Reivindicación del renovado cóctel D. Julián

OPINIÓN

El legado de Goytisolo, la crisis de Ceuta y los viejos mitos de la invasión, hilo conductor para analizar las tensiones migratorias, geopolíticas e identitarias que vuelven a agitar el Estrecho

Migrantes intentando cruzar a nado la frontera en Ceuta
Migrantes intentando cruzar a nado la frontera en Ceuta | Europa Press

Juan Goystisolo se distinguió por sus gestos de ruptura con el legado clásico de la hispanidad a favor del magrebí-islámico, mientras parodiaba cáusticamente el pasado legendario de aquella pérdida e invasión bárbara de España, de Europa y del mundo occidental. Son contra-imaginarios con los que los partidos más xenófobos se escudan hoy para azuzar los miedos al otro. Por ello, las imágenes de los últimos días en torno a Ceuta les han servido mejor que ninguna campaña de intoxicación del Gran Reemplazo.

De reprobable moral revelada posteriormente por su encubrimiento al abuso de su hijastra por parte de su propia pareja sentimental en Marrakech, y bajo su propio techo, el autor barcelonés, desde Tánger, profanaba y afirmaba repudiar para siempre su identidad de origen. En Reivindicación del conde D. Julián (1970), soñaba con una re-invasión onírica por parte de sus trasuntos, Álvaro[s] Mendiola, contaminados por la maldita saña del traidor Julián, según calificaba La General Estoria de Alfonso X al gobernador bizantino de Septa (Ceuta), aliado y facilitador del paso de Estrecho para las hordas musulmanas norteafricanas de Tarik, conquistadoras de Al-Ándalus. Así, el relato de Goytisolo buscaba violar, mediante la inserción larvada en volúmenes representativos de moscas, hormigas, abejas, tábanos, la imagen libresca de la atormentada España a solas con Dios, los sonetos y los dramas de honor, los tropos literarios consagrados en el romancero, los autos sacramentales, los libros de caballerías, el senequismo, la Soria pura de Antonio Machado, o el me duele España de Miguel de Unamuno. Para tal fin, utilizaba también un discurso de corriente de conciencia neogongorino de hipérbaton y de desterrado soliloquio cernudiano. Era botón de muestra de la lírica próximamente centenaria emanada del 27, gracias al que su proyección invasora galopa, sí, galopa tal los harkis con sus blancos turbantes que relinchan de brío y de placer.

Mientras, el personaje admiraba las abiertas fronteras naturales desde el mirador de la alcazaba [de Tánger], con el panorama sedante de la otra orilla y el mar equitativo entre los dos, frente a la cerrazón de las nacionales modernas en el coso taurino, ombligo de la nación hispana, narcisistamente ovillada sobre si misma. Estas han empujado a los pueblos-nación originarios a repetidas persecuciones, muertes y exilios tal lo muestra otro genio de la modernidad: Francisco de Goya, en su díptico del 2/3 de mayo y Los desastres de la guerra. Y así, Goytisolo et al. abrazaba el espacio norteafricano a través de un Estrecho como mar convertido en lago, unido tú a la otra orilla como el feto al útero sangriento de la madre, [con] el cordón umbilical entre los dos como una larga y ondulante serpentina … Es decir, la peor de las pesadillas para los reaccionarios de todo pelaje, y en particular los supuestos autóctonos de raíz. Apelan como defensa e identidad a esas leyendas primigenias, inamovibles y sagradas para paliar y reconquistar el prestigio territorial amenazado por las migraciones, a partir de, por ejemplo, la tebana de Covadonga y Pelayo, Sant Yago Matamoros y cierra España, con su extensión americana a grupa de Hernán Cortés, o el mito fundacional del romanticismo en El puñal del Godo de José Zorrilla.

En consecuencia, sería pertinente evocar dicho legado juliano ante las invasiónes sobre el territorio edénico de un norte paradójicamente enclavado en una otredad sureña como Ceuta y Melilla, por los súbditos de una teocracia como la alauita actual. Con el asentimiento de aquel palacio, su política migratoria se suele dirigir contra estas ciudades españolas norteafricanas, a pesar de su estatus no colonial de acuerdo a la ONU y la UE. Hay que añadirle la complicidad de su máximo aliado atlántico, cuya soberanía reconoció el sultán de Marruecos en 1786, cuatro años después del tratado de París que otorgó el estatus nacional a los colonos sajones sobre los trece estados de la América del Norte – no a los indígenas originarios y a los esclavos africanos - : declaración de independencia recientemente conmemorada en un 250 aniversario velador de aquellas contradicciones históricas. Y tras los acuerdos de Abraham de 2020, al haberse convertido el reino magrebí en el aliado fundamental de Israel en África, miel sobre hojuelas para una política que favorece el eje Washington-Rabat-Tel Aviv, y que ahora asumiría la geopolítica irredentista del gran Marruecos, para el que se construye una mega-autopista hacia el Sáhara bautizada con el nombre del actual presidente estadounidense.

Si se escogen ingredientes de la abigarrada despensa de D. Julián, sería posible refrescarse bajo esta canícula global con una receta renovada de ese tentempié bebestible-cultural, además, derramado de nuevo, sobre el felpudo ceutí, y para solaz de adversarios/enemigos, que acusan exclusivamente al gobierno español y su presidente. Para su elaboración hoy, habría que verter en la coctelera: un chorro verde de la marcha de 1975 sobre el Sáhara, junto al espionaje de Pegasus de 2021 y derivas desconocidas todavía para el parlamento español donde debería haberse consensuado la política exterior española. El caballo alado desplazó luego en 2022 al presidente del gobierno a Rabat para olvidar la postura española de apoyo a las tesis de descolonización de la ONU sobre el Sáhara, y asumir la de los derechos de Marruecos sobre el territorio. Dicho giro abrió una nueva rendija a la reivindicación soberanista de Marruecos sobre Ceuta y Melilla para crear ese gran Marruecos de aspiración anterior a la independencia marroquí en 1956 con imaginarios fabricados por el pensamiento nacional-salafista.

Luego, habría que añadir a la mezcla, la tradicional copa de vino español de Chicote con la que brindaban los especímenes hispanicus de los [don] Álvaros Mendiolas, aderezado de Pacto Europeo sobre Migración y Asilo. Promovido por España durante su reciente presidencia de la Unión en 2024, puede proveer de fondos europeos a los corruptos gobiernos magrebís, entre otros, para que “externalicen” -sinónimo de no quiero verlos - a los migrantes solicitantes de asilo lejos de las fronteras europeas, excepto cuando las guarderías norteafricanas suigéneris decidan que no les compete. A esa copa de Ribera del Duero de arraigada añada castellana, hay que rebajarla con gotas de ley de extranjería y sentencia ad hoc del Tribunal Supremo sobre límites y limitaciones marítimas para devoluciones de refugiados-náufragos, y reciente proceso de legalización español de migrantes con efecto llamada, otro casus belli de la política interior. Y salpimentarlo con un quiero y no puedo en la política internacional española, en particular, en torno a Gaza e Irán, o al mercado armamentístico, que ha embarrado aún más las relaciones con los otros dos socios preferentes marroquíes, y ha reforzado las tesis de descolonización para Ceuta y Melilla con recomendaciones de nueva Marcha Verde.

Conviene luego insuflar el precioso zumo con vahos y efluvios de los gasoductos magrebís como gaseosa del enemigo argelino del reino alauita, e intereses empresariales españoles y europeos para toda la región, y la explotación de migrantes sin papeles. Y darle un toque de hilo musical con la llamada urgente al Ministerio de Interior y al palacio de Santa Cruz del comisario de Interior y Migración de la Unión Europea, y de la presidente de la Comisión, Ursula Von der Leyen, a la Moncloa, junto a la parálisis contemplativa de largas horas de esta y su gabinete, ante el flujo continuado equivalente a más de la mitad del contenido poblacional de Ceuta; silencio de los servicios de información españoles – se rumorea que lo advirtieron y no fueron escuchados por el Ministerio de Interior mientras que leemos que se ha cesado fulminantemente a una funcionaria que alertó de la llegada inicial de los migrantes -; complicidad y brazos caídos de las fuerzas de seguridad marroquíes; fomento del paso irregular mediante intoxicaciones digitales y públicas …

Una vez mezclado y agitado dicho mejunje, -siempre mejorable con pertinentes ingredientes ad hoc - se podrá embotellar para los habituales opinadores más vociferantes de este lado del piélago para un roto y un descosío, que defienden con redoblada testosterona la sencillez de las soluciones para la inviolabilidad de la península, tal esas vírgenes que buscaba profanar el traidor D. Julián-Goytisolo. Les permitirá también obtener retrosabores autóctonos de esos marroquíes y otros africanos - la mayoría, jóvenes que se han jugado la vida, con más de un centenar – y subiendo - que la han perdido. Creyeron que lejos del sur global, el supuesto norte del sur era ya Jauja, ahogados por tiktokeros de las redes en busca de beneficios, y/o esperanza de apoyos gubernamentales, familiares, solidarios en España y el resto de Europa.

Este cóctel Magrebtov se podrá entonces exportar a los socios europeos, a la prensa global y agitadores políticos mundiales, hundido el breve efecto positivo de la Roja. Será de uso tanto como dopaje y/o antídoto para opinadores replicantes de reality show de gente manipulada, desesperada y/o sin perspectivas, dispuestos, tras su ingestión, a nadar 5 quilómetros a mar abierto para fenecer o llegar exhaustos y sin recursos a una ribera en la que te rechazarán. También la añada de julio de 2026 amargará a los residentes ceutíes con el regusto de esta nueva “expedición” a lo D. Julián, a pesar de que la mayoría se haya comportado sin alardes racistas o xenófobos con sus primos centenarios, mientras los gobiernos de todo tipo les han dejado desde hace largo tiempo sin respuestas, por lo menos, medios algo más disuasorios para evitar la saga de cadáveres flotantes, y ahora, con su urbe temporalmente en el caos … Por cierto, que se está evaluando si dicha bebida sería también sucedáneo preventivo para los que recelan de las invasiones de turistas en ciudades del Mare Nostrum.

Tras abundante ingestión de este contra-mito-aperitivo de D. Julián por parte de esos nuevos Hernán Cortés de alta cuna, los cuales piden palo y tentetieso y no parecen haber tenido suficiente con estos hundidos y desarrapados y la angustia de los suyos, el que quiera beber un sorbo de poción mágica a lo James Bond y sabor de irreductible aldea de la piel de toro, que vaya tirando la primera piedra para platos de resistencia venideros: mañana será otro día, [y] la invasión recomenzará, como bien advertía la clausura de aquel D. Julián de hace cinco décadas y medio.

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