Exposiciones extrañas

MUJERES

Publicado: 08 nov 2026 - 06:10
Opinión en La Región
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Cualquiera sabe que el arte es algo subjetivo, si quieren, como todo en la vida. Gusta o no gusta. Se entiende, o no se entiende. Esto último es más complicado. Lo importante es que los ojos sepan mirar, adentrarse en la obra y descubrir en los grandes y pequeños detalles las claves que revelan su significado. Cada obra posee sus misterios. De todas formas, ante el genio del artista y la belleza expuesta, el alma se rinde. No necesita más. Los museos de todo el mundo son estuches de maravillas, que custodian tesoros únicos. Los materiales y colores de los que el ser humano se sirve para expresar la creatividad y la inspiración sublimada, avivan la sensibilidad, conmueven el corazón y elevan el espíritu. Componen un legado cultural, histórico y esencial que no tiene precio. No, no lo tiene. Pero también hay otra clase, el llamado arte contemporáneo, que se presenta cada año en diferentes salas de alto copete, que gozan de la mayor publicidad y asistencia. En ellas se barajan millones con las obras que presentan.

Queda en lo más recóndito e inaccesible de la comprensión humana la explicación del porqué se llama arte, por qué mueve tanto dinero y por qué caminos se ha podido llegar hasta este punto tan extraño y fuera de toda lógica. Pongamos algunos ejemplos: un plátano natural, sujeto a la pared con cinta adhesiva, obra del italiano Maurizio Cattelan titulada “Comedian”, fue vendido en Sotheby’s por 6,2 millones de dólares. Y después se quejan del precio de los que se venden en las fruterías y los supermercados. Como puede comprobarse, este es el plátano más caro del mundo.

Un plátano simple, sin pedigrí, sin haber hecho nada especial en la vida, solo mantenerse colgado junto a sus hermanos, hasta el momento de separarlo para concederle el honor de hacerlo famoso en el apasionante mundo del arte. Otra de las muchas genialidades de esta índole se exhibió en el Museum Boijmans Van Beuningen de Roterdam. La gran obra conceptual, de Wim T. Schippers, consistía en cubrir el suelo con más de 360 kilos de crema de cacahuete. El museo compró el concepto en 2010 por una cifra que nunca reveló. No sé, no sé, pero a todos estos artífices se les da por los frutos y verduras frescas, como aquella lechuga, sobre una base de piedra, elevada al summum del talento. Aunque la lechuga no la hizo el que figuraba como autor.

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