Aquellas leyendas del fútbol ourensano que no se deben olvidar

Historias de un sentimental

Publicado: 21 jul 2026 - 06:05
Ellacuriaga y Reza, de La Región, Pepe Rupérez y Ramos de la radio y la madrina.
Ellacuriaga y Reza, de La Región, Pepe Rupérez y Ramos de la radio y la madrina.

Estos días de gloria del fútbol nacional, como si una bruja benévola quisiera recordármelo, me sale al paso esta vieja foto de otro tiempo glorioso en el escenario del estadio del Couto, que entonces llevaba el nombre de José Antonio. En las crónicas del futbol mundial y en las páginas de La Región se guarda memoria de aquel histórico evento, celebrado hace más de medio siglo. Los protagonistas fuéramos los miembros de los medios de la comunicación de esta ciudad. Siempre he dicho que, aunque no éramos tan numerosos y diversos como los del presente, practicábamos un sano humorismo y relación que, entre otras cosas, se manifestaba en los tradicionales partidos de fútbol, a beneficio vaya usted a saber de qué, que cada año celebrábamos en el Estadio del Couto. Era un gran acontecimiento que me gusta recordar.

El equipo de la radio lo formábamos representantes de las tres emisoras que entonces existía en la ciudad: Radio Ourense, La Voz del Miño y Radio Popular, y el de la prensa personal de redacción de la Región, reforzados ambos por diversos amigos y conocidos que tenían algo que ver con nosotros, y empleados de otros servicios y dependencias de La Región como empresa. El capitán del equipo de la prensa era Ellacuriaga que, como hombre precavido, jugaba con casco, y yo le correspondía en el de los de la radio. Por un día, el recordado Reza colgaba la cámara para lanzarse a la cancha de El Couto, y era, con su capitán, el otro puntal del equipo. Horacio, Santi, Esteban Plaza jugaban en el ariete, con dos refuerzos por los laterales, en tanto Pepe Rupérez y yo nos movíamos entre el centro y la defensa de los de la radio.

Éramos muy ritualistas y el ceremonial de aquellos partidos pareciera una final de la Champions. Los dos capitanes nos saludábamos en el terreno de juego, las dos madrinas, la de aquel encuentro y la permanente hacían el saque de honor y se intercambiaban objetos, más que propiamente banderines como se puede apreciar en una de las fotos. Como los porteros eran refuerzos de chavales de verdad que juraban al fútbol los resultados eran muy reñidos, pese a la holgada interpretación de las reglas de juego que hacían los señores árbitros y jueces de línea, aunque en ocasiones pareciera más un partido de cualquier cosa, menos de fútbol.

La madrina de honor permanente, que era la añorada Concha, primera aficionada al club local, siempre con su puro y su cofia

Quiero subrayar la importancia que se la daba entonces a lo de las madrinas, por una parte, siempre una chica mona, y la madrina de honor permanente, que era la añorada Concha, primera aficionada al club local, siempre con su puro y su cofia. La verdad es que uno echa en falta en este Ourense de nuestros días a aquellos personajes entrañables, singulares y queridos, evidencia de ese especial sentido del humor que es la divisa de los ourensanos de todos los tiempos.

Y teníamos nuestros seguidores, como no, aunque nunca llegamos a llenar el estadio. La verdad es que al reencontrarnos con aquellas fotos y comprobar que la mayoría de aquellos queridos compañeros ya nos dejaron, la evocación se agudiza. Ya no están Reza, ni Ellacuriaga, no Pepe Rupérez, ni Esteban Plaza, ni Horacio Caneiro. Otras veces he recordado aquí a entrañables colegas de “La Región”, ya que no todos jugaban, como Alonso, que era uno de los mejores entrevistadores que he conocido o Rey, Lezcano y otros. Con respecto a La Región, si bien no todos se incorporaban al equipo de la prensa, pues tenían más sentido común que todos nosotros, Y sobre todo recuerdo a Alonso, uno de los mejores entrevistadores que he conocido. Aquellos partidos de prensa contra radio era todo un acontecimiento que rompía la monotonía cotidiana. El Club Deportivo Ourense nos prestaba generosamente todo el equipo, botas incluidas, y ponía al árbitro también. Recuerdo especialmente a Ellacuriaga, periodista todoterreno donde os hubiera que., por ser precavido, jugaba con casco, pero con una enorme deportividad. En cuanto al banderín que a mí me entregó, como capitán del equipo de radio, recuerdo que era de una marca comercial de moda femenina. Lo más apropiado.

No sé yo si los medios de prensa y radio de nuestros días conservan aquella camaradería cotidiana que tan gratos recuerdos tiene para quienes sobrevivimos. Y como vamos siendo pocos, conviene recordarlo. Para que conste.

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