Daniel Montero
SUEÑOS DE OLIMPIA
La II República, poco fructífera para el Barça
SUEÑOS DE OLIMPIA
La II República (1931-1939) fue un período ilusionante entre los sectores más independentistas del Fútbol Club Barcelona, entidad que llegó a erigirse como “embajador de Cataluña”, pero malo en el ámbito deportivo -sin títulos nacionales en cinco años- y pésimo en el económico.
La inestabilidad en la Ciudad Condal, en especial durante la participación de la Generalitat en el golpe de estado de 1934 -sí, contra la República- significó un descenso notable de socios y espectadores al estadio de Les Corts. El Barça incluso descendió ese año a Segunda División, castigo no consumado por una oportuna ampliación de plazas en Primera.
Fue el momento en el que el empresario Esteve Sala tomó el mando de un club en quiebra. Nacido en una humilde masía de los alrededores, Sala llegó a ser el mejor hostelero de Barcelona, dueño del Hotel Oriente y varios restaurantes. Con su mentalidad empresarial, arriesgando su capital, saneó el club, reforzó la plantilla y fue el primer presidente del fútbol español en incluir a una mujer en su directiva.
Anna María Martínez Sagi, atleta y periodista, intentó crear una sección deportiva femenina, pero la indiferencia de sus compañeros varones propició su dimisión, en 1935.
Sala cedió la presidencia ese año al empresario y diputado en Cortes, Josep Sunyol (Esquerra), pasando a labores de tesorería. Con este dúo, el club fue rentable, mejoró sus líneas y, en 1936, disputó la final de Copa al Madrid FC.
Sunyol también dirigió el diario ‘La Rambla’. Desde su balcón, en Canaletas, se anunciaban los resultados del equipo. Hoy en día se celebran allí los títulos.
Las expectativas para la temporada 1936-1937 eran optimistas. Entonces, estalló la Guerra Civil.
El fracaso del golpe en Barcelona, como en Madrid, derivó en una ciudad sin ley, donde las milicias armadas obreras y anarquistas instauraron el terror revolucionario.
El club más perseguido fue el Español, donde cinco futbolistas fueron ejecutados, pero el FC Barcelona también sufrió castigo.
Gran parte de su directiva era burguesa o noble. Miembros como José María Albert o Nicolás Casaus se encondieron para evitar la tortura y el asesinato. Los futbolistas Zabalo, Padrón y Elespe huyeron a Francia por temor a las milicias. Jóvenes de las categorías inferiores fueron reclutados a la fuerza para cavar trincheras.
La familia del expresidente Esteve Sala, como tantas, se partió en dos por el conflicto. A Sala, de origen campesino, le confiscaron sus propiedades, el trabajo de tantos años. Huyó al bando franquista para salvar la vida. Física y moralmente abatido, dicen que murió de tristeza poco antes del final de la guerra.
El destino del presidente Josep Sunyol fue terrible. El 27 de julio de 1936 se desplazó hacia Madrid para entregar unas misivas al gobierno republicano, visitar a los soldados catalanes de refuerzo y donarles 50.000 pesetas.
En los confusos límites del frente, su Ford se detuvo en el kilómetro 52 de la carretera Madrid-Coruña, en Guadarrama. Detenido por un control, bajó del coche y saludó efusivo a unos militares que -”¡Viva la República!”- eran sublevados.
Sunyol y sus tres acompañantes fueron detenidos y fusilados sin piedad. Sus restos siguen ilocalizables.
Sin presidente ni directiva, amenazados por una confiscación obrera; los supervivientes crearon el ‘Comité de Empleados del FC Barcelona’. Una fachada para salvar, literalmente, al club y sus pellejos.
El general Manuel Goded fue el encargado de secundar en Barcelona el golpe de Emilio Mola, en 1936. Pero fracasó por la oposición combinada de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto (policía urbana) junto a las milicias obreras de la CNT-FAI. Sofocada la rebelión, Goded fue fusilado. Ramón Mola, hermano del ideólogo del alzamiento y capitán en la ciudad, se suicidó antes de caer preso. Tras la victoria, la Generalitat creó el ‘Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña’ para intentar unificar un gallinero: con los fieles a la República española (general Francisco Llano), los independentistas (Lluis Companys y Josep Tarradellas), los dueños de la calle (CNT-FAI) liderados por Buenaventura Durruti, los marxistas antiestalinistas (POUM) de Andreu Nin y los comunistas estalinistas (PSUC) de Joan Comorera. La persecución de simpatizantes del golpe, burgueses o religiosos asesinó más de 8.000 personas. Pronto, las diferencias entre partidarios de la República o de la Revolución terminarán en una guerra civil interna.
Aunque el anarquismo consideró al fútbol como “opio del pueblo”, en algunos sitios fue de gran utilidad. Tal fue el ‘Club Esportiu Júpiter’, fundado en el barrio obrero del Poblenou barcelonés, germen de este movimiento. Durante la II República, fue frecuentado por líderes como Durruti, Juan García Oliver o Francisco Ascaso, quién vivía cerca del estadio. La entidad donó dinero a la CNT, ocultó armas bajo sus gradas y transportó material subversivo en sus viajes. Esta obra descubre su labor, entre la de otros clubes del mundo.
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