Declaraciones miserables para ocultar los errores

CRÓNICA PERSONAL

Publicado: 01 ago 2026 - 01:10
Pilar Cernuda
Pilar Cernuda | La Región

Hay ocasiones en las que la rabia se desborda, más todavía cuando la provoca nada menos que un presidente de Gobierno.

Sánchez ha sido el más sumiso de los gobernantes españoles ante Marruecos, con mucha diferencia sobre los demás. Cesó a la ministra de Exteriores por acoger al líder del Polisario para ser tratado de coronavirus en un hospital de Logroño. Es tan insolvente este Gobierno, tanto, que creía que los servicios de inteligencia marroquíes no iban a conocer la llegada del jefe polisario en un avión privado a España, y las repercusiones políticas fueron muy graves. Entre ellas, el mencionado cese de la ministra Laya, que desde luego no fue la culpable del desaguisado, cumplía instrucciones. En años anteriores, las visitas -siempre discretas- de los dirigentes del Polisario se pactaban con Marruecos. Sabían los gobernantes españoles que era inútil ocultarlas.

Sánchez, servil hasta provocar vergüenza, cambió la posición del PSOE sobre la soberanía del Sahara, pero no satisfecho, el rey Mohamed VI envenenó todo lo que pudo las relaciones de España con Estados Unidos, y además rivaliza con los puertos y bases españolas para controlar el Mediterráneo y hacerse con el tráfico de contenedores.

El Gobierno de Sánchez se ha negado sistemáticamente a atender las demandas de las autoridades de Ceuta y Melilla, de la Guardia Civil y Policía Nacional, partidos -incluido el PSOE- y diferentes instituciones sociales para ampliar los efectivos y medios de los que disponen las fuerzas de seguridad para combatir las oleadas de inmigrantes ilegales, marroquíes y subsaharianos, que llegan desde el otro lado de la frontera.

Faltan palabras para definir la incapacidad, la desvergüenza y el deshonor de este Gobierno.

Este presidente español que no tiene ni un átomo de respeto por España y los españoles, ha viajado a Ceuta solo para decir que la culpa de lo que ocurre no es de Marruecos sino del Tribunal Supremo. No caben declaraciones más injustas, más falsas, más miserables.

El Supremo se limitó a interpretar una ley que, si el Gobierno consideraba injusta, tenía en su mano llevarla al Congreso y cambiarla. No se pueden hacer devoluciones en caliente a quienes entran sin cruzar una frontera, nadando, como hacen quienes llegan a la parte española de la playa del Tarajal bordeando el escueto dique que separa el sector marroquí de la playa del sector español. En lugar de llevar tantas iniciativas al Parlamento para cumplir con las exigencias de sus socios -la última indultar a tres independentistas condenados por corrupción- nada como corregir textos cuando los hechos aconsejan actualizar las leyes.

50 mil inmigrantes ilegales -algo más de la mitad de la población de Melilla- vagan sin control, sin ser atendidos y se buscan la vida como pueden ante la imposibilidad de tener alimentos, unos mínimos servicios sanitarios e higiénicos. Algunos de ellos demuestran una agresividad que ha llevado a parte de los ceutíes a no salir de casa. Hay imágenes con inmigrantes ilegales haciendo alarde de su capacidad de agredir a quienes intentan abordarles. Uno de ellos, con una catana en la mano.

¿Y Sánchez y Marlaska? Echan la culpa al Supremo y salvan a Mohamed VI. En Bruselas se ha abierto el debate sobre la continuidad de España en el espacio Schengen.

Faltan palabras para definir la incapacidad, la desvergüenza y el deshonor de este Gobierno.

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