Juan M. Casares
CASTELLUM HONESTI
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Nadie les dijo que fuera a ser fácil y que iban a poder cumplir sus bienintencionadas propuestas de cercanía a los ciudadanos, pero se les reconoce la humildad del reconocimiento de que no es lo mismo predicar que dar trigo. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona admite que no puede atender las peticiones individuales que le llegan y que aunque ahora tiene más poder que nunca tiene menor capacidad de dar respuesta a quienes se lo demandan. La próxima vez quizá sea más
prudente al manifestar intenciones que acaban en frustración.
Lo suyo ha de ser trabajar por "cambiar políticas estructurales", y al final de su mandato será el momento de hacer balance de hasta donde sus actuaciones han podido cambiar situaciones personales. Suerte, alcaldesa.
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