Entre recuerdos

Publicado: 06 jul 2025 - 04:55
Opinión en La Región
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Rebeca, la película de Alfred Hitchcock, se estrenó en España en diciembre de 1942, y desde entonces con cada reposición conquista al mundo. La ingenuidad y timidez de Joan Fontaine, resulta un fuerte choque con el fanatismo de la señora Danvers, personaje que hacía temer al espectador por la suerte de la segunda señora De Winter. Rebeca está basada en la novela del mismo nombre, de Daphne du Maurier. Ese nombre se cita como una maléfica y repetitiva salmodia durante toda la acción, tras la que vive muerta, siempre presente, la primera esposa del aristócrata Max de Winter, dueño de la mansión Manderley. Seguramente todos o casi todos recuerden esta maravilla rodada en blanco y negro, en la cual en ningún momento podemos ver el rostro de Rebeca ni tan siquiera en una fotografía o cuadro, principal protagonista de una pesadilla que finaliza devorada en la purificación del fuego.

Ahora los monstruos son de verdad, y con las nuevas técnicas parecen tan reales, que no dejan lugar a la admiración de quién las ve

Cada cual puede ponerle la fisonomía que quiera, pero tiene que ser bella, hermosa, de una personalidad impresionantemente fuerte e inolvidable, porque así queda claro en las palabras de todo aquel que la conoció. Rebeca dejó muchas cosas para quien disfrute de la historia. Entre recuerdos queda el nombre de las chaquetas que luce Fontaine, muy populares en la época, y aquella canción que decía “Sombra de Rebeca, sombra de misterio, tú eres la cadena de mi cautiverio…”. No era de la película, pero la inspiró. Y después, que ya no se hacen películas así, ahora las hay buenas, muy buenas, pero no es lo mismo ni parecido. No son películas, son estudios psicológicos, dramas humanos de todo tipo, mucha sangre, mucho terror repetitivo, cientos de remakes, mucha acción, carreras, tiros a granel, temas actuales de la vida… Pero que ya hay bastantes sin tener que pasar por taquilla. Tal vez hoy el cine carezca de magia, de imaginación, de fantasía, de ideas, de la artesanía con que se movía a los monstruos, en una palabra: de arte.

Ahora los monstruos son de verdad, y con las nuevas técnicas parecen tan reales, que no dejan lugar a la admiración de quién las ve. Desapareció el juego, y también los directores que nos hacían soñar despiertos. ¿Quién no lo hace con joyas tales como “Vacaciones en Roma”; no se conmueve con “El crepúsculo de los dioses”; no reflexiona con “Chantaje en Broadway”; y no se ríe con “La fiera de mi niña”? Y muchas más…

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