Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
A mochila da memoria
Como sabrán todos ustedes lectores sean del origen, la educación o la cultura que sean, el Tío Gilito es un pariente multimillonario del Pato Donald que nada en dinero, y cuya única pasión es esta vida es rellenar la gigantesca piscina de dólares en la que se baña cada mañana antes del desayuno.
A fin de cuentas el Pato Donald es un tipo ingenuo y bienintencionado, un poco tonto sí y además no se le entiende ni jota de lo que dice cuando habla, pero la verdad es que es bueno aunque sea muy torpe y siempre meta la pata. La pata de pato, claro. En cambio el Tío Gilito es listo y artero. No en vano ha conseguido hacerse con esa piscina gigante llena de relucientes dólares en la que se zambulle todos los días.
El del Tío Gilito Trump de Nueva York en cambio es un montaje escenográfico hortera
O sea que el Pato Donald en realidad era Biden, y el Tío Gilito es Trump. El mundo al revés.
Yo estuve una vez tomando un gintonic en la torre Trump de Nueva York, en el bar de la planta baja. Fui allí porque me parecía que dado que yo vivía en Nueva York en esa época era lo lógico, como irte a tomar algo al Palace o al Ritz en Madrid, cosa que hice durante años con amigos y amigas mientras viví en la capital de España.
Pero el bar del Palace así como el del Ritz en los que comí o tomé unas copas varias veces, o supongo que también el del Raffles de Singapur, el Crillon de París, el Reids de Madeira (en este también he estado), o el Imperial de Nueva Delhi, son hoteles con historia. Con una historia maravillosa llena de literatura, sucesos fabulosos y anécdotas.
El del Tío Gilito Trump de Nueva York en cambio es un montaje escenográfico hortera que parece diseñado por las Kardashian con un lujo aparente tan exagerado, absurdo, ridículo y cutre como los culos y las tetas, con perdón, de esas chicas millonarias.
Resumiendo. Trump no es el Pato Donald a pesar de su nombre de pila. Trump es el Tío Gilito. O sea, ese familiar deleznable y odioso que como un cuñado en la cena de nochebuena siempre sabe la verdad sobre cualquier cosa y te da lecciones: esto es lo que tienes que hacer; esto te lo digo yo porque lo he estudiado; esto me lo dijo un primo mío que sabe mucho del tema; esto es la verdad.
Recuerdo unas viñetas de uno de aquellos ingenuos cómics de Disney en que un vendedor de enciclopedias llama a la puerta de la mansión del Tío Gilito y este le abre. El vendedor le enseña los tomos de la enciclopedia y le explica su utilidad. Entonces el Tío Gilito lo conduce a una gigantesca biblioteca vacía en la que hay un único libro solitario en un estante, un pequeño diccionario. Y le dice al vendedor: Ya tengo todas las palabras que existen, no necesito más.
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