QUEJAS DE LOS VECINOS
El turismo estival dispara las críticas por el ruido en O Carballiño
QUEJAS DE LOS VECINOS
Una de las escenas que deja el verano en O Carballiño es la de quienes alargan la noche fuera mientras otros en casa intentan descansar. Durante estos meses, las calles, terrazas y bares se han llenado de gente hasta bien entrada la madrugada. Para algunos vecinos y visitantes, ese ambiente forma parte del atractivo de la época estival; para quienes viven cerca de las zonas más concurridas, en cambio, la fiesta puede convertirse en una molestia.
Ahora que agosto ha llegado a su fin, el balance de esta convivencia plantea una pregunta: ¿dónde está el equilibrio entre disfrutar del ocio nocturno y dejar dormir?
“Aquí en la noche sale todo el mundo. Salen mujeres, gente mayor, hombres solos, niños… Hay de todo”. Lo cuenta Pilar Álvarez, descendiente de gallegos y residente en Venezuela, que este verano regresó a la villa tras 14 años sin visitarla. Desde que llegó junto a su marido, José Vázquez, se ha aficionado al “terraceo” y ambos aseguran estar “encantados”. Hasta la hora a la que suelen retirarse, poco después de la medianoche, no han presenciado situaciones conflictivas.
Entre los residentes, también hay quien comparte esta visión. “El ambiente nocturno en O Carballiño está bien, sobre todo en verano, porque viene gente de fuera y hay más actividad”, considera Aitana López, de 22 años. Para ella, que las calles estén llenas no supone un problema: “Es un lugar tranquilo y hay variedad de opciones para divertirse”.
En la otra cara de la moneda está Conchi Soto, que habla en nombre de los vecinos de la calle Caridad, de mucho movimiento en verano. Su principal queja es el ruido y el incumplimiento de los horarios de descanso por parte de algunos locales y de quienes salen por la noche. “Entiendo que haya fiesta, pero mucha gente que trabaja no descansa, porque muchas veces hay música hasta más allá de las tres de la mañana”, critica.
No es, dice, la única vecina que se siente así. En su calle están “muy quemados” y acuden habitualmente a las autoridades municipales para pedir medidas, aunque “el problema persiste” y se acentúa en los meses de julio y agosto. Guadalupe Cruz también sufre estas molestias y añade otra: algunas personas utilizan los espacios próximos a su vivienda como “baños públicos”. “Dejan todo sucio, con papel higiénico, toallas sanitarias… También hay muchos gritos y con la música no podemos descansar”, lamenta.
El alcalde en funciones de O Carballiño, José Castro, reconoce el conflicto entre ocio y descanso y sitúa el cumplimiento de la normativa vigente como clave para compatibilizarlos. “Ya se han impuesto multas a locales que incumplen lo estipulado y, si las infracciones se acumulan y no se cambia de actitud, se puede llegar hasta el cierre del establecimiento”, explica. Una línea de actuación que encaja con el modelo turístico que defiende el concejal de Turismo, Manuel Dacal: “Con mucho dinamismo, pero conforme a las normas para que los vecinos puedan estar tranquilos”.
Desde uno de los locales de la villa con mayor afluencia, un propietario que ha preferido mantener el anonimato defiende la necesidad de mantener la actividad hostelera durante los meses estivales, aunque siempre respetando las condiciones establecidas: “Nuestro trabajo es atender a la gente. Ponemos la terraza hasta la hora que nos permiten legalmente y alargamos el horario cuando podemos. Entiendo a los vecinos, porque se arma barullo, pero si no pudiéramos mantener la terraza y la música dentro de los límites permitidos, tendríamos que cerrar, porque en verano prácticamente toda la actividad se concentra en el exterior”.
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