Editorial
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Las indecencias del AVE gallego
VÍA DE SERVICIO
Para explicar la investidura de José Manuel Moreno Bonilla como presidente de la Junta de Andalucía tras el pacto con Vox se puede recurrir a un sinnúmero de lugares comunes utilizados a la hora de analizar la vida política española: que si se ha tenido que tragar un sapo para desayunar, que si ha pasado por las horcas caudinas levantadas por la ultraderecha, que si ha hecho un ejercicio de pragmatismo, que si se ha comido sus principios y sus palabras, que si ha hecho de la necesidad virtud, o que San Telmo bien vale una misa. A la postre todo se reduce a lo que lleva a los políticos, a partir de un cierto estatus, a dedicarse a la vida pública, que lo importante es gobernar, y si para eso es necesario olvidarse de los principios, hacer cabriolas con el lenguaje y tratar de ganar tiempo pues se hace, y a esperar que el tiempo cure las heridas y la aplicación de los términos del pacto no se hagan notar en exceso para que la acción de gobierno no quede sometida a la vigilancia de los tribunales, dado que el control parlamentario estará bajo mínimos por la mayoría absoluta.
Ni el “lío” del pacto con Vox, ni el “mensaje vacío” de la prioridad nacional, ni la entrada en el Gobierno de la Junta de la ultraderecha. Eso dijo Moreno Bonilla, que debía haber puesto sus barbas a remojar después de lo que había visto en las negociaciones precedentes en otras tres comunidades autónomas donde el PP no logró su desiderátum de la mayoría absoluta que le permitiera sacudirse el apoyo de Vox, que con mayor o menor porcentaje de votos demostró contar con un apoyo electoral que sería determinante para la conformación de los gobiernos autonómicos. Juanma Moreno salió a las urnas a reeditar su mayoría absoluta y por tanto tenía que mostrarse duro con respecto a las exigencias de Vox, pero una vez que no consiguió su objetivo, el tiempo transcurrido hasta su investidura ha sido un teatrillo porque se conocía el desenlace de la función.
Para defender su palabra, el presidente andaluz tendría que no haber cedido, haber llevado su apuesta hasta el final y convocar unas nuevas elecciones
Para defender su palabra, el presidente andaluz tendría que no haber cedido, haber llevado su apuesta hasta el final y convocar unas nuevas elecciones. Pero Moreno Bonilla es una pieza más de un engranaje superior, el del Partido Popular, que ya ha dado por buena la alianza gubernamental con Vox, reparto de sillones incluidos entre Feijóo, presidente, y Abascal, vicepresidente, y que tiene como excusa para no convocar nuevos comicios tanto la necesidad de no perder el tiempo, de lograr la estabilidad en el gobierno y cumplir con el mandato de las urnas que ha apostado por conceder la mayoría absolutísima al tándem PP-Vox. También es cierto que no se le puede exigir a Juanma Moreno más que al resto de sus homólogos que gobiernan con Vox ahora que todos se han igualado por la base.
Por el camino el presidente andaluz ha perdido la vitola de “moderado”, -Feijóo hace tiempo que la perdió- y la denominada “vía andaluza” del PP, ha quedado a la misma altura que la “vía Ayuso”, con lo que cada vez se hace más patente que el PP tiene una sola alma, la que le pide gobernar a cualquier precio y con un programa en el que las diferencias pragmáticas y programáticas con Vox son cada vez menores. Juanma Moreno ha mentido a sus electores haciendo lo que dijo que nunca haría. ¿Les suena? Gobernar es la prioridad y los principios un complemento que cambia según las modas.
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