Román Pedreira Jordedo
DIARIO LEGAL
¿Puede un copropietario al 50 % solicitar el desahucio por impago pese a la oposición del otro?
TRIBUNA
Parece el título de un nuevo mandamiento. Y tal vez pueda serlo. La realidad es que los antibióticos representan un antes y un después en la medicina moderna. Han salvado, salvan y salvarán millones de vidas. Han posibilitado tratamientos e intervenciones quirúrgicas que en el pasado entrañaban enormes riesgos. Sin embargo, su eficacia no está siempre garantizada. Y es que las resistencias a estos medicamentos constituye una amenaza permanente para la salud pública. Para contrarrestarla es necesario el compromiso profesional, la responsabilidad ciudadana y determinadas estrategias sanitarias.
Conocemos que los problemas aparecen cuando las bacterias desarrollan mecanismos de resistencia antibiótica. Por su culpa las infecciones causadas serán más difíciles de tratar, las hospitalizaciones más prolongadas y el riesgo de complicaciones se incrementará. No estamos ante una amenaza futura, ya que preservar la eficacia de los antibióticos es una necesidad presente.
Galicia tiene motivos suficientes para mantener este desafío entre sus prioridades sanitarias. Según los datos del SERGAS correspondientes a 2023, el consumo de antibióticos en atención primaria alcanzó las 24,04 dosis diarias definidas por cada mil habitantes y día, frente a las 22,53 registradas en el conjunto de España. El informe también señalaba un mayor consumo de antibióticos de amplio espectro en Galicia. Son los últimos datos oficiales disponibles.
Para ello, resulta esencial la colaboración entre profesionales de medicina, farmacia, microbiología y enfermería, junto con la vigilancia de los patrones de consumo y sensibilidad bacteriana.
En este contexto, el Programa de Optimización del Uso de Antibióticos (PROA) del Servizo Galego de Saúde desempeña una función fundamental. Su propósito es promover tratamientos más adecuados, mejorar la seguridad de los pacientes y contribuir a frenar la aparición de resistencias. Para ello, resulta esencial la colaboración entre profesionales de medicina, farmacia, microbiología y enfermería, junto con la vigilancia de los patrones de consumo y sensibilidad bacteriana.
Optimizar el uso de antibióticos implica utilizarlos mejor. Exige escoger el fármaco apropiado, ajustar la duración del tratamiento a la patología del paciente y revisar la prescripción cuando se dispone de nueva información. Porque tan perjudicial puede ser administrar un antibiótico innecesario como retrasar un tratamiento imprescindible.
La ciudadanía desempeña también un papel decisivo. Los antibióticos no curan la gripe ni el resfriado común, porque estas enfermedades no están causadas por bacterias. Estas medicinas no deben compartirse, guardarse para otra ocasión, ni tomarse sin indicación profesional. Igualmente la prevención de infecciones, la vacunación y el cumplimiento de las pautas prescritas contribuyen a reducir riesgos.
El PROA no es solo un programa clínico; representa una inversión en la seguridad de los pacientes de hoy y en las posibilidades terapéuticas del mañana.
Su éxito depende de la formación, la coordinación de los equipos y la evaluación continua de los resultados.
Los antibióticos no son un recurso inagotable. Utilizarlos con responsabilidad es la salvaguarda de una herramienta esencial de la medicina. Porque el reto no consiste únicamente en curar las infecciones de hoy, sino en garantizar que podamos seguir derrotándolas mañana.
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