercambiadas entre ambos fueron estudiadas por la historiadora María Liliana Da Orden (2010) en Una familia y un océano de por medio.

En esas páginas aparecen las dificultades de la vida cotidiana en la aldea, los rigores del invierno y, con el paso de los años, la soledad y los problemas propios de la vejez. También afloran las preocupaciones por el cuidado de Dolores y las responsabilidades que recaían sobre sus hijos, pese a la distancia.

La historia familiar revela así una dimensión menos visible de la emigración: las consecuencias de la separación para quienes permanecían en Galicia, entre la espera de noticias y la necesidad de afrontar una vida cotidiana que también cambiaba.

Con el tiempo, esas historias fueron transmitidas a los hijos y nietos nacidos en Argentina. Un pueblo, un apellido, una casa o una fotografía podían convertirse en las primeras referencias de una España que las nuevas generaciones no habían conocido directamente. La tierra de los abuelos adquiría así una presencia particular: era un territorio construido con relatos y recuerdos familiares.

Cuando el descendiente cruza el océano

Décadas después, algunos descendientes comenzaron a realizar el viaje en sentido contrario.Las razones de estos viajes fueron diversas. Hubo quienes viajaron para conocer el pueblo de sus antepasados, buscar familiares o reconstruir su genealogía. Otros lo hicieron por motivos laborales, académicos o económicos. Para algunos, además, la posibilidad de acceder a la nacionalidad española incorporó una dimensión jurídica a un vínculo que hasta entonces había sido fundamentalmente familiar.

No existe una única explicación para estos desplazamientos. En determinados casos aparece una motivación difícil de medir: transformar una historia recibida de los abuelos en una experiencia personal.

El nieto que durante años escuchó hablar de una aldea suele querer conocerla. El bisnieto que conservó una fotografía busca localizar la casa que aparece en ella. El apellido puede convertirse en una pista para reconstruir un recorrido migratorio.

En Argentina, el descendiente aprendió a pensar en España como la tierra de sus antepasados. Al llegar allí, puede ser percibido simplemente como argentino. No hay necesariamente una contradicción: tener antepasados en un país no significa haber vivido en su sociedad.

La identidad familiar puede mirar hacia España mientras la experiencia cotidiana, las costumbres y los recuerdos pertenecen a la Argentina.

Inmigrantes españoles comiendo en la cubierta antes de descender en el puerto de Buenos Aires.
Inmigrantes españoles comiendo en la cubierta antes de descender en el puerto de Buenos Aires. | Educ.ar / The New School (OLA) / León J. B. Lacroix, 1910, catálogo n.º 265.

El emigrante que vuelve

Distinta es la historia del emigrante que regresa: Manuel Rendo salió de Vigo rumbo a Buenos Aires en 1950, en un barco de carga. Regresó a Galicia en noviembre de 2008, casi sesenta años después. Había nacido en Ribeira y había emigrado siendo joven.

Para él, Galicia no era un lugar conocido a través de fotografías o relatos transmitidos por otras generaciones. Era una tierra que había conocido antes de partir.

El descendiente llega para conocer un sitio que forma parte de la memoria familiar; el emigrante vuelve a un lugar que forma parte de su propia memoria.

Entre la identidad familiar y la vida argentina

El encuentro con España también aparece en situaciones cotidianas, y el acento es una de ellas.

Un argentino puede comenzar una conversación en España y ser identificado como tal antes de explicar de dónde viene. También afloran diferencias en las palabras, en el humor, en los ritmos de conversación y en las referencias culturales.

Para alguien que creció escuchando historias familiares sobre España, ese contraste puede resultar significativo. Al llegar, el viajero descubre cuánto de su identidad se formó en otro lugar.

Puede sentirse vinculado a España por sus antepasados y a la Argentina por su propia experiencia. En esa tensión aparece, a veces, buena parte del significado de estos viajes.

La nacionalidad y la memoria

En las últimas décadas, la relación entre España y sus descendientes adquirió además una dimensión jurídica.

La legislación española estableció determinados supuestos para acceder a la nacionalidad. La Ley 20/2022, de Memoria Democrática, contempla, entre otros casos, a determinados nacidos fuera de España cuyo padre, madre, abuelo o abuela hubieran sido originariamente españoles y hubieran sufrido exilio en las circunstancias previstas por la ley. No se trata de una concesión automática para todos los nietos de españoles: existen supuestos, requisitos y procedimientos concretos.

En Argentina, el impacto de esta legislación ha sido considerable. Según datos del Gobierno español, hasta el 31 de julio de 2025 se habían registrado 366.579 solicitudes de nacionalidad española al amparo de la Ley de Memoria Democrática en Argentina. De ellas, 174.277 tenían aprobado el trámite y 61.499 ya constaban como inscritas.

Estas cifras muestran que la relación con España también tiene hoy una dimensión jurídica e institucional.

Lo que dicen las cifras

Las estadísticas permiten medir la magnitud de este vínculo, aunque las cifras deben interpretarse con cuidado. El Instituto Nacional de Estadística español registró 450.883 residentes en España nacidos en Argentina a comienzos de 2025.

Por otra parte, el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero registró 543.971 personas de nacionalidad española residentes en Argentina a 1 de enero de 2026. Argentina era entonces el país extranjero con mayor número de ciudadanos españoles registrados.

No se trata del mismo universo: la primera cifra mide lugar de nacimiento; la segunda, nacionalidad española. Una persona nacida en Argentina puede tener nacionalidad española, mientras que otra persona de nacionalidad española residente en Argentina puede haber nacido en España o en otro país.

Se contabilizaron además 3.202.002 españoles residentes en el extranjero a comienzos de 2026.

Las cifras permiten dimensionar la relación entre ambos países, pero no medir lo que sucede cuando alguien llega por primera vez al pueblo del que escuchó hablar durante toda su infancia.

Lo que las estadísticas no cuentan

Los archivos permiten reconstruir la historia de la emigración. Los registros de pasajeros muestran quiénes llegaron a la Argentina; las investigaciones académicas permiten estudiar las características de esas corrientes, y las cartas conservadas revelan cómo se mantuvieron los vínculos a pesar de la distancia. Hay, sin embargo, una parte que no aparece en ninguna de esas fuentes.

¿Qué significa España para cada descendiente? Puede ser la tierra de los abuelos, el lugar donde viven familiares, el país donde alguien encontró trabajo o la nacionalidad obtenida varias generaciones después de la emigración.

La memoria familiar tampoco permanece intacta. Conserva algunas historias, modifica otras y deja desaparecer detalles con el paso del tiempo

Por eso, cuando un descendiente llega finalmente al lugar del que tanto escuchó hablar, puede encontrarse con una realidad diferente. La casa quizá ya no existe. El paisaje cambió. Los familiares envejecieron o murieron. El pueblo siguió su propia historia.

A veces queda una iglesia, un camino, un apellido, una fotografía o una casa. Ese fragmento puede ser suficiente para darle una dimensión concreta a una historia que durante décadas había vivido únicamente en la memoria familiar.

España y Argentina no son solamente los extremos de una antigua ruta migratoria. Entre ambas sociedades se fue tejiendo una relación singular, marcada por decisiones, renuncias y nuevas posibilidades. Cada desplazamiento modificó el rumbo de quienes lo protagonizaron y abrió caminos inesperados para quienes vinieron después.Así, el Atlántico dejó de ser una mera frontera geográfica para convertirse en parte de una trama sutil que enlaza dos mundos y se enriquece con cada nueva experiencia.

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