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Es como una invasión, como una lacra inmobiliaria, como una forma de destruir las ciudades y de paso la vida de quienes han vivido en esos pisos durante decenas de años y ahora se ven abocados al desahucio, a verse con sus muebles y sus álbumes de fotos en la calle. La iniciativa del “coliving”, el alquiler de pisos por habitaciones para sacar un mayor rendimiento económico, dado el precio por el que se alquilan las habitaciones y su nombre modernillo, es tan vieja como la evolución de las ciudades que se convirtieron en polo de atracción para personas que abandonaban las suyas para buscar fortuna en otro lugar. Se llamaban pensiones y todavía existen. Donde antes vivían estudiantes y viajantes de comercio ahora sigue habiendo estudiantes y nómadas digitales.
Es como una invasión, como una lacra inmobiliaria, como una forma de destruir las ciudades y de paso la vida de quienes han vivido en esos pisos durante decenas de años
En el “coliving” alquilan la habitación y la empresa inmobiliaria se encarga de la limpieza de las zonas comunes que también se tiene derecho a utilizar. Es una pensión sin patrona sustituida por un servicio de limpieza pero sin que sirvan la sopa y la tortilla para cenar, que pude traer un “ryder” y sin que laven la ropa que hay que bajar a la “laundry” más cercana.
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