"El Gallego" Fernández Palmeiro, el Che argentino
Biografías
Sus hazañas en la lucha revolucionaria en Argentina le valieron un homenaje en forma de canción de Andrés Calamaro
Nacido en el seno de una familia de gallegos arraigada en el barrio de As Pozas, en el pueblo de Prada (Ourense), la vida de Víctor Fernández Palmeiro estuvo marcada desde el origen por la impronta de esa tierra que su familia se vio obligada a dejar para migrar a Argentina a comienzos de la década de 1950. Su padre había sido guardia civil y su madre, Elvira, era un ama de casa hija de gallegos que también habían emigrado al país sudamericano y retornado posteriormente a Galicia.
Víctor trabaja inicialmente como obrero metalúrgico y luego en el frigorífico Swift. Da sus primeros pasos en política a sus 15 años junto a su hermano Gonzalo ingresando en la Federación Juvenil Comunista, donde desde muy joven se foguea en los enfrentamientos con el grupo nacionalista Tacuara. Al igual que otros jóvenes de su generación, asume en la década de 1960 la opción por la lucha armada, vinculándose políticamente con grupos que desarrollan acciones guerrilleras y tienen un origen ideológico marxista. Es así que pasa por la facción comunista que en 1967 va a dar origen al Partido Comunista Revolucionario y más tarde por las Fuerzas Argentinas de Liberación antes de incorporarse al Ejército Revolucionario del Pueblo del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
En ese ambiente político y sindical rioplatense, su origen y su temple le valieron para siempre el apodo que honraba su herencia: "El Gallego". Hasta entonces trabajaba en el gremio de la construcción como yesero, pero a partir de su ingreso al ejército revolucionario se consagra a las labores que exige el Comité Militar del Partido.
Así, Fernández Palmeiro dirige varias acciones militares, entre ellas el ataque a la Comisaría de Gonnet (en la provincia de Buenos Aires) del 12 agosto de 1971, con robo de armamento y uniformes policiales. Apenas unos días después, el 18 de agosto, participa del frustrado intento de secuestro del teniente general Julio Alsogaray, y es detenido pocos días después. No obstante, a principios de 1972 logra fugarse del penal de Villa Devoto haciéndose pasar por su hermano Gonzalo, que había ido a visitarlo a la cárcel y quedó preso en su lugar.
Esta huida le sirve para reincorporarse al Comité Militar. Es uno de los responsables de una las acciones más espectaculares de la guerrilla urbana: el asalto al Banco Nacional de Desarrollo, un edificio cuya bóveda parecía inexpugnable y que se encontraba a escasos metros de la Casa de Gobierno y del Servicio de Inteligencia del Estado. Lo que entonces se denominó "el robo del siglo", pues el botín alcanzaba los 400 millones de pesos, tuvo lugar la noche del sábado 29 de enero de 1972 y fue posible gracias a que dos empleados facilitaron los planos interiores y la información necesaria para desarrollar la operación. Apenas dos meses después, el 21 de marzo de ese mismo año, Fernández Palmeiro habría participado del secuestro del empresario italiano Oberdan Sallustro, gerente de la empresa Fiat Concord.
Secuestro de un avión
Por entonces, con sus principales jefes políticos presos, la organización en Buenos Aires aparece abocada a una intensa actividad guerrillera que su dirección oscila entre celebrar y fustigar, mientras el ERP ver acrecentar sus filas con la afluencia de nuevos militantes. A medida que el llamado a un Gran Acuerdo Nacional por parte del Gral. Alejandro A. Lanusse se hunde ante el crecimiento de la figura de Juan D. Perón como ganador de la pulseada, mientras la lucha de masas y guerrillera no cesa, Fernández Palmeiro, como responsable legal del partido, vislumbra que, ante el previsible aislamiento de los grupos revolucionarios, lo más sensato era ligarse al movimiento peronista y participar de lleno en el proceso electoral.
Paralelamente, Fernández Palmeiro participa de la preparación del operativo de fuga de los militantes y dirigentes presos en el penal de Rawson, junto a Alejandro Ferreyra y Jorge Marcos, los otros miembros del comité militar a cargo. Para julio de 1972, ya ha analizado la posibilidad de comprar en Asunción, Paraguay, un avión de 30 asientos para la fuga, opción finalmente descartada por la de secuestrar un avión comercial a pesar de sus dudas sobre esta alternativa.
El 15 de agosto de 1972, Fernández Palmeiro y Alejandro Ferreyra suben por separado al avión que desde Comodoro Rivadavia debía ir a Buenos Aires con escala en Trelew. Durante la escala, ante la demora de los presos en llegar, Fernández Palmeiro informa al piloto de que el avión está secuestrado, de modo que debe permanecer con el motor en marcha esperando a los fugados. Tras una breve espera una vez llega el primer grupo, dan la orden de volar a Santiago de Chile, y los 19 presos que no consiguieron alcanzar el avión fueron sitiados en el aeropuerto para, una semana más tarde, ser ajusticiados en lo que se conoció como la Masacre de Trelew.
Por su parte, Fernández Palmeiro pasó nueve días detenido en la Dirección de Investigaciones de Santiago de Chile, recibiendo visitas y manifestaciones en su favor, hasta que el presidente Salvador Allende le concedió asilo político a finales de agosto y un permiso para viajar a Cuba, con el acuerdo previo del gobierno de la isla.
Vuelta a España
Durante su estadía cubana, mantiene fuertes discusiones con Mario R. Santucho sobre la posición del PRT ante el peronismo y las elecciones en marcha. Ya por entonces madura su proyecto de alejarse de la organización, al igual que un sector que estrecha vínculos con el peronismo revolucionario. Está en el último grupo que retorna a Argentina desde La Habana, en un largo periplo que lo lleva por Moscú, Praga y Madrid. En esta última escala en España, impulsado por el peso de la sangre y los orígenes, decide visitar a su padre, con la íntima sospecha de que aquel reencuentro en la península ibérica sería el último. Arriba finalmente a Buenos Aires con un pasaporte español falso a nombre de Juan Ontivero Reyes.
La idea de vengar a los caídos en Trelew comienza a obsesionarle, de modo que junto a otros veteranos del comité militar, participa en el impulso de una facción dentro del partido que sostiene un apoyo crítico a la candidatura presidencial de Héctor J. Cámpora y que se denomina ERP-22 de Agosto, en homenaje a los fusilados.
Venganza
Dos días antes de las elecciones nacionales que darán el triunfo al Frente Justicialista de Liberación, el 8 de marzo de 1973, el ERP-22 de Agosto hace pública su disidencia al secuestrar al propietario del diario Crónica y del Canal 11 de televisión, Héctor Ricardo García, a quien obliga a publicar un comunicado de apoyo a la candidatura de Héctor J. Cámpora; y continúa realizando acciones de propaganda armada de gran repercusión, como la toma del pueblo de Ingeniero Maschwitz, en la provincia de Buenos Aires.
Manteniendo su meta de vengar la masacre de Trelew, Fernández Palmeiro decide ajusticiar al contraalmirante Hermes Quijada, jefe de la base Almirante Zar durante los fusilamientos. En un operativo llevado a cabo apenas con una moto y un coche de apoyo, el 30 de abril de 1973 concreta su plan al disparar al militar en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, también él recibió un disparo por parte del chófer del marino, y aunque logró escapar murió a las pocas horas. Se cuenta que sus últimas palabras fueron: “¡Los vengué!”.
El músico Andrés Calamaro lo homenajea en unos versos de su tema 22 de Agosto: “¡Brindemos por los muertos de Trelew! / Un patético almirante apareció en la televisión / explicando que los malos se habían escapado / y, por supuesto, nadie le creyó. / Y algún tiempo después, el marino Hermes Quijada se enteró de que la muerte viaja en moto. / El Gallego Fernández Palmeiro, combatiente del ERP 22 de Agosto / era el piloto que lo llenó de plomo, / lo llenó de plomo y se las tomó”.
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