Canadá apuesta por Europa pese a las amenazas de EEUU

RELACIONES COMERCIALES

Mark Carney defendió en Estrasburgo estrechar lazos tras la propuesta de un estatus inédito

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ayer en Estrasburgo.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ayer en Estrasburgo. | Alexis Haulot

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, defendió ante el pleno del Parlamento Europeo, reunido en la ciudad francesa de Estrasburgo, que “Europa y Canadá son más fuertes juntos” y apostó decididamente por profundizar su alianza con la Unión Europea para reforzar la autonomía estratégica de ambas partes. La intervención del mandatario canadiense ante los eurodiputados se produjo un día después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propusiera que Canadá se convierta en “el primer miembro asociado” de la Unión Europea como parte de una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Se trata de un estatus que no existe actualmente en el bloque comunitario y cuya propuesta generó sorpresa en las capitales europeas.

Sin embargo, el anuncio de esta iniciativa provocó la rápida y contundente reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien amenazó con aplicar “aranceles muy serios o dejar de comerciar con Europa” si se concreta la oferta a Ottawa, al considerarla como un “acto hostil” hacia su país.

El presidente estadounidense insistió en que impondría gravámenes “muy severos” a la Unión Europea, aunque posteriormente matizó que solamente tomaría esa decisión en el caso de que Bruselas proceda “con mala intención”, si bien evitó precisar qué entendería exactamente por buena o mala intención.

Al ser preguntado por las amenazas de Trump, Carney declaró ante los periodistas que los canadienses están unidos en que nadie les va a dictar qué idioma hablan, su cultura ni con quién pueden cerrar acuerdos en el ámbito internacional. En este contexto, la Unión Europea y Canadá, que ya disponen de una tupida red de acuerdos comerciales y sectoriales bilaterales, han buscado estrechar sus lazos durante los últimos meses frente a los aranceles comerciales y la insistente retórica del presidente estadounidense. A las severas críticas expresadas por la Casa Blanca se sumó el desconcierto entre los Veintisiete Estados miembros de la Unión Europea sobre el estatus de “miembro asociado”.

Fuentes diplomáticas de varias capitales europeas confirmaron que las cancillerías no fueron consultadas sobre esta figura e indicaron que existe una notable incertidumbre respecto a qué quiso plantear exactamente la presidenta del Ejecutivo comunitario y cómo podría articularse jurídicamente una relación de estas características, aun manteniendo su respaldo a aumentar la cooperación. Para esclarecer el marco de la iniciativa, un portavoz de la Comisión Europea admitió que esta figura inédita empezará a tomar forma en la cumbre bilateral entre la UE y Canadá a finales de octubre.

“No estoy proponiendo un tercer bloque como rival de las grandes potencias”

Mark Carney detalló con precisión los pilares de la “alianza para el futuro” que plantea construir junto a la Unión Europea. Quiso dejar claro desde el principio lo que esta iniciativa no pretende ser, descartando explícitamente la creación de un nuevo polo de poder internacional. “Quiero ser preciso sobre lo que no estoy proponiendo. No estoy proponiendo un tercer bloque para convertirnos en un rival de las grandes potencias, solo que con mejores modales”, afirmó el mandatario ante el hemiciclo comunitario.

Carney explicó que la Unión Europea y Canadá no persiguen el poder para dominar a otros países. Por el contrario, subrayó que ambos socios buscan “la resiliencia para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos, menoscabar nuestra soberanía, amenazar nuestra integridad territorial, o socavar nuestras libertades, nuestras democracias, nuestro Estado de derecho”. El líder canadiense indicó que el objetivo final no es lograr la autosuficiencia, sino alcanzar una “resiliencia colectiva” que sirva como faro para otras democracias del mundo. En cuanto a las propuestas, Carney abogó por articular una mayor integración y regulación en capacidades estratégicas clave. Entre estos sectores incluyó la gestión de minerales críticos, la capacidad industrial de defensa, la inteligencia artificial, la computación, la seguridad energética y el espacio, además de la puesta en marcha de un mercado integrado de servicios financieros. Asimismo, reclamó un comercio digital sin fricciones en bienes no agrícolas y servicios, la construcción de conexiones de banda ancha seguras entre Europa y Asia y el refuerzo de la movilidad de los jóvenes.

Para ilustrar su visión sobre la unión transatlántica, Carney recurrió al valor de la batalla de la cresta de Vimy de la Primera Guerra Mundial. El primer ministro recordó a un soldado que trajo bellotas del frente francés para plantarlas en su país: “Hoy, esos mismos robles de Vimy crecen en Canadá y en Francia, prueba viva de que lo que cultivamos juntos puede sobrevivir al invierno más oscuro y volver a florecer”.

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