Lo que nos jugamos estas elecciones

TRAZADO HORIZONTAL

Análisis del 29-N. Feijóo como alternativa de la democracia liberal ante al pretendido régimen sanchista caribeño.

Una persona vota en las pasadas elecciones generales.
Una persona vota en las pasadas elecciones generales. | La Región

Primer error: entrar al trapo del uso necrológico que la izquierda hace del desahucio y muerte de Maricarmen. Los que hablan de “asesinato” forman parte del Frankenstein y la cloaca que encargó la “eliminación” de la juez Biedma. Punto. Segundo error: comprar únicamente el marco de campaña de la vivienda, porque aun siendo la principal preocupación de los españoles, es hacer el juego a la izquierda socialcomunista que tras 8 años de poder sólo ha hecho anuncios y propaganda averiada sobre el mercado inmobiliario o el ático que no es de Ayuso, olvidando los pisos de las putas de Ábalos, el casoplón de Galapagar y los palacios presidenciales en los que se alojaron el hermanísimo y el desacato. Tercer error: caer en la polarización y confrontación que pretende el sanchismo porque con ello trata de movilizar a su electorado durmiente, que se despereza con el campamento de Sol mientras pretende reeditar el 15-M bajo el disfraz de una huelga general y electoral contra el PP. Será la primera huelga general en la historia democrática española contra la oposición, Montero dixit, y no contra el Gobierno de turno. Quinto error: aceptar que el 29-N es un plebiscito sobre Sánchez, porque esa es la trampa pretendida con el adelanto electoral para borrar todo rastro delictivo. Lo que nos jugamos en estas elecciones es la viabilidad de la democracia española tal y como la entendemos desde la Transición.

Nos jugamos la separación de poderes y un Estado de Derecho independiente, donde la Abogacía y Fiscalía del Estado no trabajen como abogados defensores del sanchismo. Lo que nos jugamos es la regeneración democrática frente a la corrupción sistémica, la verdad frente a la mentira política, no caer en el chantaje de los socios golpistas con Puigdemont de rositas por España gracias al servilismo no constitucional de Pumpido. Nos jugamos dignidad ante los herederos políticos de ETA, no ser rehenes de la violencia callejera inspirada en la kaleborroka etarra, los CDR y los piquetes sindicales.

Lo que nos jugamos en estas elecciones no son derechos o derechas, sino Constitución o cambio de régimen. Nos jugamos un plebiscito real entre democracia o autocracia, entre Monarquía constitucional o régimen bolivariano. Eso es lo que se juega España el 29-N, detener un giro radical para implantar definitivamente el cordón sanitario excluyente de la ultraizquierda que amenaza con borrar la Corona. Nos jugamos concordia frente a guerracivilismo, memoria equitativa frente a desmemoria ultra, el bienestar colectivo desde interés general frente a la voladura del bien común para favorecer sólo a la parte del electorado.

Lo que nos jugamos es la regeneración democrática frente a la corrupción sistémica

En realidad, no estamos ante unas elecciones para salvar a España de la ultraderecha, que es el eslogan preferido de la factoría de propaganda monclovita, sino para evitar el autoritarismo de ultraizquierda que nuestro país ha padecido durante casi 9 años a base de pactos impensables, cesiones inconcebibles y abuso continuado de poder.

Lo que nos jugamos estas elecciones es no olvidar con el parón judicial de campaña electoral toda la corrupción presente: Begoña, Cerdán, Leire cloacas, Zapatero y sus joyas, Hidrocarburos, Sepi, Hermanísimo, Ábalos, Koldo y Fiscal del Estado. Eso es lo que se sustancia en las urnas, puesto que la retórica de corruptelas pasadas del PP u otras ayuseras imaginarias se amortizaron en los procesos electorales y en los juzgados de haber materia. Lo que nos jugamos ya no es la dicotomía entre Monarquía o República, sino la elección entre libertad o sometimiento, entre avance o retroceso, entre alternancia democrática o secuestro de la democracia liberal. Los electores no tienen que elegir entre Sánchez o el caos, sino entre el caos de Pedro o la eficacia de una gestión transparente y digna.

En realidad, nos jugamos más de lo mismo o la oportunidad de una alternativa con la que sanear la deuda y el déficit, prevenir el colapso de las pensiones, dejar de hacer trampas con el paro trucado de los fijos discontinuos o dar fiabilidad y confianza por igual a propietarios e inquilinos. Nos jugamos una práctica limpia de la política, sin sectarismo ni juego sucio como viene sucediendo, sino con respeto a las reglas del juego, a los jueces, al contrincante, a la ciudadanía y a la prensa libre. Lo que nos jugamos en estas elecciones es limpiar a España de hipotecas, liberar a nuestros hijos y nietos del pago del agujero que dejan el sanchismo, sus socios y los anteriores, honestidad en el ejercicio de la vida pública por encima de tretas y populismo de engaño permanente.

Ser o no ser

Nos jugamos el ser o no ser de la clase media, que es mayoritaria, la inmigración ordenada y controlada frente al efecto llamada con la regularización masiva, la defensa de España ante futuras invasiones de Ceuta y Melilla, una política exterior consensuada no sujeta a los intereses presidencialistas, el fortalecimiento de la convivencia ante el muro levantado por Sánchez para dividir y polarizar a los españoles. Lo que nos jugamos en estas elecciones es el cambio de Gobierno frente al cambio de régimen. Nos jugamos blindar la democracia.

Pedro, el candidato

Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez. | La Región

Pedro el candidato ha salido al ataque, dispuesto a utilizar el VAR en su favor, con voluntad de dar leña y jugar al límite, con la única intención de salvar su culo frente al cerco judicial de la corrupción. Sánchez no sólo ha gobernado desde el desprecio a quien no le vota, sino que se ha convertido en un político soberbio y desafiante, capaz de cualquier truco con tal de favorecer su continuidad al frente del PSOE y del Gobierno. Pedro el candidato no tiene a donde ir, porque sólo le queda el refugio del aforamiento parlamentario ante el riesgo evidente de ser llamado a declarar por Ceuta y otras vergüenzas, y quien sabe si de ser imputado. Lo que no sabemos y está por venir saldrá tras las elecciones, y aunque ha ido colocando ministros en las distintas federaciones socialistas para perpetuarse en Ferraz, habrá cacería del causante de la desaparición del significado de las siglas del PSOE. Pedro el candidato está acorralado y por eso la oposición le considera peligroso, porque ha dado sobradas muestras, desde la caja de cartón a la ley de nietos, de que es capaz de todo.

Santiago, el necesario

Santiago Abascal.
Santiago Abascal. | La Región

De los candidatos en liza, Santiago Abascal se ha convertido en necesario para desalojar al sanchismo del poder. Abascal ha sido criminalizado por el poder dominante y se le pinta como el mismo demonio de ultraderecha cuando en realidad el sanchismo diabólico es la ultraizquierda disfrazada de cordero que da cobijo al comunismo, los herederos de ETA y los golpistas catalanes. Tanto Abascal como Ayuso pidieron que no se vote por correo, porque ya se sabe que en Correos estuvieron las cloacas de Leire y el algoritmo de recuento puede fallar como en Venezuela. Santiago el necesario tiene un programa de derecha dura, pero que se sepa ninguna de sus políticas es corruptamente ilegal como lo son los casos del sanchismo investigados por los tribunales. En democracia, la tolerancia y la pluralidad forma parte del ADN del sistema, por lo que eso de distinguir entre buenos y malos, entre ultraizquierda buena y ultraderecha mala, entre progresía y fascismo olvidando el fracaso criminal del comunismo, la intentona golpista y el terrorismo de ETA es un doble rasero sin fundamentos democráticos.

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