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Comienza la ministra de Defensa, Margarita Robles, la serie de comparecencias de miembros del Gobierno en el Congreso para tratar de explicar lo inexplicable, para dar cuenta de lo que no se ha hecho durante más de tres semanas y para tratar de calmar los ánimos de la ciudadanía ceutí, gravemente alterados por la entrada masiva de decenas de miles de marroquíes y subsaharianos desde Marruecos, que han provocado un ataque a la soberanía nacional sin precedentes. A la ministra de Defensa le corresponderá relatar si el Centro Nacional de Inteligencia sabía y comunicó a Interior lo que se avecinaba o si no lo vio venir. Lo primero que es preciso conocer es cómo se gestó la avalancha sin que las fuerzas de seguridad española pudieran hacer nada para evitarlo y luego si la experiencia, al menos, servirá para que una agresión semejante no vuelva a producirse, enviando a Marruecos los recados necesarios. Cuando comparezca el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska se podrá saber la otra parte de este culebrón en el que trata de repartirse las responsabilidades con su colega de Defensa. Se supone que la tardanza en comparecer y dar explicaciones públicas, obviando al Senado, habrá servido para que entre los dos ministerios armen un relato creíble y en el que no se noten las contradicciones iniciales, Y mejor si se ajusta a la verdad.
Al resto de los ministros que deben comparecer en el Congreso les corresponderá explicar la tardanza en realizar una serie de actuaciones que han convertido una crisis geopolítica, en la que están en juego las relaciones entre España y Marruecos, en una crisis humanitaria, sanitaria y de seguridad de dimensiones nunca vistas. Si Marruecos es un socio fiable, José Manuel Albares tiene que explicar el estado real de las relaciones, amenazas y chantajes mediantes, que ya se sabe que es excepcional y hasta dónde llega la decisión española de no realizar actos que puedan limitar su cooperación, que incentivan su tendencia a saltarse los acuerdos firmados con España. Sería muy interesante que apuntara al uso de las armas con que cuenta España, no las bélicas, para embridar las pretensiones marroquíes en un momento en el que vuelve a poner en cuestión la españolidad de Ceuta y Melilla, que será defendida sin fisuras por todos los ministros de Estado en el Congreso.
Establecido que ni desde la derecha ni la ultraderecha se va a conceder ningún beneficio de la duda
Establecido que ni desde la derecha ni la ultraderecha se va a conceder ningún beneficio de la duda, los ministros deberán poner sobre la mesa que entre la devolución de todos los que entraron a finales de julio y la permanencia de todos hay una serie de protocolos que cumplir y leyes que aplicar, y que ya llegará el turno de Feijóo y Abascal de proponer cambios si llegan a la Moncloa. Y de recordar también a Feijóo que, aunque la asistencia sanitaria en Ceuta se encuentra al borde del colapso, no está para un confinamiento, otra idea que se ha sacado de la manga y que salvo para generar titulares no sirve para nada en este momento. Confinamiento, según la experiencia pasada es sinónimo de estado de alarma y restricción de derechos que el propio PP, en aquellas circunstancias, recurrió ante el Tribunal Constitucional.
La de Ceuta es la primera batalla política a la que se enfrenta el Ejecutivo y a la vista de cómo se ha desarrollado, con una buena dosis de parsimonia a la hora de reaccionar, y ausencia de impulso político, lleva camino de convertirse en una losa para el comienzo de la última parte de la legislatura, y al Gobierno le va a costar mucho trabajo levantarla por la cantidad de pesos que tiene encima. A esta seguirán otras que siguen pendientes desde antes el verano, como la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, abocada a su fracaso por razones obvias, y que ni tan siquiera la concesión de la amnistía a Carles Puigdemont haría cambiar este panorama, al margen de que se encuentra pendiente la decisión del TC y queda esperar la reacción del Tribunal Supremo que tratará de retrasar su aplicación.
Los juicios y las investigaciones por corrupción en el entorno del Gobierno aún pueden deparar nuevas sorpresas, y en estas, descartado un superdomingo electoral por el compromiso con el PNV, la cuestión ahora es determinar cuál tendrá lugar antes, si las generales o las municipales. En las últimas ya le dieron la patada a Pedro Sánchez en el culo de los alcaldes y presidentes autonómicos socialistas, y no quieren que les vuelva a pasar.
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