Europa se juega su industria

CUENTA DE RESULTADOS

El nuevo Fondo Europeo de Competitividad puede dar impulso a la industria española, pero también favorecer a los países más ricos. El reto es invertir mejor sin dejar atrás a las regiones más débiles.

Publicado: 08 nov 2026 - 05:25
Fábrica de automóviles en Zaragoza.
Fábrica de automóviles en Zaragoza. | Europa Press

Europa ha descubierto que no basta con tener un gran mercado para ser una gran potencia. Estados Unidos pone dinero sobre la mesa para atraer fábricas y China lleva años apoyando a sus empresas. Mientras, la Unión Europea discute normas, reparte ayudas entre demasiadas ventanillas y ve cómo algunas de sus mejores ideas terminan convertidas en negocios al otro lado del Atlántico. El Fondo Europeo de Competitividad nace para corregir esa debilidad. Y España, gobierne quien gobierne, haría mal en tratarlo como otra partida de dinero que toca negociar en Bruselas.

La idea tiene sentido: reunir esfuerzos, apostar por industrias decisivas y evitar que cada programa europeo funcione por su cuenta. Pero hay una pregunta incómoda. ¿Competir mejor significa fabricar más baterías, desarrollar inteligencia artificial y modernizar las empresas, o dedicar la mayor parte del presupuesto a defensa, seguridad y espacio? Todo importa, pero si la industria civil queda atrás, Europa puede ganar músculo militar sin resolver los problemas de productividad que frenan el crecimiento.

También está en juego quién decide. Los gobiernos quieren vigilar de cerca cómo se gasta el fondo; la Comisión Europea pretende que los proyectos avancen sin atascarse en largas negociaciones. El Parlamento Europeo pide cuentas sobre el dinero, las reglas y la relación con la investigación. Ninguna de esas preocupaciones es menor. ¿El riesgo? Construir una maquinaria tan complicada que, cuando lleguen las ayudas, las empresas ya hayan perdido su oportunidad.

La propuesta inicial de la Comisión Europea incluye un presupuesto de 234.300 millones de euros para el periodo 2028-2034

Hay otra trampa posible. El fondo premiará los mejores proyectos, no repartirá cheques por territorios. Parece razonable: el dinero público no debe sostener iniciativas flojas solo para contentar a un gobierno. Pero si ganan siempre quienes ya tienen las universidades más fuertes, las grandes empresas y los equipos mejor preparados, la brecha entre el norte y el sur de Europa puede hacerse mayor. La excelencia no debería servir de excusa para olvidar la cohesión.

España tiene cartas para jugar: energías renovables, automoción, industria alimentaria, tecnología y empresas que pueden crecer alrededor de la defensa. Pero necesita alianzas, proyectos sólidos y una colaboración real entre ministerios, comunidades autónomas, universidades y empresas. Galicia, por ejemplo, no puede conformarse con esperar convocatorias: su industria naval, sus puertos y sus capacidades energéticas necesitan estar presentes desde el diseño de las iniciativas.

Carlos Cuerpo reclama más ambición y rapidez, ya que Europa no puede responder a sus competidores con años de retraso. También pide que el ahorro privado ayude a financiar inversiones. Ahora bien, el dinero de los ciudadanos no puede movilizarse a golpe de eslóganes: hacen falta productos claros y garantías. El presupuesto europeo de 2028 a 2034 decidirá cuánto hay de promesa y cuánto de realidad. La propuesta inicial de la Comisión contempla 234.300 millones de euros para el periodo 2028-2034, pero el fondo no resolverá por sí solo la falta de inversión ni sustituirá las reformas que necesita el mercado único. Será positivo si concentra los recursos en proyectos útiles y evita enfrentar a los países entre sí.

España defenderá una Europa capaz de competir con el mundo sin convertir esa carrera en una prueba donde solo ganen los que ya van por delante.

@J_L_Gomez

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