Jaime Izquierdo, geólogo y escritor en Monterrei: “Como no se gestiona el monte, puede ocurrir un desastre en un instante”

NUEVA ECONOMÍA

En Infesta, la aldea modelo del concello de Monterrei, el geólogo y escritor Jaime Izquierdo ha defendido la necesidad de repensar el papel de las aldeas y construir una nueva economía rural que frene el abandono, los incendios y la pérdida de población.

El geólogo y escritor asturiano Jaime Izquierdo Vallina, en Infesta.
El geólogo y escritor asturiano Jaime Izquierdo Vallina, en Infesta. | C.L.M.

El geólogo y escritor asturiano Jaime Izquierdo, defensor de los valores y la conservación de la vida en el mundo rural y de la naturaleza, estuvo recientemente en Infesta, la aldea modelo del concello de Monterrei, para hablar de su último libro, “Una nueva economía para la aldea del siglo XXI”.

Pregunta. ¿En qué situación se encuentra la aldea gallega y cuál es su futuro con la tendencia actual y la dispersión geográfica histórica?

Respuesta. Hay un dicho: “Si la vida te da limones, haz limonada”. Pues si el territorio te da aldeas, haz “aldeanadas”, en el sentido de que, con todas esas pequeñas entidades de población que tenemos en los territorios, seamos capaces de diseñar una política específica para ellas. Necesitamos repensar su papel en el territorio para que lo manejen, para que nos eviten los incendios, para que nos traigan lo más diversificado de las pequeñas economías agroalimentarias locales y para que nos hagan paisaje. Estamos en una situación de toma de conciencia política sobre la importancia del tema.

P. ¿Cómo se logra un equilibrio con el aprovechamiento del medio para fijar población y generar empleo?

R. El concepto de conservación de la naturaleza pivota sobre dos realidades: la cultura del territorio y la posibilidad de generar en ese territorio una economía pertinente. Esta última es la que no solo produzca beneficios económicos y monetarios, sino que, al mismo tiempo, genere conservación de la naturaleza. Y ese es el gran reto. Necesitamos esa reforma de la teoría de conservación porque, en una visión de los años 80, se planteaba que la economía era contraria a la ecología. Pero no: la economía pertinente es un desencadenante importante para la conservación de la ecología local. Eso era algo que se sabía hacer en la aldea y que tenemos que volver a hacer.

P. El año pasado el fuego arrasó la comarca de Monterrei, ardieron incluso viviendas habitadas en A Caridade. ¿Cómo podríamos evitarlo?

R. Para que se produzca un gran incendio forestal tienen que darse tres cuestiones. Condiciones favorables, el cambio climático es un acelerante que favorece las condiciones. Un desencadenante, tiene que haber alguien (o algo, como un rayo) que produzca una chispa. Y un determinante, el combustible. Sobre el determinante es donde podemos intervenir más claramente. Necesitamos hacer un paisaje en mosaico. La culpa de los incendios no es el cambio climático; es la existencia de mucho combustible acumulado en el territorio debido a que ya no se aprovecha la biomasa para producir proteína y alimentación, como se hacía en el mundo rural tradicional. El monte no está gestionado ni para bien ni para mal, y eso es un desastre que puede ocurrir en cualquier momento. Las economías de aldea eran economías orgánicas que manejaban lo orgánico para producir economía. La única economía capaz de manejar los territorios para evitar riesgos ambientales a la ciudad sería la economía de la aldea.

P. El rural pierde población y servicios, ambos ligados.

R. Estamos en esa situación: las economías pujantes siguen siendo las urbanas. La posibilidad de generar una nueva economía y una nueva forma de vivir con bienestar en las aldeas puede hacer que cambie la tendencia. Sin embargo, yo ya no lo voy a ver en vida. Es un proceso de transformación que nos va a llevar por delante. Hay que seguir sentando las bases, pero tardaremos varias generaciones en ver realidades palpables. Hay ciertos elementos que demuestran un cierto regreso al rural, pero es aún insuficiente.

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