Al lector de periódicos de papel

EL ÁLAMO

Publicado: 23 abr 2026 - 05:50
Opinión en La Región.
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Tú que todavía valoras el papel del papel. Que aún te sientas en tu salón, o quizá en la terraza del bar, con un café y la prensa del día. Es tu rato de felicidad. Que te detienes en la primera plana, en las viñetas, en las columnas de opinión, y en las entrevistas, para leerlas hasta el final de un tirón, como te gusta hacer con las crónicas deportivas. Las gafas a un lado, el cuerpo ligeramente inclinado sobre el papel, la vida en silencio alrededor.

Tú que te asomas a la cabecera de la información o la columna, buscando la firma del autor cuyo texto ha llamado tu atención; tú que a veces, cuando algo te concierne de más, recortas un artículo y lo guardas, o lo envías por correo postal al amigo junto a unas letras manuscritas, o hasta lo enmarcas, si la riquísima sección local publica el rostro de un familiar, de un amigo, o de tu propio negocio.

Tú que aprovechas el relajo de pasar de página para coger aire y asentar lo aprendido sin premuras, alzando fugazmente la vista al mundo de las cosas urgentes que late histérico al otro lado del papel, que cotejas los precios de las ofertas en los anuncios, y que vaticinas al peso físico, en un primer impacto, el valor informativo del diario de cada día.

Tú que lees sin prisa, que disfrutas cada página como vino viejo, que te haces una composición de lugar en cada periódico, conformando tu manera de estar en el mundo, y de interpretar el universo humano que nos rodea.

Tú que estás más informado que la media, porque no te mueve la última hora cambiante e imprecisa, confeccionada y distribuida con ayuda de sofisticadas tecnologías, sino las certezas que hombres de carne y hueso han cotejado durante largo tiempo para ofrecértelas en tinta firme al alba, de la mejor manera que han podido, según las normas que el viejo oficio estableció mucho tiempo atrás, y que ya casi nadie recuerda en las nuevas redacciones digitales.

Tú que todavía crees en las cosas que tardan en llegar, que te dan ganas de echarle las manos a los diarios del cine cuando vuelves a ver El hombre que mató a Liberty Valance, que disfrutas de la noble y antigua costumbre de perder el tiempo, que es ganarlo, y que ninguna ventana emergente y odiosa interrumpe los hábitos de tu jornada para venderte lo que no necesitas.

Tú que no compartes en las redes aquello que lees, que te lo guardas para ti en algún lugar del corazón y la memoria, que aprecias el tacto áspero del periódico, y que disfrutas con el olor a tinta en la mañana. Uno de los secretos mejor guardados, una pequeña fórmula de felicidad matutina: aroma a café y tinta fresca.

Tú que puedes hablar con los amigos sobre la actualidad, que te valoran porque tu opinión tiene más poso y conciencia que la de la mayoría, que formas parte de la élite de lo que el gremio ha estereotipado como “lector de periódicos”, que hoy casi parece un oficio artesanal.

Tú que todavía hoy lees esta columna en papel, que defiendes en tu castillo medieval el tesoro de tu romanticismo, formas parte de la resistencia, de la mejor de las resistencias de España. Eres una de las pocas estacas firmes que sobresalen en el sinuoso camino hacia la locura que recorre la humanidad, en este mundo histriónico que se droga con la emergencia y el último minuto, y que pretende burdamente despreciar todo aquello que fue establecido y sedimentado durante siglos para orgullo y sabiduría de los pueblos.

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