El problema americano

Publicado: 10 ago 2026 - 03:50
Opinión en La Región
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En los años setenta Wim Wenders filmó una película preciosa que los de mi edad entonces devoramos con pasión por novedosa, bellísima y rara. Se titulaba “El amigo americano”. Yo la vi por primera vez en los Alphaville de Madrid en la calle Martín de los Heros, en el año 78 o 79. Entonces yo vivía en una diminuta (solo éramos tres) pensión de estudiantes en la calle Tutor, muy cerca, a solo cincuenta metros de aquellos cines a los que iba a menudo y que eran para los de mi edad entonces un paraíso de pequeñas salas recoletas y cuidadas con una programación siempre fascinante y original, moderna y muy distinta de los rutilantes estrenos hollywoodienses de la Gran Vía que por supuesto los cinéfilos también íbamos a ver cuando tocaba.

Pero los Alphaville en aquel tiempo eran casi una religión. O una especie de secta de fieles y adeptos que nos reuníamos en sus colas como si aquello fuera a ser una misa negra. Aquellas películas eran distintas y solo se podían ver allí. La mayoría estaban subtituladas ya que ni se doblaban. Recuerdo haber visto allí películas maravillosas francesas, suecas, polacas, que nunca he vuelto a ver. Y si eran españolas no podías verlas en ningún otro sitio porque no se proyectaban en ningún otro sitio. Por ejemplo el estreno de “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón” de Almodóvar fue allí.

Me he acordado de “El amigo americano” porque a partir de esa peli me aficioné a Wim Wenders y lo seguí durante años con devoción. Y también porque de una forma idiota el título de esa obra maestra me ha traído hoy, de otra manera, a una actualidad más cruda que en realidad no tiene nada que ver con esa película.

El amigo americano ¿ha dejado de ser un amigo? Pues puede que sí. El amigo americano parece haberse convertido por arte de birlibirloque en el problema americano. Y el problema americano en concreto es este, creo yo: la democracia más antigua, admirada y respetada del mundo, según su constitución otorga al presidente el mando absoluto de todas sus fuerzas armadas. Aunque el sistema mantenga la separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, ahí hay algo que como el presi es además el comandante en jefe de todos los ejércitos, no casa muy bien. ¿No les parece?

Por supuesto nunca hubo ningún problema con eso, digámoslo así, desde Washington, Jefferson o Lincoln hasta Kennedy, Nixon, Reagan u Obama. Pero ¡ah!, llegó un presidente nuevo, Donald Trump, y la cosa cambió. Llegó el comandante y mandó a parar.

¿Se imaginan ustedes que Pedro Sánchez, Rajoy o Zapatero fueran además de presidentes los jefes de las fuerzas armadas de nuestro país? ¿Y que pudieran saltarse los tres poderes por el morro? Yo no.

Pues ese es el problema americano. El problema no es Trump, sino un par de líneas en su constitución que los Padres Fundadores escribieron mal.

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