Julián Pardinas Sanz
Culpa del otro
Hay silencios que terminan siendo más elocuentes que cualquier discurso.
En Ceuta han muerto decenas de personas intentando llegar a España. Hombres, mujeres, seres humanos. Una tragedia de una magnitud que debería haber provocado conmoción, explicaciones y, sobre todo, responsabilidades. Pero aquí parece que la indignación también depende del color político de las víctimas.
¿Dónde están las lágrimas? ¿Dónde los minutos de silencio? ¿Dónde las declaraciones solemnes de quienes nos sermonean continuamente sobre derechos humanos?
Silencio.
Pedro Sánchez calla. Fernando Grande-Marlaska administra las cifras. Y el Gobierno parece haber encontrado, una vez más, la fórmula perfecta para no asumir responsabilidad alguna: sí, la culpa es de las mafias, de Marruecos, de las circunstancias o de cualquiera que pase por allí, el Gobierno queda convenientemente fuera de la fotografía.
Es una manera muy peculiar de gobernar: cuando sale bien, mérito del Gobierno; cuando sale mal, culpa del otro.
No estoy diciendo que Sánchez o Marlaska sean responsables de cada una de esas muertes. Sería una estupidez. Estoy diciendo algo mucho más sencillo: son responsables de gobernar, de prevenir, de explicar y de dar la cara.
Y eso es precisamente lo que echo en falta.
Porque los muertos de Ceuta no son una estadística migratoria. No son un problema de comunicación. No son una cifra que pueda desaparecer de los titulares esperando que aparezca la siguiente polémica política. Son muertos.
Estoy diciendo algo mucho más sencillo: son responsables de gobernar, de prevenir, de explicar y de dar la cara.
Y me resulta especialmente doloroso comprobar la enorme diferencia entre la sensibilidad que nuestro Gobierno demuestra ante determinadas tragedias y la indiferencia con la que parece contemplar otras. Como si algunas víctimas merecieran minutos de silencio y otras solamente un comunicado.
¿De verdad nadie va a preguntar qué ocurrió? ¿Qué sabía el Gobierno? ¿Qué medidas se adoptaron? ¿Qué falló? ¿Qué responsabilidad corresponde a España y cuál a Marruecos?
Gobernar no significa ser culpable de todo. Pero sí significa responder de algo.
Y cuando decenas de personas mueren a las puertas de España, lo mínimo exigible a un presidente del Gobierno y a su ministro del Interior es que miren de frente a esa tragedia y expliquen a los españoles qué ha ocurrido.
Porque hay algo peor que equivocarse: no sentir la necesidad de dar explicaciones.
Y mientras Sánchez calla y disfruta de sus vacaciones en La Mareta y Marlaska cuenta cadáveres, uno acaba preguntándose qué clase de Gobierno tenemos. Uno que se responsabiliza de todo cuando hay una foto que ganar y de nada cuando hay una tragedia que explicar.
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