Muere María Quintás, vecina de 109 años de Xinzo da Costa, Maceda
OBITUARIO
Muere María Quintas Gómez, una de las mujeres más longevas de Galicia tras celebrar los 109 años con el recuerdo intacto de su infancia en Xinzo da Costa, Maceda
La ourensana María Quintas Gómez, nacida en Xinzo da Costa, en Maceda, el 1 de marzo de 1917,murió en la madrugada de este domingo en la residencia de mayores de Caranza, en Ferrol, donde vivía desde hacía más de siete años. Con 109 años recién cumplidos, era una de las personas más longevas de Galicia y un ejemplo de lucidez, carácter y fortaleza hasta el final de su vida.
Su infancia estuvo marcada por la dureza de la época. Creció en una familia de tres hermanos y perdió a su padre cuando tenía solo siete años, lo que provocó la separación de los hermanos entre las ramas paterna y materna. A los 12 años fue enviada a servir a una casa en A Coruña, con doce hijos, donde comenzó una vida de trabajo incesante que se prolongaría durante medio siglo. Tras quince años en aquel hogar, pasó a trabajar en la pensión y posteriormente en el hotel La Provinciana, donde desempeñó todo tipo de tareas, desde la cocina hasta la costura, la limpieza o la atención a los huéspedes.
María no tuvo oportunidad de ir a la escuela, pero aprendió a leer ya adulta gracias a un curso dominical organizado por los Franciscanos, un logro que recordaba como una de sus mayores alegrías. También dedicó muchos años a labores sociales vinculadas a la Iglesia, recorriendo A Coruña para cobrar recibos casa por casa, un trabajo que nadie quería asumir y que ella aceptó con la misma entrega que todo lo demás.
No formó una familia propia, pero nunca estuvo sola. Atendió primero a su madre, después a su hermana viuda y a sus sobrinos, a quienes permaneció unida toda su vida. Siempre decía que, pese a no haber tenido hijos, había cuidado de muchos como si lo fueran.
Su carácter era tan firme como honesto. No soportaba la hipocresía ni las quejas vacías, y defendía decir la verdad solo cuando era necesario y a quien correspondía. “No me gusta esta gente que se pasa el día quejándose y no es capaz de decir las cosas a la cara. Aquí más de uno se queja de la comida o de otra cosa y si viene la directora y les pregunta dicen que todo está perfecto. Yo no valgo para eso”, decía. También que la vida le había enseñado a callar cuando es necesario. “A veces es mejor no ser sincero, tienes que saber bien a quién tienes enfrente para saber si es preciso decir la verdad o no”. Conservó el humor y la claridad mental incluso cuando la vista comenzó a fallarle, ya con más de cien años. Aun así, mantenía la capacidad de relativizar: perder visión a los 107 años, decía, era casi un privilegio.
En la residencia de Caranza encontró tranquilidad y afecto, y allí pasó sus últimos años, participando incluso en excursiones pese a sus dudas iniciales. Sostenía que le gusta mucho comer, “tengo buen diente”, decía siempre y prefería la carne al pescado no haciéndole ascos a un choricito curado de su tierra, esa que abandonó siendo niña. “El pan me ha gustado mucho, ahora como poco, en casa me ponía a comerlo mientras cocinaba y cuando llegaba la hora de comer ya no tenia hambre”, recordaba al Diario de Ferrol en un reportaje al cumplir 107 años.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último