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Yo fui tres veces finalista en Wimbledon, cosa que no lo ha sido nunca ningún español varón. Ya ves, el homenaje que no me hacen en España me lo tributan allí. Ese olvido es debido a que los varones son muy importantes. De ellos hablan y de lo mío nadie dice nada”. Esta frase de vigencia absoluta, data de 1988. Su autora es Lili Álvarez, irreemplazable figura del deporte nacional.
Destacó como intelectual y periodista, firmando 16 libros. Como deportista, ganó unos 80 torneos de tenis, campeona de España en esquí y de Cataluña, en automovilismo. También dominó el billar, la esgrima, la equitación y el alpinismo. Un fenómeno sobrenatural a la altura de Lottie Dod o Babe Zaharias, consideradas por el Guiness como las más versátiles de la historia.
En los primeros Juegos de Invierno, disputados en 1924 en Chamonix, participaron 258 deportistas, 11 mujeres, y solo 16 países. Habrían sido 12 féminas y 17 países, si la rodilla de Lili Álvarez no hubiese dicho basta. Estaba convocada como patinadora sobre hielo pero la lesión frustró su debut y el de España en el certamen invernal. Lili se centró en el tenis y, cuatro meses después, sí que se convirtió en la primera mujer española olímpica -ya lo habían hecho 8 hombres en París 1900 y 59 en Amberes 1920-, junto a Rosa Torras, con la que disputó el torneo de dobles de París 1924.Pero el estreno español en los Juegos de Invierno seguía reservado para las mujeres. Simultáneamente, a las elecciones de febrero del 36 que ganó el Frente Popular y que el fascismo se empecinó en voltear con una guerra y posterior dictadura que condenó a lo femenino al ostracismo, Ernestina Maenza y Margot Moles fueron las primeras en representar a nuestro país en un certamen de invierno. Garmisch-Partenkirchen fue la antesala de los Juegos de Berlín, ambos organizados para mostrar al mundo la propaganda nazi de un régimen que condujo al mundo a otra guerra sinsentido.
En tiempos de crispación, Ernestina y Margot, mostraron su ejemplo. La primera de derechas, nacional, partidaria del levantamiento; la segunda de izquierdas, republicana, profesora progresista. Rivales en la nieve, pero grandes amigas que se profesaban admiración y respeto.
Margot lo ganaba casi todo y Ernestina le birlaba algún trofeo. De hecho, Margot destacó en otras disciplinas. Fue campeona de España de disco, de peso y plusmarquista mundial de martillo. Campeona de Castilla en 100 braza y tres títulos nacionales de hockey con el Athletic Club de Madrid.
Con apenas medios, viajaron juntas a Alemania para hacer historia. Quedaron en última y antepenúltima posición de la combinada, sufriendo varias caídas y, aunque la prensa machista las identificase por los apellidos de sus maridos como “las señoras de Herreros y de Pina”, ellas siempre llevaron los pantalones.
Margot Moles fue la primera en utilizarlos en el esquí por comodidad: “creo que fui la primera y fui objeto de críticas; me decían que era un chicazo, pero a mí me parecía ridículo ir con faldas y vendas en las piernas”. Fruto de una deliciosa casualidad, su predecesora, Lili Álvarez, se convirtió en 1931 en la primera tenista en utilizar falda-pantalón. Lo hizo en Roland Garros y Wimbledon. Un vestuario escandaloso para la época con un diseño creado expresamente por la diseñadora Elsa Schiaparelli.
Hoy, casi un siglo después, España cuenta con ocho medallas olímpicas, gracias a las mujeres que se pusieron pantalón.
@jesusprietodeportes
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