Xose A. Perozo
PENSAR POR PENSAR
Cara ao motín de Esquilache
CARTAS AL DIRECTOR
Cuando se ven películas, reportajes o documentales sobre la lucha obrera del siglo XX y se comparan con la situación actual, uno se da cuenta de que los trabajadores estamos más solos que la una. Hoy los sindicatos parecen meros convidados de piedra si los comparamos con sus antecesores.
Esa soledad laboral también se refleja en la vida privada. Aumentan las separaciones, apenas hay nacimientos y crece el número de personas longevas que viven solas, señal de que nos estamos convirtiendo en una sociedad muy distinta a la del pasado.
Seducidos y abducidos por la tecnología, sin darnos cuenta -o quizá sí- vamos acercándonos a ser esos robots y algoritmos que tanto criticamos. Nos relacionamos cada vez más a través de pantallas y cada vez menos cara a cara.
Si hay un espacio donde todavía se produce una fuerte conectividad humana, es el deporte. Allí defendemos a capa y espada los colores de nuestro club, en una pasión que recuerda, de alguna manera, aquellas manifestaciones y huelgas en las que se reclamaban mejoras salariales y derechos laborales.
Tal vez no sea exagerado decir que hemos cambiado de tipo de lucha y también de compañía humana. No sé si llamarlo soledad deseada o, más bien, una soledad que hemos aceptado sin darnos cuenta. ¿Y las relaciones sociales para cuándo?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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