Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
A ver si aprenden: 2+2=5
COSAS QUE NO CONVIENEN
1 El amigo gorrón. Que quizá se autoinvite en una fecha difícil y abusará de toda hospitalidad que se le ofrezca. Es posible que aparezca sin traer postre, que se lance sin piedad a los quesos mejores y que además se haga el listo en la sobremesa. Qué perezón.
2 El del bebé insoportable. Que llora desconsolado probando el poder de su voz contra el silencio. Un bebé desmandado, tirano y retador, que grita sin comprender todavía que el verdaderamente insoportable es su padre, por desatenderlo.
3 El del coche fardón. Que busca el saludo en un semáforo para que lo veamos ahí, gobernando esa cosa abusadora y llena de luces. Es terrible imaginarse que somos nosotros los que estamos dentro, enseñados, hacia afuera. Qué bochorno da sólo pensarlo.
4 La pareja aprovechategui. Que se hace el longuis mientras el otro cocina y se limita a tareas periféricas como poner malamente la mesa o predicar que ha traído agua del manantial de los tres caños u otros supuestos lujos no pedidos.
5 El desconocido criticón. Es muy funesto ponerse el traje de pequeño Torquemada para despedazar a todo bicho viviente desde la protección de nuestro aquelarre coleguista. Esa risión malévola es muy funesta pero también muy humana. Y a veces, divertidísima.
6 El de los niños que estrujan al gato. Y uno no sabe qué cara poner cuando el pobre bicho sufriente pide clemencia entre tanto magreo y el supuesto tutor legal de los torturadores no se da por aludido. Háganse cargo, dueños de monstruos.
7 El pelota que te vende. Qué horror eso de traicionar a algún inocente, cuando nos sentimos pequeñitos con el mundo y nuestro ego herido pretende salir a flote con algún crimen secundario, echando carnada al gran depredador. Alguien tiene que hacer de Judas. El teatrillo humano es así.
8 El que solo habla de sí mismo. Y uno desiste de sacarle cualquier tema ni compartir ilusiones o confidencias, porque sabe que la conversación terminará en un monólogo autorreferencial insoportable. Esta enfermedad ombliguista empeora además con los años.
9 El pellizcador de pantallas. Un humano enchepado cualquiera, de los que uno ve danzando por las esquinas, como penitentes pasando cuentas del rosario, buscando alguna cosa insondable en ese frotamiento. Nadie quiere ser ellos. Y ellos somos todos.
10 El que habla en el tren. Que está encantado de conocerse y aprovecha que le hace una call el jefe de ventas para contarle a todo el vagón paparruchas de la secta-gangrena del marketing con bien de kapeís, tope de conversión e insights a punta pala. Qué horror ese tipo. No queremos ser ese tipo. Nadie debería ser ese tipo.
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