Gonzalo Iglesias Sueiro
Cóctel totalitario. Terremoto de identidad
LA PUNTILLA
Además de la tradicional batalla de vencedores que se produce tras el recuento de los votos de unas elecciones, aunque en las autonómicas de Extremadura está ley no se ha cumplido en su totalidad porque el PSOE se ha metido un batacazo documental solo atemperado porque la lideresa extremeña, María Guardiola no ha logrado su objetivo de lograr la mayoría absoluta, débil consuelo, se han producido dos hechos poco habituales cuando se conocen los resultados. El primero, que el gran perdedor no presente la dimisión con carácter irrevocable y de manera inmediata, que es lo que tenía que haber hecho el candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo (que dimitió ayer), sentenciado como perdedor desde antes de que se abrieran las urnas. La segunda irregularidad es el silencioso combate desarrollado entre Guardiola y el vencedor moral de las elecciones, el candidato de Vox, Óscar Fernández, por ver quién salía el último a valorar los resultados. Por cortesía ese lugar corresponde siempre al verdadero ganador de las elecciones, pero la ultraderecha en otro gesto antisistema hasta pone en cuestión las normas de urbanidad política.
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