"Aquella máquina de coser": Mirta Mato hilvana su historia gallega en escena

Su autora, que recibió el premio Teatro por la Justicia, sueña ahora con poder representar la obra en Galicia

Mirta Mato, en un momento de la representación
Mirta Mato, en un momento de la representación | Celia Otero

Presenciar la representación de esta obra unipersonal es revivir las historias de nuestras familias. La emoción circula en la sala del Teatro Ítaca, en Buenos Aires, donde el silencio se escucha como los lamentos mudos de quienes sufrían porque estaban lejos de su tierra.

Mirta Mato es la artífice de esta obra que encierra, como las muñecas rusas, muchas historias, aunque cuente la de su familia.

José Vieites, su padre, emigró en 1947, a los 25 años, desde Meaño, Pontevedra. Había pasado la guerra y luego el servicio militar: "Me tuvieron por el mundo adelante", decía. Parco como era, repetía esto y la historia de su maestro republicano, al que vio apresar. En Buenos Aires estaba su madre, que, siendo soltera, había emigrado sola, dejando a José con sus abuelos.

Filomena Mato, la madre, salió a los 30 años de su casa en Paradela, Lugo. Era el año 1950. En la capital argentina estaba su hermana mayor, y poca familia más. Desde muy joven había sido afecta a la costura, oficio que aprendió de ver coser a alguna vecina. Nunca hizo un molde, dice Mirta, cortaba marcando con tiza, y llegó a confeccionar el vestuario completo de una obra de Lorca.

Se conocieron en un negocio tenían en la misma casa los tíos. Allí reparaban calzado y también vendían cigarrillos, y allí José y otros paisanos pasaban tiempo contándose sus cosas y a la vez buscando trabajo o negocios.

El hilo de la costura se desenvuelve en la escena, y entonces, en la voz de Mirta, la actriz, la autora, la productora y la protagonista, surgen las imágenes que cada espectador va creando con las propias, con las que guarda en su memoria.

Un día José llegó a ser socio del Iberia, el tradicional Bar de la Avenida de Mayo, y la cercanía con el teatro Avenida puso a la familia cerca de los escenarios.

Aunque Mirta confiesa que su gusto por la escena comenzó antes, siendo muy pequeña, cuando junto a su hermana mayor, María del Carmen, escuchaba por las noches la radio que transmitía obras de teatro.

"Me fascinaba dormirme en medio de la ficción, sentía que a través de ella podía transitar muchas vidas, reír y llorar con los personajes, escapar y a la vez estar en mi interior. Luego, cuando la televisión se generalizó, gustaba en especial de los programas que ponían obras de teatro en la pantalla, los prefería a las series e incluso a las telenovelas", relata.

La historia de los Vieites-Mato se cuenta en la obra, que, con un gran manejo del tiempo escénico, nos sitúa en espacios y períodos diferentes sin confundir al espectador.

Mirta Mato y su máquina de coser
Mirta Mato y su máquina de coser | Celia Otero

En menos de una hora, la actriz logra ser ella, su madre, su abuela, las vecinas e incluso el padre. En el centro de la escena la acompaña "aquella máquina de coser" que es la que un tío suyo rescató durante la guerra civil de una casa ya abandonada y le regaló a su madre. La misma que viajó hasta Buenos Aires y cosió vestidos, remendó sábanas e hizo trajes de flamenco y lo que hiciera falta.

Lee cartas, auténticas, rescatadas de archivos familiares, y escuchamos las voces de su familia a través de cassettes en los que enviaban mensajes, ya entrados los años 1970. "Son auténticos", puntualiza, mientras explica que un primo de Galicia, Jesús Mato, que era sacerdote, periodista y muy activo, se ocupó por entonces de grabar los mensajes de todas las casas de la familia, y de hacerlos llegar.

Otro momento de la representación de Mirta Mato
Otro momento de la representación de Mirta Mato

Por eso sonaban tan naturales, pensé yo, ningún actor lo hubiese logrado. Esas voces se siguen escuchando cuando termina la obra y abandonamos la sala: son los clásicos recuerdos y deseos que en cada carta leímos tantas veces. Puestos en sonido puede apreciarse el llanto y el silencio que cierra el diálogo, porque la voz se estrangula.

La vi en su estreno, una tarde de domingo de este largo invierno tardío. Al salir sentí que estábamos en comunión, creamos vínculos durante el tiempo mágico en que la máquina cosió retazos y armó historias.

Estreno en Galicia

Conversar con Mirta reforzó la idea que ya tenía de ella. Alguien enamorado del teatro, que disfruta de poder dedicar, ahora que dispone de tiempo, su vida a la escena. Ella escribió el libro, la produce y la interpreta; son sus cartas, su cassete, sus vestidos, su máquina…

Esta obra le permitió visibilidad y gratificaciones dentro del ámbito actoral y en especial en el Teatro de la Diáspora.

Obtuvo el premio Teatro por la Justicia; y ahora sueña con poder representarla en Galicia, para regresar a su Ítaca con la máquina de coser que un día cruzó el océano.

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