Un idioma, mil latidos: Zürich late al ritmo del primer Festival de Teatro en Español
PURO TEATRO
Más que un festival, el Andrés Algar representa el nacimiento de un espacio cultural para la comunidad hispana, una respuesta a la necesidad de encontrar lugares de participación activa dentro de la vida cultural suiza
Bajo el lema “Un idioma, mil latidos”, la ciudad de Zürich se convirtió en el escenario de la primera edición del Festival de Teatro Amateur en Español Andrés Algar organizado por la Asociación Encántigo (Encántigo Verein), una iniciativa nacida con el propósito de dar voz, espacio y visibilidad a la comunidad hispanohablante en Suiza a través de las artes escénicas. Celebrado en dos fines de semana (17, 18 y 19 de abril, y 15, 16 y 17 de mayo) , el certamen reunió a compañías, artistas y público en torno a una programación diversa que confirmó la fuerza del teatro como herramienta de encuentro cultural, memoria colectiva e integración.
A ocho años de su creación, Encántigo Verein( Asociacion Encantigo) se consolida como una de las iniciativas culturales hispanohablantes más activas e integradoras en Suiza. La asociación acaba de celebrar en Zúrich la primera edición del Festival de Teatro Andrés Algar, un encuentro anual dedicado a las artes escénicas en lengua española que promueve la diversidad cultural, el intercambio artístico y la conexión entre comunidades a través del teatro. Nació a partir de la observación de la dinámica cultural, social y humana del territorio suizo, marcada por la multiculturalidad, los movimientos migratorios y la necesidad de generar espacios de encuentro y bienestar emocional. Desde sus inicios, la organización ha trabajado con la convicción de que el arte puede trascender lo material y convertirse en una herramienta capaz de fortalecer los vínculos sociales y acercar a personas de diferentes culturas, generaciones y experiencias. La idea inicial se transformó en un proyecto cultural multidisciplinario que integró distintas expresiones artísticas. De ese proceso surgieron iniciativas como Encántigo Son y posteriormente Encántigo Teatro, ampliando el alcance artístico y social de la propuesta. En noviembre de 2017, un grupo de artistas y colaboradores comenzó a reunirse en Zúrich con el objetivo de construir un proyecto colectivo basado en la participación voluntaria, el trabajo colaborativo y la sostenibilidad a largo plazo. Ese camino culminó con la creación formal de Encántigo Verein como asociación cultural. La misión de la organización es fomentar un espacio abierto, inclusivo y participativo donde el arte y la cultura funcionen como motores de transformación social. A través de la producción, gestión y promoción de diferentes manifestaciones artísticas, Encántigo busca enriquecer el panorama cultural, generar oportunidades de creación y empleo, impulsar el talento local y fortalecer el tejido artístico y comunitario.
Con una visión enfocada en convertirse en una referencia cultural en Suiza, Encántigo Verein apuesta por proyectos innovadores que integren creatividad, participación ciudadana e intercambio cultural. Su trabajo promueve la música, la danza y especialmente el teatro como espacios de integración y bienestar emocional. En el ámbito teatral, la asociación desarrolla proyectos que combinan textos clásicos y contemporáneos, además de propuestas originales e inclusivas que reflejan la diversidad cultural de la sociedad actual. Para Encántigo, el teatro no solo es una expresión artística sino también una herramienta de integración, innovación y transformación social capaz de generar impacto positivo en la comunidad. La reciente celebración del Festival de Teatro Andrés Algar representa un nuevo paso en la consolidación de Encántigo Verein como puente cultural entre la comunidad hispanohablante y la sociedad suiza, reafirmando su compromiso con un arte que conecta culturas y transforma realidades.
Más que un festival, el Andrés Algar representa el nacimiento de un espacio cultural para la comunidad hispana, una respuesta a la necesidad de encontrar lugares de participación activa dentro de la vida cultural suiza. Su visión pone en el centro a las personas, tanto a quienes comparten la lengua española como a quienes desean acercarse a ella a través de las historias, emociones y experiencias que el teatro hace posibles. En este sentido, el festival apuesta no por la competencia, sino por el intercambio entre culturas y el fortalecimiento del sentido de pertenencia mediante el arte. Con más de diez grupos teatrales y más de 60 artistas en escena, el festival ofreció propuestas para todos los públicos. Desde la improvisación interactiva de Dodecaedro hasta las representaciones de Fusión Sur, Telaraña, Dalang & Co, Canto Rodao y el grupo anfitrión Encántigo Teatro, el evento destacó por su variedad y calidad artística. Especial emoción despertó la participación del grupo Tablas, fundado por el fallecido Andrés Algar, cuya obra El Inconveniente inauguró el festival, aunque él no alcanzó a verla estrenada. El teatro infantil también tuvo un lugar destacado gracias a artistas como Leticia Ceres, Daniela Alvarado y Frida León, que conquistaron a pequeños y adultos por igual.
La cita contó además con la participación especial del grupo gallego Dar Trela y con un enriquecedor taller impartido por Leonardo Ponce, donde los artistas pudieron intercambiar experiencias y crear nuevas redes de colaboración. El cierre estuvo a cargo del grupo musical Joricamba, que puso el broche final con un repertorio de raíces tradicionales. El éxito de público y organización ha sido tal que, antes incluso de bajar definitivamente el telón, ya se trabaja en una segunda edición que promete seguir haciendo del teatro un puente vivo entre culturas.
Didier Espinosa, colombiano asentado en Suiza, licenciado en Arte Dramático, uno de los organizadores y creadores del festival junto a José Antonio Opazo y director del grupo anfitrión Encántigo, explicó que la idea del festival nació al descubrir que en Suiza existen entre diez y doce agrupaciones que hacen teatro en español, pese a que se trata de una lengua no oficial en el país.
“Nos dijimos: bueno, encontrémonos todos y hagamos teatro”, señaló Espinosa, destacando la necesidad de trabajar de manera conjunta durante el resto del año. Esta primera edición marca el inicio de un proyecto que busca consolidarse y expandirse hacia otros festivales en Alemania como es el Festival Bululú y países cercanos, con el objetivo de crear una ruta europea de teatro en español que permita a los grupos radicados en Suiza intercambiar experiencias y circular por distintos escenarios del continente.
El nombre del festival rinde homenaje a Andrés Algar, inmigrante autodidacta y apasionado del teatro, fallecido el 28 de julio del verano pasado. Según Espinosa, Algar realizó más de cuarenta montajes teatrales sin haber pasado por una escuela de arte dramático en sus más de 40 años residiendo en Suiza “Encontramos que era la manera de reconocer el trabajo de toda una vida haciendo teatro amateur”, afirmó. “Para reconocer su legado decidimos nombrar el festival en su honor”.
Durante esta edición han participado diversas agrupaciones, entre ellas el grupo Teatro Tablas, encargado de inaugurar el festival y agrupación que dio vida artística a Andrés Algar.
Espinosa recordó que Encántigo comenzó trabajando únicamente con montajes musicales, pero con el tiempo descubrieron el potencial del teatro amateur como espacio de formación y encuentro cultural. “Empezamos con personas que querían hacer teatro y encontramos muy buenos elementos”, explicó. A partir de allí surgió la idea de unir a los distintos colectivos teatrales hispanohablantes en Suiza y trabajar “gremialmente”, fortaleciendo redes de apoyo y colaboración entre artistas migrantes.
El director destacó también el valor cultural y social del español en Suiza, una lengua que calificó como “exótica” dentro del contexto helvético, pero que despierta gran interés entre la población local donde un 40% de la población suiza lo habla. Para Espinosa, el festival busca además romper estereotipos sobre la cultura latina y española: “No solamente es reguetón; también hay gente que piensa, que escribe, que sabe pararse en un escenario y hacer cosas interesantísimas”.
José Antonio Opazo, organizador del festival junto a Espinosa, hijo de emigrantes ourensanos al País Vasco (tierra que lo vio nacer)y afincado en Suiza desde 1991, donde ha desarrollado una intensa actividad en el ámbito cultural, además de formar parte de la dirección del Ateneo Popular Español y participar como actor de teatro amateur, quiso destacar el significado especial de esta primera edición del festival.
“Aprovechando y coincidiendo con la celebración del Día das Letras Galegas, y también por mi origen gallego, quería que Galicia estuviese presente en esta primera edición. Pero no solo por eso. Este festival lleva como lema ‘Un idioma, mil latidos’, y nuestra intención es dar visibilidad a los cuatro idiomas que tenemos en España. El próximo año nos gustaría traer también un grupo del País Vasco o de Cataluña, por ejemplo.
La emigración gallega en Suiza es muy grande y, precisamente por esa importante colectividad, quisimos llegar al corazón de todos ellos, trayéndoles un pedacito de nuestra tierra al corazón de Europa y haciéndoles disfrutar, en gallego, de una obra maravillosa como es Cabaret Enxebre.
Para mí también ha supuesto poner un reto en escena. Por un lado, comprobar la acogida del público ante una obra cuyo desarrollo es mayoritariamente en gallego; y, por otro, para los propios artistas, enfrentarse a un nuevo desafío en sus carreras dentro de nuestro festival.
Un festival que ha destacado por ser la primera vez de muchas cosas: primera edición, primera actuación internacional para Dar Trela y también la primera puesta en escena para algunos de los artistas participantes.”
El arte y la cultura trascienden fronteras y nacionalidades, y en ese viaje constante de identidades y encuentros, la emigración se revela también como un fértil semillero de talento. Allí, lejos de los lugares de origen pero cerca de la esencia creativa, nacen proyectos que, desde la generosidad y el esfuerzo altruista, alcanzan metas que emocionan y sorprenden.
Detrás de cada iniciativa hay un equipo que trabaja con alma, corazón y una entrega incansable, decidido a dar visibilidad a expresiones culturales que nada tienen que envidiar a las de los circuitos profesionales. Personas autodidactas, guiadas por un talento innato, construyen puentes de arte y emoción que conectan comunidades enteras. Incluso algunos de los integrantes de las compañías participantes han dejado su huella en producciones cinematográficas como Un franco, 14 pesetas, testimonio del enorme potencial creativo que habita en las comunidades migrantes en Suiza.
Por otro lado, resulta casi reconfortante comprobar cómo, en ciertos espacios, la ausencia de participación de los organismos con mayor capacidad de impacto se mantiene como una constante perfectamente estable. Uno podría incluso admirar la coherencia con la que se reivindica la importancia de estos proyectos mientras, en la práctica, se les observa desde una distancia prudente, como si la visibilidad y el apoyo fuesen recursos que debieran autogenerarse.
Aún así, en este encuentro, la palabra “agradecimiento” se ha repetido una y otra vez, como un eco compartido entre organizadores, público y artistas porque más allá del escenario, lo que realmente se ha celebrado es el amor al arte, esa fuerza invisible que ha unido cada pieza del puzle que dio vida a la primera edición del Festival Andrés Algar, convirtiéndolo en una experiencia profundamente humana, viva y memorable.
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