Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Aquella entrevista a Jaime Noguerol, periodista adelantado de aquel tiempo
Somos los responsables de que sea así, del mismo que a lo largo de la historia lo hicieron nuestros ancestros, lo que permite que gocemos del mundo que ahora vivimos. Diversas organizaciones han actuado para que continuemos en la misma línea. La era industrial puso de manifiesto la contaminación antropogénica o producida por el hombre. Es una realidad que no se puede negar, aunque algunos la han tomado para conseguir guiar otros fines, otros la han desvirtuado y también los hay que buscan reducir el impacto y lo están logrando. De hecho, el CO2 está disminuyendo desde hace algunas décadas, aunque a costa de beneficiar a algunas eléctricas en detrimento de otras mucho más eficaces. Se acaba de aprobar la Ley del Cambio Climático y Transición Energética, que establece que en el año 2050 el 100% de la electricidad que se producirá deberá generarse con fuentes renovables, como la eólica o la solar. Está previsto para el 2030 todo el consumo de energía, incluyendo hogares, transporte, procesos industriales y agrícolas, tiene que ser del 42% de origen renovable. El CO2 no es el causante del cambio climático; se puede reutilizar, permite la vida en la Tierra, siendo uno de los origines de la vida. Por ello pienso, como ya he escrito, que vamos por mal camino y no resuelve el problema; sólo lo pueden cumplir algunos países y, lo que es más importante, va por el camino equivocado.
Las tecnologías CCUS (“carbon, capture, utilisation and storaged”) separan el CO2 de otros gases en el mismo lugar donde se genera, a través de un proceso químico; lo convierten en estado líquido, para almacenar de forma segura o convertir en materia prima que se utilizará para la fabricación de otros productos, como combustibles sintéticos, cemento, colchones o film transparente. Antonio López-Rodríguez, de Repsol, dice: “La idea es ‘secuestrar’ el propio CO2 que se genera en los procesos industriales de nuestra refinería de Bilbao antes de ser expulsado al exterior para, posteriormente, utilizarlo como materia prima para la fabricación de estos combustibles sintéticos”. Es el último de los procedimientos para eliminar el CO2, que no podemos olvidar que es el gas de la vida. Gracias a él tenemos el verdor de los campos y de muchos productos agrícolas, sin olvidar que, con el metano, pudo ser uno de los orígenes de las primeras células vivas en el fondo de los océanos.
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