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CAMPO DO DESAFÍO
Serán pocos los que duden del papel fundamental del entrenador, Luis de la Fuente, en el triunfo de la selección. Se ha argumentado que el riojano ha venido construyendo su actual equipo desde cadetes. Él insiste en el valor de las personas que convoca y en la importancia decisiva del conjunto. Lo cierto es que ha utilizado distintas combinaciones sin que las prestaciones colectivas se resintieran. Es por ello que, entre las cualidades de esta selección, está la dificultad para señalar a titulares y teóricos suplentes. Un grupo sin egos, sin figuras, si se exceptúa al consagrado Rodri, el líder discreto, y la esperanza de Yamal, que tendrá que esperar al próximo campeonato para elevar su talla.
El entrenador De la Fuente fue antes jugador. Como lateral izquierdo del aguerrido Athletic de Javier Clemente ganó dos ligas y una copa y estiró su carrera como futbolista en el Sevilla y el Alavés. Un jugador de equipo, discreto. El tiempo, los altibajos profesionales y el trabajo gris en las categorías inferiores de la Federación Española de Fútbol han ido afinando el código ético de este riojano de Haro. Un código ahormado por la fe católica que él exhibe sin complejos ni prevenciones, en la convicción de saberse protegido por el dedo, o la mano, de Dios.
De la Fuente y Vicente del Bosque, el otro entrenador español ganador de un mundial, se presentan más como gestores de personas que como tácticos del fútbol
De la Fuente y Vicente del Bosque, el otro entrenador español ganador de un mundial, se presentan más como gestores de personas que como tácticos del fútbol. En sus antípodas están los obsesionados por el análisis del juego, casos de Guardiola o Luis Enrique. Dos modos triunfantes de entender el deporte, como juego azaroso ejecutado por personas falibles a las que se debe paternalmente proteger o como un tablero de ajedrez con movimientos previstos, precisos y limitados realizados por autómatas musculados.
En el discurso futbolístico que parece depender de la providencia y la calidad humana de los muchachos, es imposible advertir una reflexión táctica, un análisis deconstructivo del rival. De la Fuente reúne a su grupo y lejos de aburrirles con la pizarra y los vídeos, parece preferir pasarles un brazo por los hombros y preguntarles por sus problemas y dudas. Se maneja con una cuadrilla de millonarios, pero reconocemos todavía en ellos el espíritu humilde de su preparador y las mismas dificultades para explicar los secretos del juego. Este grupo humano, en su apariencia de estar a medio hacer, dio una lección de fútbol frente a la rutilante selección francesa y de resistencia ante la tropa salvaje reclutada por Scaloni, el preparador argentino.
España exporta jugadores sobrios, de equipo, y entrenadores analíticos. De la Fuente, como antes Del Bosque, es de los que construye grupos humanos que juegan al fútbol mejor que nadie.
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