Marruecos gana peso en Washington

CUENTA DE RESULTADOS

La relación entre EEUU y Marruecos desborda la cooperación militar: el Sáhara, Israel, las cadenas de suministro, la energía y la tecnología elevan su valor estratégico y obligan a España a moverse.

Publicado: 06 sep 2026 - 05:50
El puerto de Tánger Med, el más grande de África.
El puerto de Tánger Med, el más grande de África. | Europa Press

En Ceuta pasó lo que pasó y toca reflexionar. La relación entre Estados Unidos y Marruecos está experimentando una transformación que merece ser observada desde España sin alarmismo, pero tampoco con indiferencia. Durante décadas, el vínculo entre Washington y Rabat descansó sobre una asociación histórica, la cooperación militar, la lucha contra el terrorismo y la estabilidad del Magreb. Todo eso permanece, pero sobre aquella estructura se está construyendo otra relación mucho más ambiciosa, en la que la geoeconomía empieza a ocupar un espacio comparable al de la seguridad. Marruecos interesa cada vez más por lo que puede ofrecer en cadenas de suministro, energía, industria, tecnología y acceso a África, sin perder de vista el control del Estrecho.

Desde que Marruecos normalizó sus relaciones con Israel en 2020, en paralelo al reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Washington abrió un camino diplomático que reforzó la estrategia de Rabat y que después encontró eco en Europa: Alemania pasó a considerar el plan de autonomía una base seria y creíble, España lo asumió en 2022 como la propuesta “más seria, realista y creíble” y Francia dio un paso más en 2024 al respaldar la soberanía marroquí sobre el territorio. El Sáhara Occidental se ha convertido en el principal elemento de la relación bilateral y en el mayor éxito conseguido por la diplomacia marroquí en Washington. Desde que EEUU reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el territorio, Rabat ha trabajado para transformar aquella decisión en una realidad diplomática difícilmente reversible. Pero hay más claves que el Sáhara e Israel: el cambio responde también a una transformación de las prioridades estadounidenses. La competencia entre EEUU y China ha convertido conceptos que hace apenas una década pertenecían al vocabulario empresarial –nearshoring, seguridad de suministro, minerales críticos o autonomía industrial– en asuntos de política exterior. Washington busca socios capaces de ofrecer estabilidad política, costes competitivos, infraestructuras, acceso comercial y una posición geográfica útil. Marruecos reúne una combinación poco frecuente de esas condiciones. Su acuerdo de libre comercio con EEUU constituye una ventaja significativa, a la que suma su proximidad al mercado europeo, una creciente base industrial y logística y su vocación de puerta de entrada hacia África. Tánger Med –el complejo portuario y centro logístico más grande de África– simboliza esa transformación. Marruecos se convierte así en un nodo entre el Atlántico, el Mediterráneo y el continente africano, mirando a España.

El reto para España no es frenar a Marruecos, sino evitar que su ascenso reduzca el peso relativo de Madrid en Washington.

La industria del automóvil ofrece otro ejemplo revelador. Marruecos ha desarrollado durante los últimos años un ecosistema industrial alrededor de fabricantes y proveedores internacionales y pretende avanzar hacia actividades de mayor valor añadido relacionadas con el vehículo eléctrico, las baterías y sus componentes. Disponer de capacidad industrial próxima a Europa y vinculada comercialmente a EEUU aumenta el atractivo marroquí. Marruecos también resulta valioso para EEUU por su capacidad para relacionarse con las monarquías del Golfo, al tiempo que se proyecta hacia África occidental y el Sahel. Pese al enorme impacto político y social de la guerra de Gaza, Rabat conserva su relación con Israel.

@J_L_Gomez

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