El magosto en Castro de Beiro enciende la tradición

500 COMENSALES

Castro de Beiro celebra el 42 aniversario del magosto cultural. Los vecinos de la localidad se volcaron en la fiesta, pero también llegados desde otros puntos.

Costillas de cerdo y chorizos, fueron el aperitivo del magosto en Castro de Beiro.
Costillas de cerdo y chorizos, fueron el aperitivo del magosto en Castro de Beiro. | Marcos Atrio

Moncho Piñeiro, secretario de la asociación de vecinos, camina entre cortinas de humo con el entusiasmo de saberse oficiante de bienvenidas y reencuentros.

En Castro de Beiro, suman cuarenta y dos los magostos culturales, convirtiéndose esta comunidad en la más veterana de Ourense en celebrar esta arraigada festividad. El olor de las castañas y los asados invaden olfatos. Un niño baila en el centro de un corro al compás de “Os Afinantes”, mientras que el puntual ruido de un fuego artificial detonado, opaca por unos segundos la normalidad del bullicio.

Cerca de 500 comensales se reunieron en la carpa de Castro de Beiro.
Cerca de 500 comensales se reunieron en la carpa de Castro de Beiro. | Marcos Atrio

Moncho Piñeiro busca a Marina Álvarez y la coloca frente a la cámara. Marina sonríe y comenta sobre los preparativos para dejar todo a punto, desde picar la leña, acomodar mesas o aderezar la carne. Acumulan pocas horas de sueño, la ocasión así lo demanda. Los cerca de 500 comensales transitan dentro y fuera de la carpa levantada para el encuentro.

Moncho Piñeiro, secretario de la asociación de vecinos.
Moncho Piñeiro, secretario de la asociación de vecinos. | Marcos Atrio
Marina Álvarez, una de las organizadoras.
Marina Álvarez, una de las organizadoras. | Marcos Atrio

Un dueto de rapaces del pueblo aledaño sonríen. Adriana Martiño y Miguel Quintas, ambos de 18 años, disfrutan la maravilla de lo tradicional. La música continúa impertérrita. Moncho Piñeiro aguza la vista ante cada reclamo. Parece inagotable.

Gerardo Gutiérrez ha regresado desde Alemania. Desde los 15 años vivió fuera de Ourense, pero esta vez, cumplidos los 67 la vuelta es definitiva. Aunque en cada noviembre, afirma categórico, viajaba para acudir al magosto.

Las insustituibles castañas llenaron las mesas del ágape.
Las insustituibles castañas llenaron las mesas del ágape. | Marcos Atrio

A pocos metros de la carpa, la estatua de un gaitero parece interpretar en notas de piedra, el ruido jovial del ágape. Castro de Beiro hace realidad el hechizo de esa Galicia mágica, de las esencias y los abrazos conjurados en un espectacular verde bautizado de otoño.

Moncho Piñeiro continúa indetenible, el magosto ourensano desconoce de cansacios o adversidades climáticas.

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