Fernando Ónega, la lucidez de la concordia

OBITUARIO

Publicado: 05 mar 2026 - 00:40 Actualizado: 05 mar 2026 - 12:03
Opinión en La Región
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Me pide la pena despedir a Fernando Ónega sin demasiadas lágrimas y sin derroche de elogios. Él no lo querría así, y no quiero defraudarle. Si acaso reiterar que más que maestro de periodistas era maestro de la amistad y del paisanaje, embajador a tiempo completo de la morriña y del galleguismo moderado, exponente virtuoso de la palabra y del pensamiento profundo, de cuyas corrientes nacía y bebía su lucidez periodística. Como buen centrista y gallego, Fernando reivindicaba últimamente la concordia de la Transición, renegaba de la deriva democrática de un sistema que enfrenta a los poderes ejecutivo y judicial, y presumía de haber creado las tertulias políticas si bien lamentaba que muchas de ellas deriven en trincheras de manipulación. Ónega era un periodista de ironía y retranca, con una enorme capacidad de análisis para desmenuzar la actualidad política con la auténtica lucidez moral de la que muchos carecen. Vivió para la radio, la prensa y la televisión, y también para su familia. Escribió discursos que, según él, eran de quien los pronunciaba y no de quien los escribía, salvo aquel poderoso y legendario “puedo prometer y prometo” que le regaló a Adolfo Suárez para que quedara en la historia de España.

Fernando no era un simple articulista, fue y es, como él se definía, “un escribidor” talentoso

Su periodismo, su verbo, su prosa se resumen, por tanto, en la lucidez de la concordia, una corriente por la que siempre transitó su palabra de libre militancia. Reconocía haber trabajado bajo la presión del franquismo, pero su legado de firmes convicciones democráticas le convierten en el periodista español de mayor influencia de las últimas décadas. Fernando no opinaba, sino que generaba opinión. Fernando no era un simple articulista, fue y es, como él se definía, “un escribidor” talentoso de las libertades, artesano y trabajador incansable del comentario y los madrugones radiofónicos. Ónega no sólo ejercía de gallego, sino que disfrutaba de Galicia con el respeto que se profesa a la madre tierra. Le gustaba hablar de meigas y la Santa Compaña, paseaba por la muralla de Lugo como quien flota sobre las raíces del alma, y vivía cada instante al máximo porque sabía que el tiempo se acababa desde que su actual mujer, Ángela Rodrigo, le donara un riñón. La madre de sus hijas periodistas, Marisol Salcedo, fue su primera compañera. Juntos tuvieron a Cristina y Sonsoles, lo que le convirtió finalmente en padre de...Su tercer hijo con Ángela, Fernando, prefirió la ingeniería informática, lo que también le hacía muy feliz. Últimamente Fernando ya no quería gastar fuerzas en hablar. Escribía whastapps para mantener la comunicación y la amistad, pero en cada giro, en cada palabra, en cada suspiro y silencio se estaba despidiendo. Ónega era, ante todo, un visionario de la comunicación, un creador de talento, un impulso del periodismo como complemento inevitable de la democracia y la política. Cuando iba a Mosteiro-Pol (Lugo) arrancaba a cada momento una bocana de vida. Le gustaban el sonido de la gaita, y la melodía de Julio Iglesias, padrino de su hijo Fernando. Pero, sobre todo, vivía y existía como un gallego en Madrid, porque su corazón siempre estaba en Galicia. Descanse en paz, Fernando Ónega, la lucidez de la concordia

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