La bola negra del fútbol

LA OPINIÓN

Publicado: 11 oct 2026 - 04:35
El árbitro alemán Pascal Kaiser, pidiendo matrimonio a su novio.
El árbitro alemán Pascal Kaiser, pidiendo matrimonio a su novio. | Europa Press

Que un historiador irlandés sea el mayor experto en la hagiografía de Federico García Lorca, dice muy poco del respeto que nuestra sociedad le ha profesado a una parte de nuestra memoria, casi siempre la del mismo lado. Pero ese silencio habla del pavor. Del terror secular que se ha inyectado con garrote en la garganta de todo aquel que cometa el osado crimen de pensar por sí mismo. Habla del trauma, del tabú, de la censura, del fusil que fulminó al poeta.

Si Lorca es una deidad, Ian Gibson es su profeta. Fue quien descubrió la relación de amor que le unía a Rafael Rodríguez Rapún, buscando la diana de su inspiración de los ‘Sonetos del amor oscuro’. Rapún conoció a Lorca cuando se unió a ‘La Barraca’. En la compañía era conocido como ‘El futbolista’, pues había jugado en los juveniles del Atlético de Madrid mientras compaginaba sus estudios de ingeniería de Minas. Lorca se enamoró perdidamente del joven de izquierdas que leía a Whitman con el que compartió momentos de profunda intimidad.

Más allá de Rapún, a Lorca le gustaba el deporte. Era un entusiasta del boxeo y hacía guantes con Luis Buñuel, que llegó a semifinalista del Campeonato de Castilla del peso pesado, aunque solo se apuntaron cuatro. En Nueva York frecuentaba las veladas del Madison y de los Yankees, y el 1 de enero de 1935 estuvo en Las Ventas apoyando a su amigo Ignacio Ara que se jugaba el cinturón mundial.

Ahora, 90 años después, son otros los que recogen su legado para defender el derecho de amar sin tapujos. Tan básico que parece absurdo.

Pero el fútbol centró toda su atención. Jugó al balompié en 1921 en el equipo de la Residencia, resultando vencedor de la categoría C del campeonato madrileño. “Cuando presencio un partido, unos me son más simpáticos que otros. Y deseo que gane el que más rápidamente captó mis simpatías. Voy al espectáculo deportivo sin prejuicio alguno”, dijo en una revista de la época. Entabló amistad con grandes figuras del Atlético como Arzuaga, Vives o Galatas. Y el 8 de enero de 1936 asistió al Metropolitano junto al presidente del Racing de Santander, Cossío y su amado Rapún, para presenciar la victoria de España frente a Checoslovaquia por 2-1 en un amistoso.

El año en que mataron a Lorca por maricón también le arrebataron de las manos una obra teatral revolucionaria. Ahora, 90 años después, son otros los que recogen su legado para defender el derecho de amar sin tapujos. Tan básico que parece absurdo.

Los Javis ponen encima de la mesa una cuestión milenaria todavía no resuelta porque nos seguimos empeñando en decirle a la gente como tiene que querer. Y cuando los de arriba más nos embuten el odio por los ojos, más caemos en la trampa, formando hordas furibundas que señalan al de al lado sin saber muy bien por qué. Incluso por hacer el amor.

La bola negra que le echan a Carlos en el casino es la misma que lanzan contra los gays en el fútbol. El primer futbolista profesional que se declaró homosexual, Justin Fashanu, acabó quitándose la vida en 1998 tras sufrir una campaña de persecución y difamación social. A inicios de este 2026, un árbitro alemán, Pascal Kaiser, pedía matrimonio a su novio en el estadio del Colonia. Una semana después era brutalmente agredido en el jardín de su casa.

El poema de la película forma parte de los sonetos que Lorca compuso a Rapún, desengañado por la ambigüedad del futbolista atrapado entre la normativa heterosexualidad y el arrobo que le causaba el poeta. Su último verso “¡mira que nos acechan todavía!” sigue estando vigente. Cambiar su final solo depende de nosotros. Y que el deseo, tantas veces oculto, funda por fin la nieve.

@jesusprietodeportes

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