Omayra versus Azucena

Publicado: 18 jul 2026 - 01:10
Opinión en La Región
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Descubrieron la cabeza de la niña asomada en el lodazal, con los ojos abiertos, llamando sin voz…” Así comienza el último cuento de la obra de Isabel Allende “Cuentos de Eva Luna”. A pesar de ser la escritora más leída en lengua castellana, estos 23 microrrelatos no están a la altura de la calidad literaria de esta prolífera novelista. Alguien los podría calificar de mediocres, aburridos y repetitivos. Nada que ver con “La casa de los espíritus”, de la misma autora.

La angustiosa muerte de Azucena (nombre literario más bucólico que el de la prosaica Omayra) pone en escena a dos personajes: al fotógrafo Frank Founier y a su homónimo novelado, el periodista Rolf Carlé, creado por la escritora Isabel Allende. Ambos compiten en mostrar su esfuerzo con el fin de conseguir salvar de una espantosa muerte a la adolescente protagonista del suceso más angustioso que ha soportado un ser humano. La dignidad con la que afronta la muerte una niña de 13 años situaría a los candidatos al Nobel de la Paz ante una prueba difícil de superar.

Mi admirado amigo Chicho aconsejó su lectura, convencido de que no podría evitar que el vapor emanado de las lágrimas empañara mis gafas, algo que los viejos roqueros, dada su sensibilidad, no pueden ni quieren, evitar.

Los acontecimientos están magníficamente reproducidos por Isabel Allende, que consigue superar los diálogos mantenidos durante tres largos días por el fotógrafo Frank Founier con la niña Omayra Sánchez Garzón, fallecida víctima de un lahar (flujo destructivo de lodo y escombros que se moviliza desde las laderas de un volcán). Los hechos sucedieron en Colombia a raíz de la erupción del volcán Nevado del Ruiz en el año 1985. La ficción y la realidad compiten en un mundo donde la virtualidad vence a la realidad, creándose una disonancia en la que la posverdad invade los más recónditos refugios de la utópica objetividad. ¿Quién es más sensible en la escena de la agonía de Omayra: el fotógrafo Founier o el periodista Rolf Carlé? La respuesta es demoledora: existe un intento diabólico de convertir el dolor y la angustia de la víctima en un espectáculo vendible y rentable, manipulando las emociones, silenciando las conciencias al identificarse con el héroe que no soluciona nada porque nada puede hacer. Se desvía así la atención a la incapacidad de unas personas muy sensibilizadas que serán, en un presente eterno, esclavas del miedo. Es la cuna del totalitarismo nacionalsocialista.

La hoja de ruta diseñada por la extrema derecha y asumida por la derecha de Núñez consiste de culpabilizar a Pedro Sánchez de todos los males acaecidos en este país. Les lleva a institucionalizar la mentira, estableciendo la utilización de verdades alternativas. Mientras el infausto candidato de la oposición cree hablar en nombre del pueblo, de la gente, de la nación o de cualquiera comunidad, se instala una dinámica en la que el más torpe hace relojes. Todo se mezcla, todo vale: la mentira, el miedo, la destrucción del Estado, la defensa de los enemigos de España, las mangueras de un chorrito de agua para disimular que una pequeña meada apaga todos los fuegos, la descalificación del trabajador, la caza del emigrante, la falsificación de la historia, la venta de los ríos. Todo esto reduce la pluralidad de puntos de vista a una sola verdad: la suya. Y, por supuesto, siempre bien peinados.

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