Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Un recuerdo de aquel restaurante del Auria
MUJERES
Recuerdo alguna estrofa de Siniestro Total que cantaba “Camino de la cama, es el mejor camino. Solo estar durmiendo es mejor que estar dormido. (…) Oye tronco cómo ronco, volumen brutal. Por mucho que me mueva, no me pienso despertar”. La verdad es que es una canción muy alegre. Entonces todavía se escribían canciones de todo tipo. Y digo canciones. Además el mensaje es algo que casi todos comparten. Dormir es un placer genial, sensual. Se ama la cama, se la disfruta, en ella olvidamos las luchas del día que esperan al día siguiente. Como escribía Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Hay que saltar obligatoriamente al sonar la alarma del reloj, auténtico enemigo de esa zona de confort
En la cama se lloran las penas y también se sueña, algo que está de acuerdo con el adagio “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”. Hay que soñar cosas bonitas. Aunque el caso es dormir a pierna suelta, porque si se tiene insomnio, lo mejor para remediarlo es leer un libro, o mirar la guía televisiva. Esa es la solución perfecta. El aburrimiento que produce vence a las piedras. Otra cosa es levantarse con el sueño pegado a las pestañas. ¿Quién puede hacerlo totalmente despierto? Nadie. Las pestañas pesan como si fueran de plomo. Creo yo que a pesar de seguir fielmente eso de “Cada mañana es una hermosa mañana”, que decía Richard Whately, cuesta. De eso no hay duda, como tampoco la hay de que la camita caliente también es hermosa y llama a gritos, y agarra fuerte al ocupante para que no salte al suelo. Pero hay que saltar obligatoriamente al sonar la alarma del reloj, auténtico enemigo de esa zona de confort.
Alguien dijo “Hoy amanecí como un campo sin vacas:, desganado”. En cuanto a estas frases, tengo que repetir una de las más graciosas que he oído en mi vida con respecto al tema, y que dijo mi amiga Carmen: “Al levantarse, tiene una que ir colocando los huesos para poder ponerse en pie”. Alguien muy querido exclamaba “¡Arriba, que hay que poner las calles!” o “¡Que ya pasaron las burras de la leche!”. Y por supuesto “No olvides sonreír hoy. Porque tal vez mañana veas que ya se te ha caído un diente”. Genialidades de siempre, antiguas y del momento. Es un lenguaje que no necesita más explicación ni en prosa ni en verso. Pero de todos modos, entre todos los refranes citados, tal vez el mejor sea el que dice: “No renuncies nunca a tus sueños. Sigue durmiendo”. ¿No creen?
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