Las 8M de Támara Echegoyen

LA OPINIÓN

Publicado: 08 mar 2026 - 03:20
Echegoyen y Toro, con su oro olímpico.
Echegoyen y Toro, con su oro olímpico. | Europa Press

Dieciséis mujeres reunidas por Hipodamía recibieron el encargo de organizar unos Juegos en honor a Hera en los que solo compitiesen muchachas. Las 16 féminas tejían un peplo a la diosa, hermana de Zeus, para convocar la competición. El dios del trueno ya tenía su certamen. Profundamente machista. Los Juegos Olímpicos nacieron vetando lo femenino en sus estatutos. Si una mujer era descubierta, se arrojaba monte abajo. Las solteras y prostitutas sí podían acceder para ofrecer casamiento o placer, lo mismo que ocurría con las poderosas, como la sacerdotisa Demeter o aquellas que poseyesen fortunas. Cosiendo, cosa que sí les permitían, las mujeres se rebelaron y crearon sus normas.

Desde entonces, se han ido arañando peldaños olímpicos. En 1900 Charlotte Cooper fue la primera campeona; en Amsterdam 1928 se incorporaron de manera oficial; en París 2024 se consiguió la igualdad efectiva de participantes y en 1984 nacía en Ourense, Támara Echegoyen.

El 11 de agosto de 2012 es un día difícil de olvidar. Un Elliot de 6 metros trajo la primera medalla olímpica para las mujeres de Galicia. La asturiana Ángela Pumariega iba en la proa; Sofía Toro en el medio y Támara en última posición, en la popa. La ourensana nunca ha sido de hacer ruido, sino de manejar un timón con el que ha construido un collage de fechas emancipadoras, un imperio empoderador.

Ocho mujeres, la justa mitad de aquellas que fundaron los Juegos Hereos, se lanzaron a la mar desde la isla de Ushant para bordar de nuevo la historia. Pero a diferencia de aquellas, que cosían un peplo para Hera; o de Penélope que tejía y destejía mientras Ulises navegaba, las tripulantes del Limosa fueron las verdaderas protagonistas, cosiendo para ellas mismas y para todas las que vendrán

Campeona olímpica, tricampeona mundial, campeona europea, Premio Nacional del Deporte, Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo y abanderada en París, tiene además dos diplomas olímpicos que no fueron metal por un suspiro.

En 2017 se subió al Mapfre de Xabier Fernández y partió desde Sanxenxo para ser la primera mujer española en completar la Vuelta al Mundo, la Volvo Ocean Race. Pero el reto más bárbaro de su carrera todavía aguardaba. En 1998, Tracy Edwards intentó completar el Trofeo Julio Verne, en lo que supondría la primera circunnavegación sin asistencias ni escalas para un equipo completamente femenino. Tristemente, el barco fue desarbolada en el Punto Nemo y el desafío quedó huérfano.

Alexia Barrier lo recuperó un cuarto de siglo después de la mano de “The Famous Project” y el teléfono de Támara sonó. Ocho mujeres, la justa mitad de aquellas que fundaron los Juegos Hereos, se lanzaron a la mar desde la isla de Ushant para bordar de nuevo la historia. Pero a diferencia de aquellas, que cosían un peplo para Hera; o de Penélope que tejía y destejía mientras Ulises navegaba, las tripulantes del Limosa fueron las verdaderas protagonistas, cosiendo para ellas mismas y para todas las que vendrán. Remendaron la red de pesca, arreglaron la vela mayor, repararon las roturas, recompusieron el sistema eléctrico y, sobre todo, navegaron hacia su destino con una fuerza descomunal, viento, oxitocina y sororidad.

Superaron olas de más de ocho metros, ráfagas de 50 nudos, vencieron a los cabos de Buena Esperanza, Leeuwin y el temido Hornos, domaron el Atlántico, el Pacífico y el Índico, se metieron en la garganta de Ingrid y arribaron, tras 57 días, 21 horas y 20 minutos, al lugar que se habían propuesto: el faro de Lizard Point. Solas. Para iluminar al mundo con su hazaña.

Este año, el 8M son ocho mujeres -Barrier, Dee Caffari, Deborah Blair, Annemieke Bes, Rebecca Gmür Hornell, Molly LaPointe, Stacey Jackson y, sobre todo, Támara Echegoyen- que zurcieron un mundo estropeado a base de puntadas certeras.

@jesusprietodeportes

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