Rafael Torres
La Alemania vaciada
Ante la fatalidad siempre hay un clavo ardiendo al que aferrarse para no perder del todo la esperanza: el 56% de los electores de la Alta Sajonia no han votado al partido neonazi Alternativa por Alemania. Claro que ese loable ejercicio de ver medio lleno el vaso que está medio vacío no conjura, ni mucho menos, la amenaza del neofascismo rampante en Europa, pero permite, asidos a ese clavo candente, apostar por la que podría ser la última oportunidad de explicar a cuantos se dejan arrastrar en las urnas por la mefítica corriente que esa chusma vendedora de falsos milagros sólo trae, como ha traído siempre, la destrucción de la libertad y de la dignidad humana.
Esto de vender apócrifos prodigios se le da bien a Ulrich Siegmund
Esto de vender apócrifos prodigios se le da bien a Ulrich Siegmund, el ganador con su Alternativa en las recientes elecciones sajonas: es un comercial, un tipo “simpatiquísimo”, con “don de gentes”, que ha hecho una pequeña fortuna vendiendo ambientadores. En la Alta Sajonia, donde se juntó el hambre del nazismo residual pero nunca muerto con las ganas de comer estalinistas durante su estadía en la RDA, apenas quedan dos millones de habitantes, y el 44% de ellos, al parecer, cifrando todas sus frustraciones (reunificación discriminatoria, crisis industrial, empeoramiento de los servicios...) en la existencia de una inmigración que suponen liquidadora de su “identidad”.
Si bien el peso político de la Alta Sajonia, emblema de la Alemania vaciada que ha perdido cerca de un millón de habitantes en las últimas décadas, es insignificante, el simbólico es ahora mucho mayor: regresa “democráticamente” al poder aquello que redujo a escombros a Europa y a la propia Alemania. Si finalmente gobierna Alternativa, lo hará sorteando el cordón sanitario, gracias al apoyo del BSW, un partido roji-pardo, comunista pero muy parecido a la AfD en su nacionalismo identitario, en su xenofobia y en su inspiración pro-rusa, de suerte que si el desventurado Muñoz Seca levantara la cabeza vería que, en efecto, “los extremeños se tocan”. Tal está ocurriendo en la Alemania vaciada que anuncia con siniestra trompetería el vaciamiento de la democracia en Europa.
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