A los pies de Bikila

LA OPINIÓN

Publicado: 25 oct 2026 - 03:40
Bikila, cruzando la línea de meta.
Bikila, cruzando la línea de meta. | Europa Press

Cuando Italia invadió Etiopía, Abebe Bikila tenía tres años. En 1935 las tropas de Benito Mussolini partieron desde las colonias de Eritrea y Somalia con el objeto de anexionar un nuevo territorio a los dominios itálicos. Al poco de entrar en el país del Cuerno de África, los Camisas Negras y otros áscaris indígenas tomaron Axum, descuajaron su obelisco del siglo IV para trasladarlo a Roma y colocarlo frente al Ministerio de Colonias, creado por el régimen fascista en las inmediaciones del Coliseo. En la conmemoración de la invasión, las tropas marcharon bajo el Arco de Constantino enalteciendo su mezquindad. Tiempo después, Bikila, ya con 28, ajustaría las cuentas en el mítico monolito.

Nació en Jato, ignoto lugar, en el seno de una familia extremadamente humilde dedicada al pastoreo. Con 17 años no le quedó más remedio que alistarse en la guardia imperial para dar su vida por la del emperador Haile Selassie, depuesto por los italianos y reinvestido en 1941. Pero esa fue su suerte. Onni Niskanen, entrenador sueco contratado para la preparación de los soldados, enseguida vio en Bikila lo que hoy es una norma entre los etíopes y kenianos: asombrosa capacidad aeróbica, piernas más ligeras y finas, tendones largos, fibras musculares de contracción lenta, zancada perfecta, hábito en altitud y toda una vida entrenando: de casa al colegio y del colegio a casa.

Bikila dejó el fusil y fue seleccionado para Roma 60 como reserva de la maratón. El titular era Wami Biratu, inmortal atleta etíope -hoy con 109 años- que siempre vencía a su compañero, pero días antes de los Juegos se lesionó jugando al fútbol y el gran desconocido Bikila correría por Etiopía.

Un 25 de octubre como hoy, pero de 1973, el mundo despedía a una de las estrellas más brillantes del firmamento atlético. Una hemorragia cerebral, posiblemente producida por el accidente acabó con su vida. Bikila había ganado 12 de los 15 maratones que corrió. 65.000 personas lo despidieron como héroe nacional en uno de los funerales más multitudinarios que se recuerdan

El día de la prueba, todos los corredores debían calzar unas Adidas, patrocinador del evento. Bikila, acostumbrado a correr con los pies desnudos, desconocía aquel elemento. Se probó hasta diez pares, pero todas le hacían daño y tomó la histórica decisión: ganaría la maratón olímpica tras completar 42 kilómetros descalzo, 15 de ellos sobre abruptos adoquines.

Cuando la carrera pasó bajo la sombra de los 24 metros del obelisco de Axum, Bikila, espoleado por el oprobio, atacó. Su imagen serena y exótica, fundiendo el foro romano bajo sus pies descalzos es una catarsis. Batió el récord olímpico y mundial y penetró el Arco de Constantino como un estilete. “Yo quería que todo el mundo supiera que mi país ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. Los soldados que zahirieron a su pueblo desfilaron por ese mismo bulevar armados hasta los dientes. Él iba desnudo.

Seis semanas antes de Tokio 1964 fue operado de apendicitis. Ostensiblemente debilitado, volvió a ser campeón olímpico con nueva plusmarca. En México 1968 abandonó la carrera por un problema de adaptación. Un año después, se desvió en su Volkswagen Beetle blanco para no atropellar a unos jóvenes manifestantes en Adis Abeba. Por esa maniobra sufrió un accidente que lo dejó parapléjico y condenado a una silla de ruedas.

Un 25 de octubre como hoy, pero de 1973, el mundo despedía a una de las estrellas más brillantes del firmamento atlético. Una hemorragia cerebral, posiblemente producida por el accidente acabó con su vida. Bikila había ganado 12 de los 15 maratones que corrió. 65.000 personas lo despidieron como héroe nacional en uno de los funerales más multitudinarios que se recuerdan. A fin de cuentas, la más grande leyenda olímpica restituyó el honor de Abisinia corriendo descalzo.

@jesusprietodeportes

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