Itxu Díaz
CRÓNICAS DE VERANO
La noche en que la luna salió tarde
CRÓNICAS DE VERANO
El pasado sábado celebróse en el Pazo San Tirso de Abegondo, en La Coruña, la boda de mis queridos amigos Néstor Barreira y Marilia Martins-Soares. Fiesta de lujo repleta de gente guapa, que no quisieron perderse rostros ilustres de estas crónicas de la sociedad española, como Terelu, Alejandra Rubio, Marta López, Raquel Lozano, o el gran Kike Calleja, maestro de ceremonias en tan dichoso día. Calentó el sol, comimos rico, bebimos hasta el agua de los floreros, y festejamos la extrañísima circunstancia de asistir a una boda y encontrarnos todos felizmente a favor del matrimonio entre ambos contrayentes, que no es cosa vírica, sino como los burócratas llaman a los que se casan. Enturbió tan gozoso evento la lectura de un señor tambaleante, al borde del síncope, víctima de un colosal bajón de tensión y los calores, que tuvo además el valor de emocionarse; está bien, prometo desayunar algo la próxima vez. Fue bonito reencontrarse con Fernando López, “¡ja!”, líder del grupo Modestia Aparte, con Sandra Sánchez y otros bellas y bellos amigos. Lo pasamos tan bien que, ahora que los novios no nos escuchan, estamos redactando una carta coral de invalidez de la boda, para ver si nos dan una alegría y matrimonian de nuevo. Entretanto, ¡vivan los novios!
De un tiempo a esta parte, es poco habitual ver prodigarse por los saraos madrileños a Luis María Anson, que supera ya los 91 años; canela fina. Hizo excepción el veterano periodista el pasado jueves, cuando asistió a la entrega de premios de Merca2 en Madrid, para otorgar un galardón póstumo a Cayetana Fitz-James Stuart, que recogió su hijo Cayetano Martínez de Irujo. Si el instante de la entrega acaparó cierto interés de los presentes, donde realmente la lluvia de flashes se volvió angustiante fue durante el almuerzo, cada vez que Barbara Mirjan se disponía a besar alguna de las numerosas mejillas del IV duque de Arjona y XIII conde de Salvatierra; títulos que, para los neófitos en las cosas de la nobleza, corresponden exactamente con su marido Cayetano, no vayan a confundirse con mi testimonio y levantar una liebre que no existe.
Un año más, el gran evento de la Organización Interprofesional de la Carne de Vacuno, los premios Beef Awards, se convirtió en una de las citas más divertidas y multitudinarias de la temporada. Celebrada a lo grande en la plaza de toros de Las Ventas, la gala estuvo repleta de gente guapa, y alguna no tan guapa, pero tan conocida que nos resulta ya como de la familia. Desde Ana Obregón, Laila Jiménez, Mar Flores, Bertín Osborne, Macarena Gómez, Christian Gálvez, o Samantha Vallejo-Nágera, hasta Felipe González, Vicente Vallés, Carlota Boza, Ana Rosa Quintana, Mónica Pont, Ana Terradillos, y Carlos Sobera. Como todo Madrid estuvo allí, me resulta menos extenuante mencionar a los únicos dos madrileños que, con toda seguridad, no acudieron a la fiesta: Pedro Sánchez y Begoña Gómez.
El rey Felipe VI ha vuelto a estrechar la mano de Claudia Sheinbaum, única mandataria con apellido onomatopéyico inspirado en las fallas de Valencia. Se han visto en Ciudad de México, en el Palacio Nacional, con el objetivo de rehacer las relaciones bilaterales que con tanto ahínco logró romper meses atrás la presidenta mexicana. La estrategia diplomática es brillante: primero demuestro lo ignorante y sectaria que soy y agredo a un país amigo en la figura de su rey, levantando una gran polvareda internacional, a continuación invito a su rey a una cumbre en mi casa para rehacer las relaciones. La sonrisa de Felipe VI demuestra por qué nunca podré ser rey: mientras la señora Sheinbaum ensaña los dientes cual hiena, yo habría aprovechado para sugerirle por lo bajini que deje de intentar tontear con España y que se limite a homenajear a sus amigos, los nostálgicos de los sacrificios humanos. ¿Conflicto diplomático? En absoluto, no es nada personal, solo negocios, señora. Y suélteme el brazo.
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