El meteorito de San Xoán

CLAVE GALICIA

Xabier R. Blanco
Xabier R. Blanco | La Región

Semanas después, debajo de la toalla asomó como un recuerdo el tirador de uno de los cajones que la cativa y los colegas quemaron por San Xoán en la playa del Orzán. La autoestima de la pandilla se medía en el tamaño de la cacharela y los chavales recorrían los barrios de A Coruña limpiando desvanes para quemar hasta lo que no ardía en una liturgia emancipadora. Todo coruñés duerme por primera vez fuera de casa en la playa y sigue sucediendo entre los que han regresado del otro lado del océano. Los padres también continúan disimulando desde la barandilla. Más de un millar generoso de chavales, con un cálculo somnoliento, amanecieron ayer en los arenales de Orzán y Riazor tras pasar la noche al cuidado de parcelas delimitadas por cintas en las que entretendrán el día con los colegas para a las siete de la tarde, con puntualidad, desfilar con las 120 toneladas de leña desde los 14 puntos de reparto establecidos por el Concello y empezar a levantar la cacharela.

Ahora la llama es controlada. Ya no se necesita traje ignífugo o alcanzar la orilla para cambiar de hoguera y saludar a un colega. En 2011 el popular Carlos Negreira pasó su primer San Xoán en la Alcaldía en los velatorios de un quemado y de un ahogado. Al parte de combustiones espontáneas sólo le faltaba el meteorito, hasta que la fiesta contó con marcos. La asunción de las normas fue de manera natural, como lo había sido años antes la prohibición de fumar en el interior de los bares. A la generación que quemaba colchones, sofás y neumáticos ya le tocaba dejar sitio en la playa y aplicarse con el churrasco y las sardinas en el garito de la esquina o en la taberna de la aldea, por lo que no dan la chapa con lo que sucedía en sus tiempos a los vigilantes que controlan los accesos a las playas. Tampoco a los agentes que vigilan el mal baño orilla adentro.

Al mediodía A Coruña ya olía a churrasco, hora de cerrar ventanas, con 500 cacharelas autorizadas y una parrilla con pincha en cada esquina. La cuenta de los residuos en la playa se hará este año con un plan piloto. El Concello reservó zonas a colectivos sociales a cambio de la limpieza. En 2024 se recogieron 57 toneladas de basura, 44 el año pasado. Falta para que la foto del día después no evoque a los restos de un meteorito etílico.

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