Editoriales científicas depredadoras: el gran negocio a costa del dinero público

Publicado: 25 ene 2026 - 03:40
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Imaginemos un importante pintor que cuando acaba su obra y quiere verla expuesta, la manda a una galería de prestigio que, para aceptarla, la pone bajo el juicio y criterio de otros pintores (competencia del primero) que hacen el trabajo de forma gratuita. Estos pintores “revisores”, pueden mandar hacer correcciones al artista o directamente rechazarla. Si se aceptan las revisiones y se expone la obra, la galería se queda con todos los derechos de la obra, que además le exige al pintor que pague unos derechos de exhibición y además le cobra la entrada a la galería si quiere ver su obra. Lo único que gana el pintor es la satisfacción y el prestigio de ver expuesta su obra. Creo que este ejemplo explica lo que pasa con la Ciencia y los científicos y las editoriales científicas (“publishers”). Los científicos hacemos ciencia, en un porcentaje muy elevado, con dinero público. Si queremos publicar nuestros resultados (es una obligación divulgar el conocimiento que generamos), los enviamos en forma de “paper” a una revista (de cuanto más prestigio y difusión, mejor). En esa revista, un editor científico (un colega) decide si el trabajo es susceptible de ser publicado y en ese caso, lo envía a dos o tres revisores (también científicos) que critican el trabajo y sugieren modificaciones (que llevan a los autores, normalmente, un trabajo importante) en una primera revisión que, una vez hechas, pueden requerir otras. El editor y los revisores, además, lo hacen de forma gratuita (los editores cobran algo, en la mayoría de los casos simbólico). Una vez aceptado el “paper”, se publica, pero cediéndose toda la propiedad intelectual a la editorial, que, además, les cobra a los autores (y al resto del universo) el acceso al artículo, tanto si es en papel como en formato electrónico.

Los cuatro grandes editores científicos -Elsevier, Springer Nature, Wiley y Taylor & Francis- obtuvieron más de 7.000 millones de dólares de beneficio en 2024, con márgenes inimaginables en casi cualquier otro sector, superiores al 30 %.

¿Cómo hemos llegado a esto? En 1975, el Institute for Scientific Information (ISI), fundado por Eugene Garfield, lanzó el primer Journal Citation Reports (JCR), que incluía el factor de impacto de las revistas, junto con un sistema de clasificación por cuartiles (Q1–Q4, donde Q1 = mejores 25%, Q2 = siguiente 25%, Q3 = 50–75%, y Q4 = 75–100%). A partir de entonces nace una encarnizada pelea por todos los científicos para publicar en Q1, y casi al mismo tiempo todas las agencias de evaluación tanto individual como de proyectos, utilizan esta clasificación como una clasificación vinculada a la calidad. Aprobación de proyectos, méritos individuales y colectivos… todo quedaba vinculado a esto. Y los “publishers” encontraron una gran oportunidad de negocio. Lo que era una manera de poder comparar revistas dentro de una categoría temática se convirtió en un instrumento de evaluación. Esta pulsión por publicar o perecer (“publish or perish”), ha crecido de forma tan desaforada y esperpéntica, que en mayo de 2013, más de 150 científicos y 75 organizaciones firmaron una declaración (Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la Investigación -DORA-), instando a no utilizar métricas de revista como sustitutos de la calidad real de artículos o contribuciones individuales. Muchas agencias de evaluación se han adherido a DORA, pero la realidad es que el factor de impacto y los cuartiles siguen imperando, mal que pese. Los cuatro grandes editores científicos -Elsevier, Springer Nature, Wiley y Taylor & Francis- obtuvieron más de 7.000 millones de dólares de beneficio en 2024, con márgenes inimaginables en casi cualquier otro sector, superiores al 30 %. Es normal, es casi un monopolio al que todo el sistema adora con delectación. Y casi todo con dinero público. ¿Se imaginan la ciencia que podría hacerse con este dinero si nos pusiéramos de acuerdo en publicar en abierto en repositorios públicos -como por otra parte la UE trata de imponer-? Algunos países y la UE han tratado de parar esta sangría, con medidas que incluso pasan por prohibir o vetar a alguna editorial, Pero estamos inmersos en un círculo vicioso del que es difícil salir, y la caja sigue llenándose. Money makes the world go around.

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