Manuel Fernández Ordóñez
¿Dónde están los de las gambas?
CRÓNICA INTERNACIONAL
En un mundo en el que las reglas que han mantenido vivo el orden internacional se cuestionan a cada momento, cualquier paso en el que se hable de acuerdos y negociación resulta un alivio, aunque su concreción lleve semanas, meses o años. Que Estados Unidos y Rusia se hayan mostrado proclives a extender el Tratado New Start sobre la reducción de armas estratégicas, que acaba de concluir el jueves pasado es una buena noticia, porque es el único que permanecía en vigor para la limitación del arsenal atómico, después de que fueran decayendo otros acuerdos que trataban sobre su control y su despliegue.
El New Start, que limitaba la posesión de cabezas nucleares dispuestas para ser utilizadas a 1.550, había sido firmado en 2010 entre el presidente de EEUU, Barack Obama y el ruso Dmitri Medvédev y renovado periódicamente, pero la guerra de Ucrania ha apartado a Rusia de su cumplimiento y se han recrudecido la amenazas, proferidas por el propio Medvédev de utilizar el arma nuclear en la guerra de Ucrania. Que los responsables militares de EEUU y Rusia se muestren dispuestos a mantener el diálogo, aunque desde el Kremlin todavía no se ha producido una respuesta oficial supondrá rebajar la tensión y evitar una escalada de la proliferación nuclear. En principio ambos países parecen dispuestos a mantener la prórroga del New Start seis meses más.
Francia se ha mostrado dispuesta a poner a disposición europea su paraguas nuclear, pero sin perder la capacidad de activar el botón rojo
Sin embargo, en este asunto ha aparecido un tercer actor, China, que no está dispuesto a asumir ningún tipo de rebaja o control sobre su arsenal nuclear, muy alejado de la cantidad de ojivas nucleares de las que disponen Rusia y EEUU, pero que produce cerca de cien bombas atómicas al año, de tal forma que todas las iniciativas de disuasión nuclear quedan cojas por el flanco oriental, mientras que Europa se queda en tierra de nadie.
Con unas sociedades y gobiernos europeos de reticentes a la fabricación de una bomba nuclear europea, que llevaría años de desarrollo hasta que estuvieran operativas, Francia se ha mostrado dispuesta a poner a disposición europea su paraguas nuclear, pero sin perder la capacidad de activar el botón rojo y hay países como Alemania Polonia y Suecia que están dispuestos a sumarse a esa iniciativa, en la medida en la que pueden contribuir a aumentar la autonomía estratégica europea, una necesidad que se abre paso ante la decisión de EEUU de no proteger a sus socios de este lado del Atlántico en el caso de una agresión rusa.
Para los expertos, la reanudación de las conversaciones sobre el control de arma estratégicas es relevante por cuanto sin esas medidas aumenta el riesgo sobre posibles incidentes nucleares, y la proliferación de armamento nuclear aumenta esa posibilidad por el crecimiento de los arsenales nucleares, por las amenazas crecientes sobre su utilización y porque las barreras que contribuían a mantener el principio de disuasión nuclear se van difuminando.
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