Crónica protesta de verano

De impuestos, tasas turísticas y el abandono gubernamental de España. Necesitamos más Estado.

Visitantes en A Coruña durante el Salón del Cómic.
Visitantes en A Coruña durante el Salón del Cómic.

Mirando al mar y a la ciudad, entre las playas de Riazor y Orzán, dos banderas ondean y jalean con su oleaje ventoso a la Torre de Hércules. Son las banderas de España y de Galicia, erguidas en hermandad ante el empuje del Atlántico. A Coruña es una ciudad hermosa, como Lugo, Ourense, Pontevedra o Ceuta, pero te recibe en obras y con una tasa turística de 4 euros + IVA por noche, no incluida en el importe del hotel, para que el consistorio pueda pagar sus cosas.

Ni en Ceuta ni en Melilla se paga tasa turística: no se la cobraron a Feijóo en su visita reciente ni a los 80.000 inmigrantes que asaltaron España. En Estocolmo, por ejemplo, la tasa es de una corona estés el tiempo que estés (al cambio 11 coronas son 1 euro) que después te devuelven. En Barcelona son 11 euros por noche y en Madrid no se cobra porque el ayuntamiento considera que no hay que penalizar a un sector estratégico como el turístico que ya genera beneficios suficientes y es fuente de riqueza y empleo. No le falta razón al gobierno municipal madrileño dadas las circunstancias y la cantidad de tasas e impuestos municipales, autonómicos y estatales que pagamos, porque de un tiempo a esta parte, cotizamos hasta por respirar y existir. Más le valiera a este Gobierno desleal con los españoles emplear su afán recaudatorio en defender la frontera española en Ceuta y Melilla, tal y como ha hecho Feijóo en ausencia de Pedro Mareta, de vacaciones por cierre veraniego y agazapado en bañador pese al cerco de la corrupción.

Eso de que al testaferro de Zapatero, Julio Martínez, alias Julito, no le hayan hecho una inspección tras más de 3 años sin hacer la declaración de la renta, no solo es incomprensible y sospechosamente censurable, cuando no presuntamente delictivo, sino que nos deja a los españoles con cara de tontos por consentir una España desigual entre territorios y ciudadanos. A eso se suman los favoritismos, condonaciones e inversiones en Cataluña y Euskadi, tierras de los socios preferentes de Sánchez, y el trato de favor a Marruecos, que para el sanchismo parece un amigo invasor con derecho a okupar territorio español.

Imaginemos ahora, por un momento, que el alcalde de Sanxenxo, seguramente la localidad gallega más turística de Galicia junto con Santiago de Compostela, decidiera cobrar la tasa turística y sangrar cada ocupación de plaza hotelera como hace la alcaldesa de A Coruña. Sería una decisión difícil de explicar a los hosteleros y empresarios de la restauración y tremendamente impopular, porque los turistas que veranean en un lugar determinado como Sanxenxo o Santiago, ya pagan el IVA de sus compras, de sus hoteles y de sus comidas. Pero claro, aquí tienen que pasar el cepillo todos, y hasta la alcaldesa de Santiago recauda por tasa turística porque es demasiado goloso no pillar cacho de la tarta del turismo. Realmente, en forma de IRPF, tasa o como se quiera llamar, la carga impositiva ha subido con el sanchismo más de un 31 por ciento. Desde 2018 los impuestos directos han aumentado con Pedro el recaudador en 1700 euros al año por hogar, batiendo récords sucesivos históricos de ingresos hasta superar los 325.000 millones de euros. En total se acumulan 150 modificaciones al alza de gravámenes, subidas de cotizaciones sociales y recortes de deducciones. Desde 2017 cada español ha pasado de pagar 4157 euros a 6.500 anuales, lo cual no se refleja en las infraestructuras y el buen funcionamiento de servicios como los trenes del tuitero Puente, que tiene la mayor parte de la A-6 con más baches que cualquier comarcal de la red de carreteras de Galicia.

No es demagogia recordar que con nuestros impuestos se financian las vacaciones del presidente del Gobierno o se puede financiar la defensa del territorio español ante eventuales invasiones migratorias. Pero el afán recaudatorio deriva en un reparto injusto por territorios muy desigualitario en función de la conveniencia pactista del interesado inquilino de la Moncloa. Si a eso le añadimos en qué se gastaban nuestro dinero algunos de los protagonistas estelares del sanchismo como Ábalos no hay más que decir, señoría. Y si sumamos los abusos de la corrupción, la colocación de amiguitas en empresas públicas y las joyas de ZP, el asunto de los impuestos cabrea y mucho a la sociedad española, porque el dinero recaudado, como los fondos europeos, se usa para dopar electoralmente al que gobierna y no revierte en beneficio ciudadano ni de Estado.

Pagamos por todo, repito, por respirar, por existir, por vivir. Señores gobernantes, necesitamos un respiro, menos corrupción y mejor uso de nuestro dinero de los impuestos en servicios, infraestructuras y la defensa fronteriza de España. Entre las playas de Riazor y Orzan, con la liga ya en marcha, y el Depor y el Celta en primera, ahora solo queda que el alcalde de Vigo invente una tasa navideña para pagar las lucecitas de su campaña política anual a costa de la iluminación de Navidad. Ya que Abel se está pensando lo de la tasa turística, conviene tener en cuenta que poderoso “Caballero” es don Dinero.

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