El invierno del lujo europeo: la guerra de Irán enfría las expectativas del sector
SEGMENTO PRÉMIUM
El conflicto en Oriente Próximo trunca la recuperación de este segmento al paralizar el flujo en tiendas y aminorar el turismo de alto poder adquisitivo del golfo Pérsico, un motor crítico para el gremio
“Creo que superaremos el invierno”. Esta frase de Bernard Arnault, el consejero delegado de LVMH, resumía los anhelos de un sector que cerraba un 2025 de estabilidad financiera después del duro golpe que supuso la pandemia. Ponía así voz a la previsión general de las grandes casas del lujo europeo, que enfocaban este ejercicio con previsiones alcistas. Sin embargo, el inesperado estallido del conflicto en Oriente Próximo el pasado febrero supuso un severo revés que ha truncado las expectativas de repunte. La inestabilidad geopolítica no solo ha afectado al volumen de ventas en el golfo Pérsico —donde la lógica de prudencia financiera ha congelado el consumo local de alta gama—, sino que también ha reducido la confianza en los inversores.
En este nuevo panorama, gigantes como Prada, Kering o Hugo Boss destacan como las más afectadas. El grupo italiano ha podido compensar sus cuentas gracias a una subida del 15% en su mercado americano, remontando así el lastre que han supuesto Europa —donde se notó un ligero descenso de ingresos derivado del parón del turismo procedente del golfo Pérsico, que habitualmente visita las flagship stores europeas para aprovechar el tax-free— y, especialmente, Oriente Próximo, con una caída del 22%. Por su parte, la casa de la icónica marca Gucci se ha visto obligada a activar una unidad de crisis ante una bajada del 11% en sus ingresos minoristas en la región del Golfo, la cual representa el 5% de sus ingresos totales. En paralelo, aunque la marca alemana sitúa apenas en el 1% el impacto del conflicto en sus cuentas, sus beneficios se reducen un 6% en el arranque del año.
Para comprender que este golpe no afecta a todas las marcas por igual, hay que mirar más allá de las fronteras del Golfo. El lujo moderno es un negocio que depende críticamente de la movilidad internacional. El reciente estallido de la contienda ha frenado los viajes y alterado las prioridades psicológicas de los compradores habituales de estas marcas, muchos de ellos procedentes de las regiones afectadas, y que, ante la incertidumbre bélica, optan por la cautela.
Aunque el mercado automovilístico de alta gama logra esquivar gran parte de esta inercia, las casas de moda europeas sí han notado una caída de ventas en los mostradores de las grandes capitales. Sin embargo, no impacta a todos por igual:el modelo francés —liderado por firmas como LVMH o Hermès— mantiene su dependencia de grandes tiendas turísticas y del producto de status, lo primero que se congela durante una crisis; pero el modelo italiano —con gigantes como Moncler o Zegna— encuentra su salvavidas en un lujo más cotidiano, sostenido por el consumidor local recurrente. Esta divergencia radica esencialmente en su oferta: mientras el eje francés domina la marroquinería y la alta costura de exhibición, las firmas italianas se centran en sastrería y ropa de abrigo que, aun siendo alta gama, son artículos funcionales para el armario del cliente. El caso de la gran Richemont de Suiza altera el patrón, con la joyería de autor como dique de contención.
Más allá de la asimetría entre catálogos de moda, la crisis actual pone sobre la mesa la dependencia de las marcas de lujo de la movilidad internacional y la actual interconexión global de las economías. Ya no solo luchan contra la fluctuación de las divisas o los cambios en el mercado, sino que dependen estrechamente de los caminos que conectan a sus clientes del Golfo con las capitales europeas. Y, mientras atienden al frente bélico en esa parte del mundo, en el otro lado del Atlántico los aranceles impuestos por la administración Trump son otro importante impacto, y así lo han reportado ya compañías de automoción como Porsche.
Eje franco-italiano: el núcleo del lujo europeo
La parálisis del consumo y el frenazo del turismo internacional no ha golpeado a todas las grandes marcas de lujo de Europa con la misma intensidad: mientras en Francia los ecos de la guerra han frenado el ritmo de facturación de sus grandes conglomerados, los grupos italianos destacan por una mayor resiliencia.
El grupo líder mundial en productos de alta gama, Moët Hennessy Louis Vuitton, logró anotarse un aumento de ingresos del 1%, pero vio frenado su crecimiento en Francia respecto a la inercia que arrastraba. Con todo, el mayor impacto vino determinado por las ventas en Oriente Próximo, cuya caída restó un punto porcentual al crecimiento de toda la maison.
Por su parte, Hermès, históricamente resiliente ante las crisis, no salió impune este primer trimestre, viendo cómo sus ventas globales retrocedían afectadas por las fluctuaciones de divisa. En el área del Golfo, la bajada multiplicó por seis el mal dato global, hasta el 6%, especialmente debido a la caída en ventas en los Emiratos Árabes Unidos, así como en Kuwait, Qatar y Bahréin. La casa del icónico Birkin también notó la reducción del flujo de turistas en su propia casa, pues a ello atribuye la contracción de los ingresos del 3% en las tiendas del país galo.
Cruzando la frontera hacia Italia, la situación cambia ligeramente, mostrando una mayor resistencia frente a las turbulencias geopolíticas. Así, Moncler ha logrado esquivar los impactos con un aumento en sus ingresos totales del 12%. No obstante, en el área geográfica del conflicto, la firma milanesa baja un 1%, penalizada por las bajas tendencias turísticas y un desempeño online débil. Por su parte, Zegna, la casa de Tom Ford, también consiguió conservar la estabilidad con un crecimiento en ingresos del 7,4%, impulsado por un mercado americano que representa aproximadamente un tercio de los ingresos totales del grupo. De hecho, todavía no han cuantificado el impacto del conflicto en su informe de cuentas.
La estabilidad suiza
Esta misma capacidad para mantenerse a flote en un entorno geopolítico cambiante es la que define al mercado suizo: el conglomerado Richemont ofrece un ejemplo de cómo amortiguar el bache que supone el conflicto en el Golfo.
La empresa ha demostrado una gran resiliencia financiera, registrando un crecimiento del 13% hasta marzo de este año. Este incremento se vio aupado por sus icónicas marcas de joyería, como Cartier o Van Cleef & Arpels, que experimentaron un salto anual del 14%. A pesar de estas cifras, la contienda dejó una huella innegable en su balance: en una región donde crecía a doble dígito, las ventas cayeron en el primer trimestre un 3% lastradas por el freno de la demanda. Este impacto cruzó fronteras, y afectó también al mercado europeo, donde el gasto del turismo internacional se moderó cuatro puntos, hasta anotarse tan solo un auge del 5%.
Automoción: resistencias desiguales
En cuanto al mercado automovilístico de lujo, presenta una curiosa dualidad. La alemana Porsche ha empezado el año con una caída del 5,2% en su facturación, golpeada por los impuestos a los coches de alta gama en China y por el fin de las ayudas a los motores eléctricos en Estados Unidos, aunque sin datos claros todavía sobre el impacto de la inestabilidad en Oriente Próximo.
En el extremo opuesto, los primeros resultados trimestrales de este año en Ferrari y Aston Martin permiten afrontar el ejercicio con una dosis de optimismo. La agilidad operativa de los de Maranello ha sido envidiable: lograron aumentar sus ingresos un 3,2% en virtud de una estrategia de redistribución geográfica por la cual se desviaron las entregas de Oriente Próximo a otros destinos para mantener el equilibrio. Por su parte, el fabricante inglés también vio subir sus entradas un 16%, en su caso gracias a modelos exclusivos como el Valhalla, aunque sigue monitoreando de cerca la situación debido a la volatilidad en la demanda global.
La belleza, en terreno inestable
La necesidad de vigilar el frente geopolítico para amortiguar el impacto en las cuentas no es exclusiva de la automoción de lujo: la belleza también se mueve en terreno inseguro. Por el momento, el grupo español Puig, referente en este ámbito, ha conseguido capear los efectos de la guerra, que le han restado un 1,2% en sus ventas en Oriente Próximo, para cerrar el trimestre con un crecimiento del 4,7% total en sus ingresos.
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