Miguel Anxo Bastos
La inmigración fragmenta la Unión Europea
Hace unos años, en plena crisis económica, se temía la fragmentación del euro, y con ella la de la Unión Europea, debido a la crisis de deuda griega y a la reticencia de muchos países a desembolsar más fondos para atender a las consecuencias sociales que la escasez de fondos en este país había causado. La Unión se dividió entre países frugales y países manirrotos y se llegó a proponer la expulsión de Grecia de la Unión. Salvado este escollo, la Unión se enfrentó al brexit, la gestión del covid que suspendió la libertad de circulación entre estados, las divisiones en torno o a la guerra de Ucrania y aunque maltrecha fue saliendo del paso en cada uno de estos acontecimientos. El último gran desafío, en cambio, el de inmigración descontrolada, puede hacerle mucho más daño, básicamente porque no es un evento temporal sino permanente en el tiempo, y porque es un fenómeno que puede alterar severamente la correlación de fuerzas políticas dentro del Parlamento, el Consejo y la Comisión Europea, de hecho ya lo está haciendo, aunque al quedar varios años para las próximas elecciones europeas aún no se percibe en toda su plenitud.
Los acontecimientos recientes de Ceuta han contribuido a avivar la polémica entre las distintas visiones alrededor de los fenómenos migratorios que se dan en el seno de los distintos gobiernos de la UE, y también en el debate político interno dentro de cada estado. Por un lado están países como Italia o Dinamarca que reclaman endurecer la política migratoria, incluyendo establecer centros de deportación de emigrantes ilegales en Albania, Ruanda o otros países poco atractivos para quien quiera acceder al espacio europeo sin permiso. Por el otro países como España, y en menor medida Portugal, que mantienen la vieja política de aceptar los hechos e intentar integrar al inmigrante ilegal. La Comisión Europea y cada vez más países van lentamente suscribiendo la primera de las posturas, como se pudo ver en la crisis de Ceuta, en la que se llegó a solicitar la limitación del espacio de libre circulación para los provenientes de España. Esto es, se comienza a cuestionar la pertinencia de mantener el espacio europeo de libre circulación de personas, que había sido uno de los grandes logros de la Unión Europea, en el camino a la creación de una ciudadanái común.
Ha aparecido un movimiento social que promueve un Manifiesto para Salvar Europa, y que reclama una revuelta de Europa contra la Unión Europea, en el sentido de que ven a esta última como culpable del actual desorden migratorio, cuando no implicada en una política de reemplazo demográfico
No es este el único problema para la Unión. Ha aparecido un movimiento social que promueve un Manifiesto para Salvar Europa, y que reclama una revuelta de Europa contra la Unión Europea, en el sentido de que ven a esta última como culpable del actual desorden migratorio, cuando no implicada en una política de reemplazo demográfico. Renaud Camus, un escritor francés, popularizó, entre líderes políticos europeos y segmentos cada vez más relevantes de opinión la idea de que la población blanca cristiana está siendo reemplazada por poblaciones de otros orígenes que no comparten estos mismos valores. Este reemplazo estaría dirigido por poderes globalistas, entre los que las élites políticas de la Unión Europea jugarían un papel muy relevante. De ahí la eurofobia que muestran muchos líderes políticos de las nuevas derechas y que, dados los buenos resultados que este tipo de fuerzas están obteniendo en el viejo continente se está transformando en un serio frenazo de los procesos de integración. Las imágenes de Ceuta, sea o no cierta la teoría del reemplazo, desde luego están haciendo mucho por reforzarla, y la mala gestión de las mismas por parte del Gobierno español parece que tampoco hace mucho por desmentirla. Hace unos años nada hacia prever la realidad actual, pero me temo que la Unión tiene ahora un enemigo con el que no contaba.
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