"Hay 300.000 millones de euros de ahorros de los europeos fuera de la UE. Hay que invertirlos aquí"

ENTREVISTA

Alejandra Kindelán acaba de ser reelegida como presidenta de la Asociación Española de Banca. En una entrevista con La Región Internacional, defiende que las entidades financieras deben servir para conectar ahorro e inversión en un momento marcado por la guerra en Oriente Próximo, la presión sobre los precios de la energía o el giro de la política monetaria

Publicado: 01 may 2026 - 10:24 Actualizado: 01 may 2026 - 10:27
Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca
Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca | AEB

Alejandra Kindelán afronta su segundo mandato al frente de la Asociación Española de Banca con un mensaje que, lejos de ceñirse al balance patronal, entra de lleno en la premisa fundacional de las propias instituciones financieras: Europa no puede financiar su futuro si su ahorro termina trabajando fuera del continente. En una entrevista con La Región Internacional tras renovar el cargo, analiza el escenario actual, en el que “la incertidumbre se ha convertido en la nueva normalidad” y en el que la financiación privada se ha convertido en pieza central de la agenda económica.

Pregunta. Con el euríbor lejos de sus máximos, pero rozando el 3%, ¿cree que el alivio para las familias hipotecadas está siendo suficiente o sigue habiendo una parte de la sociedad española financieramente tensionada?

Respuesta. Vivimos en un mundo marcado por la incertidumbre. Es cierto que la guerra en Irán ha provocado un aumento del precio del petróleo y que esa volatilidad de precios ha provocado tensiones inflacionistas. En el caso del euríbor, se ha registrado un repunte hasta llegar al 2,7% y se espera que pueda seguir en ese entorno. El Banco Central Europeo ya ha dejado claro que esperará a tener más datos sobre el impacto del conflicto en la inflación antes de tomar su próxima decisión de política monetaria.

R. En todo caso, en los últimos años, el 80% de las hipotecas se han firmado a tipo fijo, por lo que las familias ya tienen una previsión sobre sus cuotas. De toda la cartera hipotecaria, poco más de la mitad de las operaciones están a tipo variable. Además, estamos en un momento en que los bancos españoles conceden las hipotecas más baratas de toda la zona euro, con un tipo de interés medio en las nuevas operaciones del 2,64% a cierre de 2025, frente al 3,59% de la eurozona, y la morosidad está en índices históricamente bajos.

P. ¿Y las pymes españolas? ¿Tienen hoy acceso real a financiación en condiciones competitivas o siguen jugando en desventaja frente a las grandes compañías?

R. Los préstamos bancarios son la principal fuente de financiación para las empresas españolas, y muy especialmente para las pymes, con las que el sector está altamente comprometido. Nuestras pequeñas y medianas empresas se financian a menores tipos de interés que las pymes europeas, con un tipo medio del 3,19% frente al 3,83% de la zona euro.

R. En este sentido, lo me gustaría destacar es la importancia del desarrollo del mercado de capitales, con la Unión de Ahorro e Inversiones. Es fundamental ampliar el ecosistema financiero y dirigir el ahorro de los europeos hacia las empresas europeas, muchas de ellas pymes. Ahora mismo unos 300.000 millones de euros de ahorro de los europeos están invertidos fuera de la Unión, y es muy importante movilizar ese ahorro hacia proyectos empresariales europeos.

Es fundamental dirigir el ahorro de los europeos hacia las empresas europeas

P. ¿Qué sectores ve con más capacidad de atraer crédito en 2026 y cuáles despiertan más cautela en la banca?

R. En un escenario en el que la incertidumbre se ha convertido en la nueva normalidad, la banca adquiere una relevancia aún mayor como pilar de estabilidad y crecimiento. El BCE considera que en los próximos años deberán financiarse 1,2 billones de euros anuales para la construcción de nuevas infraestructuras, innovación, transformación digital, transición ecológica y otras materias clave, como seguridad, defensa e inteligencia artificial. Estos son los sectores con más capacidad de atracción y también con mayores necesidades.

P. ¿Diría que estamos ya en España en una fase de normalización del crédito o sigue viendo a familias y empresas posponer decisiones por el coste del dinero?

R. Tenemos los préstamos más baratos de la zona euro y vemos que el mercado del crédito funciona y sigue creciendo. El año pasado, el crédito otorgado por los bancos que forman parte de la AEB creció un 10% hasta contabilizar un saldo vivo de 935.000 millones de euros. En el conjunto del sistema español, las hipotecas aumentaron un 22% y otro 21% las operaciones de crédito al consumo. En el caso de las empresas, el crecimiento fue del 16% para préstamos que superan el millón de euros y del 4% para el resto. Y ese dinamismo ha continuado en los primeros meses de 2026. La demanda sigue viva y el sector es capaz de atenderla gracias a una buena gestión, que se refleja en una posición sólida en términos de rentabilidad, de capital y de liquidez.

En España tenemos los préstamos más baratos de la zona euro

P. La guerra en el golfo Pérsico ha recordado hasta qué punto energía, inflación y financiación están profundamente conectadas. ¿Está preparada la banca europea para financiar empresas en medio de la alteración actual de costes, cadenas de suministro y decisiones de inversión?

R. Sin duda vivimos momentos convulsos. Nos enfrentamos a cambios de gran magnitud que, además, se suceden casi sin dejarnos tomar aire para asimilarlos. Pero la banca está preparada para afrontar este y otros shocks que puedan llegar. Somos un sistema sólido, resiliente, y así lo reflejan cifras como la ratio de solvencia, que supera el 13%, o una rentabilidad del 15%, que es nuestra primera línea de defensa y que se sitúa ya por encima del coste de capital y muy por encima de la media europea.

R. El sector es hoy, ante todo, un pilar de estabilidad: contamos con la fortaleza necesaria para, en momentos de tensión, canalizar liquidez, gestionar riesgos y evitar disrupciones mayores en el funcionamiento de la economía. También es un impulsor del crecimiento: la financiación que proporciona la banca permite a las empresas y a las familias invertir. Y, en tercer lugar, el sistema bancario es un colchón, capaz de absorber la sucesión de shocks. Solo en estos últimos años nos hemos enfrentado a una pandemia, a los efectos de la guerra en Ucrania y a una crisis energética, y podemos decir que, con nuestra propia fortaleza y con colaboración público-privada, hemos aliviado el impacto sobre familias y empresas.

P. Usted ha sostenido que el impuesto a la banca en España resta capacidad de préstamo. ¿En qué se traduce eso, de forma concreta, para familias, pymes y crecimiento?

R. El efecto no es un efecto inmediato, sino que puede tener consecuencias a medio plazo. En una situación en la que hay que financiar inversiones billonarias en muchos sectores, no podemos restar capacidad para dar crédito...

R. Además, este es un impuesto que discrimina y que supone una desventaja competitiva, ya que somos el único país europeo con una tasa de este tipo. Me gustaría incidir en que la banca es uno de los sectores que más contribuye al estado de bienestar en España, destinando un tercio de sus beneficios al pago de impuestos. Solo el año pasado, los bancos de la AEB pagaron 12.000 millones de euros entre el impuesto a la banca y el de sociedades, a los que se suman muchos otros, como el de actos jurídicos documentados o el impuesto sobre depósitos. Otro tercio del beneficio se destina a reservas, para poder seguir prestando dinero a familias y empresas, y el tercio restante se reparte en dividendos entre los accionistas. De ellos, 5,3 millones son minoristas, que complementan su renta con ese dividendo.

Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca
Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca | AEB

P. ¿Le preocupa que España quede en peor posición competitiva frente a otros mercados europeos si mantiene una presión singular sobre su sector bancario? O, dicho de otro modo, ¿está España debilitando la competitividad de su banca en un momento clave para Europa?

R. Los bancos españoles son competitivos y eficientes. Pero, si queremos que el sector siga siendo pilar de crecimiento, debemos apostar por una mayor competitividad. Y aquí es importante frenar la avalancha regulatoria y supervisora que llega de Europa, que en muchas ocasiones produce solapamientos, también con los requerimientos del supervisor, y requiere simplificación. En este sentido, la AEB ha propuesto cinco medidas en la reciente consulta pública sobre competitividad impulsada por la UE, que se fundamentan sobre dos pilares básicos: la simplificación y la integración del mercado.

P. ¿En qué se concretan?

R. Hemos pedido ampliar el foco para que los supervisores y reguladores tengan un objetivo secundario, más allá del de la estabilidad financiera, centrado en el crecimiento y la competitividad. Necesitamos un mecanismo de coordinación entre autoridades que permita una mayor previsibilidad sobre los requisitos regulatorios y supervisores, además de simplificar reduciendo el número de colchones de capital y evitando solapamientos. Otra prioridad es mejorar la regulación; por ejemplo, con más reglamentos frente a directivas y una medición del impacto de cada medida, tanto antes como después de aplicarse.

R. Por último, resulta vital impulsar la integración del mercado único, completando la Unión Bancaria con un fondo europeo único de garantía de depósitos. Ese mecanismo permitiría proteger de forma uniforme a los ciudadanos y romper definitivamente el vínculo entre riesgo bancario y riesgo soberano. Es decir, que los bancos se valoren por su fortaleza y su solvencia, no por su nacionalidad. Al mismo tiempo, hay que avanzar en la Unión de Ahorro e Inversiones.

P. ¿Qué cree que no está viendo todavía el regulador sobre los riesgos que vienen?

No podemos afrontar un tiempo nuevo con reglas del pasado. Reglas que han dado resultado y han permitido ganar resiliencia al sector tras la gran crisis financiera, pero ahora el momento es otro. Es el momento de crecer. Europa no se puede permitir no hacerlo si queremos mantener nuestra forma de vida, con progreso económico y protección social. Creo sinceramente que es el momento de tomar decisiones políticas valientes, como las que citaba, para contar con un marco regulatorio estable y previsible.

Es el momento de crecer. Europa no se puede permitir no hacerlo si queremos mantener nuestra forma de vida

P. Europa habla cada vez más de autonomía estratégica —y usted también ha hablado de la necesidad de reforzar la soberanía europea en pagos—, pero sigue dependiendo de infraestructuras ajenas en pagos, capital y tecnología financiera. ¿No es una contradicción?

R. Europa no parte de cero en soluciones de pago competitivas y seguras gracias a los desarrollos del sector privado, ampliamente aceptadas por los ciudadanos, como ha demostrado el enorme éxito de Bizum en España, que ya cuenta con más de 31 millones de usuarios. El reto aquí es la fragmentación del mercado, y por eso surge el proyecto de la interoperabilidad de pagos europeos, del que ‘nuestro’ Bizum es cabeza tractora. La idea es conectar las soluciones que ya funcionan en distintos países. No se trata de crear nuevas infraestructuras desde cero, sino aprovechar las existentes para crear una plataforma verdaderamente paneuropea que nos permita reducir la dependencia de otros competidores, especialmente los estadounidenses.

R. Está previsto que, a finales de año, esa interoperabilidad de pagos conecte a 130 millones de usuarios de 13 países europeos, en torno al 72% de la población. Y en 2027 se podrá pagar en comercio electrónico y puntos de venta físicos en esos mercados utilizando Bizum, que ya implantará en este mismo mes de mayo la solución para pagar en comercios españoles.

P. ¿Qué tendría que ocurrir para que Europa dejase de ir por detrás de Estados Unidos y Asia en tecnología financiera? ¿Qué importancia tiene en un momento de convulsión geopolítica como el actual?

R. Europa cuenta con uno de los sistemas de pago más eficientes y seguros del mundo. Ahora la cuestión es adaptarse a una ola tecnológica que ya está aquí, y que está transformando no solo los pagos, sino también los mercados financieros y su infraestructura, un reto compartido por todas las jurisdicciones.

R. En este contexto, Europa ha optado por una estrategia que busca combinar innovación con estabilidad y confianza en el euro como moneda. Iniciativas como MiCA, el primer marco regulatorio completo para criptoactivos en el mundo, y otros trabajos del Eurosistema van en esa dirección: permitir nuevos casos de uso en ecosistemas basados en tecnología blockchain —por ejemplo, en mercados de valores, pagos internacionales o liquidación de activos— de forma segura y bajo reglas claras. Y es lo que explica el papel limitado de las stablecoins en Europa. En un entorno con una moneda estable y sistemas de pago rápidos y ampliamente extendidos, su uso en el día a día sigue siendo reducido. Donde sí tienen más peso es en el ecosistema cripto —especialmente en trading y finanzas descentralizadas— y en economías con divisas más frágiles. No es el caso europeo.

R. En todo este proceso, un elemento clave es la mejora constante de las soluciones de pago privadas europeas y su interoperabilidad. Soluciones como Bizum en coordinación con otras europeas avanzan para servir mejor a ciudadanos y comercios, facilitando pagos inmediatos, sencillos y fiables, y conectándose entre sí para ganar escala europea. Esa interoperabilidad no es solo eficiencia tecnológica: refuerza la autonomía estratégica, al apoyarse en infraestructuras propias, competitivas y gestionadas desde Europa.

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