Sidney vuelve al radar de los fondos inmobiliarios de la mano de las oficinas prime
Inversiones
La brecha entre edificios prime y secundarios se ha ampliado hasta casi un 30% en términos de renta, pero la distancia más reveladora se mide en la ocupación: en los últimos cinco años, la diferencia neta entre ambos segmentos alcanza casi 545.000 metros cuadrados
“Los inversores y los inquilinos siguen priorizando los activos de calidad”. La frase abre el último informe de Knight Frank sobre el mercado de oficinas en el distrito financiero de Sidney y resume con precisión el momento que atraviesa la ciudad australiana: la demanda se ha concentrado en torno a activos best in class.
De hecho, la brecha entre edificios prime y secundarios se ha ampliado hasta casi un 30% en términos de renta, pero la verdadera distancia se mide en la ocupación: en los últimos cinco años, el segmento prémium ha absorbido 314.100 metros cuadrados, mientras que el secundario acumula una cifra negativa de 230.866 metros cuadrados.
Se trata, por tanto, de un desplazamiento estructural de la demanda hacia calidad, ubicación y estándares más elevados. Más de medio millón de metros cuadrados han cambiado de preferencia dentro del mismo mercado de oficinas.
Con todo, la señal de compresión de las rentabilidades (5,7%) es lo que ha permitido anticipar el ya confirmado cambio de ciclo en este mercado. Los activos prime registraron un aumento de capital superior al 11% en el último año, el mayor desde 2020; y la vuelta de la liquidez —3.300 millones de dólares en transacciones— terminó de validar el cambio de fase.
El riesgo de la desocupación
Sin embargo, no todo es fortaleza. La tasa global de desocupación del distrito financiero de Sidney aún ronda el 14%, una cifra que oculta realidades muy distintas: mientras el stock prime consolida su recuperación (por debajo del 9%), el mercado secundario sigue arrastrando una fuerte debilidad, en el entorno del 15%.
Lejos de un repunte generalizado, la divergencia es la clave del nuevo ciclo que afronta el mercado de oficinas de Sidney. No se trata de un boom, sino del despertar de un auténtico interés por propiedades de calidad. Y la pregunta ya no es si el mercado se está estabilizando, sino cuánto falta para que los precios —y las rentabilidades— reduzcan las posibilidades de entrada.
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